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Por Analine Cedillo

CIUDAD DE MÉXICO_

Volver a las raíces. Saber de dónde vienen los alimentos: cómo crece una lechuga, qué comen los borregos, cómo se pisca el café. Llenarse de tierra y respirar aire puro son sólo algunos de los placeres que se obtienen al viajar a entornos campiranos.

En México, de norte a sur hay alternativas para alojarse en este ambiente, algunas de ellas, atendidas con calidez por sus propietarios.

Cafecito en el sur

Andar a la sombra de los cafetales y conocer el proceso de producción del café, desde la pisca de los cerezos hasta el tostado de los granos, es una experiencia obligada para quienes no pueden comenzar el día sin una taza de esta bebida.

Finca Hamburgo, fundada en 1888, está abierta al turismo en las tierras altas del Soconusco, en el municipio de Tapachula. Sus huéspedes descansan en cabañas con vista a las montañas, los cafetos y la costa chiapaneca.

El alojamiento tiene restaurante, spa y propone otras actividades, como un recorrido por su Museo del Café o excursiones de senderismo. Ofrece traslado desde Tapachula hacia la finca y conexión a Internet WiFi.

www.fincahamburgo.com

Vivencia orgánica

A menos de 15 minutos del centro de San Miguel, a orillas del río Laja, hay un rancho sembrado con alfalfa cuyo verdor contrasta con la vegetación desértica que lo rodea. En sus nueve hectáreas alberga a Nirvana Restaurant & Retreat, un alojamiento boutique de sólo nueve habitaciones.

“Quedarse aquí deriva en desconectarse, descansar y comer bien, con productos orgánicos”, dice Juan Carlos Escalante, chef y anfitrión de este espacio, que tiene una huerta de hortalizas con zanahorias, calabazas, pepinos, lechugas, jitomates, hierbas de olor y una granja con borregos, conejos, gallinas y guajolotes.

La estancia se complementa con paseos a caballo y un descanso en su alberca de aguas termales, cuya temperatura se mantiene naturalmente a unos 34 centígrados. El espacio es muy familiar y acepta mascotas.

www.hotelnirvana.mx

Estancia norteña

Casi en la frontera con Arizona, en el corazón de la sierra de Los Ajos, el Rancho Cerro Colorado este abierto a los viajeros desde hace un año y medio.

Árboles de encino, sicomoro, mezquite y pino embellecen la propiedad, que consta de 18 habitaciones, cada una con chimenea. Aquí los huéspedes dan paseos a caballo, en bicicleta o en vehículos todoterreno, envueltos en increíbles panorámicas de la Sierra Madre, donde con suerte pueden ver venados cola blanca.

“Los cielos son súper estrellados”, destaca Norma Redo, propietaria del rancho. “El contacto con la naturaleza te conecta con tu esencia”.

Se organizan días de campo o cenas, con la típica carne asada de Sonora o pollos a las brasas; hay dos albercas que son una delicia en verano, canchas de paddle tenis y posibilidad de agendar masajes.

Para llegar se vuela a Hermosillo y desde ahí es posible contratar transportación hacia Cerro Colorado. El camino es de unas tres horas y media por carretera.

www.cerrocoloradoranch.com

Antojos campiranos

Saborear pulque, montar a caballo y comer barbacoa de pozo forman parte de los itinerarios de campo en Hacienda Soltepec, situada en Huamantla.

Muchos huéspedes llegan con el antojo de probar las recetas de la abuela y antigua propietaria de la hacienda, a quien de cariño apodaban “La More”: lengua almendrada, mole de panza y, sólo en fin de semana, la famosa barbacoa blanca. Los buñuelos, típicos del pueblo, pero hechos con la receta de la casa, están disponibles todos los días servidos con requesón y miel de piloncillo.

La hacienda tiene 28 habitaciones, caballerizas, alberca, un área de juegos y un pequeño museo del pulque donde los productores ofrecen degustaciones de la bebida tradicional. El centro del pueblo está a sólo cinco minutos y se proponen vuelos en globo sobre los campos de la región para complementar la escapada.

www.haciendasoltepec.com

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