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Pasear por Pilsen siempre despierta los sentidos, ya que en el barrio abundan los colores vibrantes, compases musicales y aromas deliciosos. Algunas noches entre el bullicio también se puede escuchar canto y percusión que emana de galerías o centros culturales.

Se trata del son jarocho, tradición musical que trasplantada de Veracruz, arraiga y florece en Chicago con todo y sus instrumentos tradicionales, zapateado y fandango – la fiesta colectiva que une la comunidad en música y en espíritu.

La Música de Gaspar Yanga

En Veracruz, el son jarocho nace hace casi 500 años en la fusión de melodías y ritmos africanos, indígenas y españoles. Surge el género a fines del Siglo XVI en la misma época en la que en ese estado el africano Gaspar Yanga, supuestamente miembro de la familia real de Gabón, funda un pueblo independiente de esclavos huidos.

En 1776, sigue siendo el son jarocho la música “preferida de mulatas y gente de raza quebrada”, declara un fraile al denunciarla a la Santa Inquisición por bailarse con “ademanes, maneos, sarandeos contrarios todos a la honestidad y mal ejemplo de los que lo ve”. Hoy día el son jarocho más conocido a nivel internacional es “La Bamba” , que en su título da testimonio de su africanidad.

Llega el son jarocho a la ‘Ciudad de los Vientos’

El interés en el son jarocho comienza a dar señales en Chicago a fines de la década de los ochenta, gracias en parte a conciertos seminales como el de la legendaria agrupación veracruzana

Mono Blanco

en 1987 en Old Town School of Folk Music.

Pocos años después, el naciente movimiento jarochicagoense recibe gran impulso gracias a la presencia de Víctor Pichardo, compositor, antiguo miembro del grupo de son mexicano fusión Zazhil y en 1993 co-fundador de Sones de México Ensemble Chicago. Pichardo, y a la larga sus hijos Yahvi y Zacbé, también excelentes músicos, fortalecen el movimiento musical tradicional mexicano de la ciudad al incorporar el son jarocho a las raíces de mariachi y danza mexicana que ya existían.

En los años que siguen, se dan

repetidos conciertos

con grupos veracruzanos de renombre como

Los Cojolites

y

Son de Madera

y se programan encuentros de jaraneros con cierta regularidad, creando lazos entre las comunidades de amantes del jarocho de California, Nuevo México, Nueva York, Milwaukee y Madison.

Gran parte de la actividad se centra en la galería Colibrí en la calle 18, sede de un célebre

fandango mensual

durante alrededor de seis años. Además, llega a haber la posibilidad de construir aquí mismo los instrumentos principales del son jarocho gracias al músico y laudero,

Ricardo Salazar

.

Un nuevo son desde el centro del país

Hoy día, contamos con varios grupos locales que afirman constantemente su compromiso con el son jarocho como

Tarima Son

y

Son del Viento

. Otras agrupaciones exploran el género y al igual otros sones mexicanos, como

Los Pichardo

y

Sones de México

, y aún otros grupos como

Fandanguero

también lo mezclan con ritmos cubanos y caribeños.

A la par va surgiendo una nueva generación de soneros. Desde hace varios años, coordinado por Gina Gamboa, activista y promotora cultural, un colectivo de jóvenes denominados Jarochicanos y al igual un grupo de niños hasta ocho años de edad llamados Son Chiquitos se reunen cada tercer sábado en el centro cultural Casa Aztlán. Comenta Stephanie Martínez, estudiante de UIC y uno de los miembros de Jarochicanos, que le encanta el son jarocho porque “es manera de aprender de tu historia y cultura, y convivir con la comunidad”.

Los jóvenes Jarochicanos además participan con su música en actividades de justicia social, fieles a la trayectoria del son jarocho que ya desde sus inicios en épocas de rebeliones de esclavos nació con cierto espíritu revolucionario. Por ejemplo, activistas de

Immokalee

quienes han sostenido largas luchas a favor de los derechos de los jornaleros en los campos del jitomate frecuentemente van acompañados de músicos y jaraneros, y a éstas y otras manifestaciones han asistido los Jarochicanos.

Paseo Jarocho

En este recuento no podría faltar mención del importante papel que ha tenido Old Town School of Folk Music en el desarrollo del movimiento jarochicagoense a través de un apoyo que continua aún hoy.

El 22 de febrero se presentará en su auditorio “

Paseo Jarocho

“, una obra musical comisionada dirigida por Raul Fernández. A través de varias actuaciones musicales podremos presenciar no solo melodías y ritmos jarochos sino bailes aztecas tradicionales y ritmos del Oriente Medio, del flamenco español y del tambor africano – músicas que se nutrieron de las mismas fuentes que el son jarocho.

Y así vive y pervive esta música legendaria en nuestra ciudad – seguimos bailando en comunidad al compás de ritmos que escandalizaron a frailes, unieron hace quinientos años a comunidades indígenas, africanas y españolas y hoy aún contienen posibilidades de ayudarnos a descubrir un nuevo mundo.

Paseo Jarocho

Cuándo: 22 de febrero, 8:30 p.m.

Dónde:Old Town School of Folk Music, 4544 N. Lincoln Ave.

Admisión: Gratis (se sugiere una donación de $5).

Información: 773.728.6000 o

www.oldtownschool.org

Sobre la autora

CatalinaMariaJohnson es escritora y locutora/productora del programa “Beat Latino”, que se transmite los domingos a las 10 a.m. por WRTE, 90.5 FM y se archiva semanalmente en www.beatlatino.com. También es colaboradora de Arte y Vida Chicago y Gozamos.