CHICAGO –
¿Quién será el próximo gran ídolo americanista? Figuras van y vienen, pero lo conseguido por Cuauhtémoc Blanco será difícil de alcanzar.
Se despidió de la manera que el ahora alcalde de la ciudad de Cuernavaca siempre soñó, enfundado con los colores del equipo que lo vio nacer, jugando un partido oficial y en un estadio Azteca repleto, rendido a sus pies, ovacionando de inmesurada y escandalosa forma cada vez que Blanco tuvo el esférico en sus botines. Se le rindió el tan esperado y muy merecido (y espero sea el último) homenaje al ‘águila que descendió’ para robarse el cariño de la afición americanista y público futbolero en general.
La complicidad de la FEMEXFUT y Emilio Azcárraga Jean permitieron el dudoso registro de este singular personaje que siempre recordaremos por su ortodoxo e irreverente comportamiento dentro y fuera del engramado, sus festejos, desplantes, reclamos y berrinches. Lo recordaremos siempre como el genio del balón y no la figura de arrebatos extra deportivos.
Un todoterreno del medio campo hacia el frente, goleador, encarador descarado, valiente, respondón, vamos, el jugador más completo, el diez de campo que ya no existe y tanto adolece al once mexicano, al cual salvó en dos ocasiones de perderse una justa mundialista, pero que fue relegado en el 2006 por su interminable desazón con Ricaro La Volpe y sus fieles súbditos.
En Chicago lo recordaremos como el jugador que rindió más frutos que ninguno otro. Si me equivoco, háganme saber qué otro jugador del Fire fue capaz de cambiar el color de las gradas, como en su caso, del rojo al amarillo. Qué otro jugador convocó más de seis mil aficionados el día de su presentación, cuando la noticia de su llegada se diera a conocer la noche anterior. Ningún otro jugador franquicia ha cambiado la cara de la MLS desde su arribo, basta recordar que la maquinaria de marketing de la liga emelesera desbordó sus esfuerzos en el arribo simultáneo del ‘spice boy’ David Beckham.
La sorpresa fue mayor, Toyota Park registró llenos, se vendieron más playeras del equipo que nunca, y la magia del genio de Tlatilco logró que la afición americana, esa que tanto restriega el cántico del dos a cero al acérrimo rival de la frontera sur, cayera rendida a los pies del ídolo mexicano, que con su derroche de talento futbolero, de ese que nace en el llano, los cautivará semana a semana.
Así como en nuestra ciudad, aficionados de los varios equipos donde militó Cuauhtémoc Blanco se rindieron en el homenaje final de este gran ídolo, abarrotaron el coloso de Santa Úrsula para ver por última vez el pase de taquito, la cuautemiña, su lerdo correr y una última jugada donde el travesaño le negó el gol que hubiera derrumbado de emoción la catedral del fútbol mexicano.
Adiós ‘Temo’, adios ‘Cuau’, adiós señor alcalde, nos resta ver nacer al siguiente gran ídolo.
¡Olé, olé, olé!
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