
CHICAGO –
Poco más de un año de haber quedado tercera en el Mundial de Brasil, y a cinco de haber sido subcampeona, Holanda ha quedado fuera de la próxima Eurocopa. No alcanzó ni el repechaje de tercer lugar, en un grupo dominado por la República Checa e Islandia (sí, Islandia), y donde Turquía le arrebató la última plaza disponible.
Por curiosidad, vi los dos últimos partidos de la Naranja Mecánica. Daba pena ver la lentitud de sus mediocampistas, la mediocridad de sus defensas. Cierto, había lesionados de importancia, como Arjen Robben. Pero la Holanda de 2015 es un amasijo informe de jóvenes que aún necesitan tiempo para consolidarse, como Memphis Depay, y veteranos que ya van de salida como Van Persie, Sneijder o Huntelaar. Es una Naranja Exprimida.
A principios de los 70, Holanda revolucionó al fútbol con el Ajax de Ámsterdam y luego con la selección subcampeona en Alemania 74 y Argentina 78. Fue la generación de Johann Cruyff, Johan Neeskens, Johnny Rep, Jan Rensenbrink, Arie Haan, los gemelos Van de Kerkhoff y otros.
El mejor fútbol que se practica hoy en día sigue los planteamientos básicos que Rinus Michels introdujo en aquellos tiempos: movilidad, intercambio de posiciones, velocidad, posesión de balón, primer toque, achique, marcación zonal, presión alta, y uso máximo del terreno.
Ha tenido mala suerte Holanda en Mundiales porque cuando ha llegado a la final ha perdido por circunstancias fuera de su control frente a rivales de nivel histórico (la Alemania de Beckenbauer, la Argentina de Kempes, y la España de Xavi e Iniesta).
Pero nadie duda que la escuela holandesa es parte de la élite mundialista, tanto o más que la brasileña, la argentina, la alemana, o la italiana.
Desde esos años 70 Holanda sigue produciendo jugadores fuera de serie, pero le han tocado vivir transiciones especialmente complejas.
Tras la generación de los 70, Holanda cayó en un bache y tuvo que esperar una década para producir otro grupo inolvidable, aquella Naranja de Gullit, Van Basten, Rijkaard, los hermanos Koeman y Van Breukelen. Esa Holanda fue campeona de Europa en 1988.
El siguiente bache fue más breve, hasta que aparecieron los Van der Saar, los gemelos De Boer, el bólido Overmars, Kluivert y aquel excelente par de mediocampistas Seedorf y Davids. Esa generación precedió inmediatamente a la de Van der Vaart, Van Nistelrooy, Sneijder, Robben, Van Persie y otros que forzaron los tiempos extra contra España en la final de Sudáfrica y estuvieron a punto de irse a penaltis hasta que Iniesta los borró de un latigazo.
Esperemos que lo que ha sucedido ahora sea uno de esos baches que simplemente señalan un nuevo cambio generacional. Al mundo le hace falta el fútbol educado, elegante y espectacular de la Naranja. Ante tanta simulación, tanta mediocridad comprada a golpe de chequera, tanto músculo sin cerebro, tanta especulación defensiva necesitamos una nueva generación oranje que nos haga soñar.
-Gerardo Cárdenas es periodista y escritor mexicano.




