CHICAGO-Para un grupo de jóvenes indocumentados y sus aliados del barrio de Las Empacadoras, fue la música le que les dio el poder de levantar la voz que no sabían que tenían, contó su vocalista Edy Domínguez.
Cuando emigró desde México para reunirse con sus padres y hermanos en Chicago en el 2000, Domínguez traía consigo un gran amor por la música. Influenciado por la banda de su tío en México, al llegar aquí formó Quinto Imperio una banda de cumbia fusión.
Todo empezó como un proyecto familiar compuesto por Domínguez, su hermano Fredy y su padre Marciano.
Después, comenzó a reclutar amigos con los que no sólo compartía el amor por la música, tenían algo más en común: en aquel entonces todos eran indocumentados.
“El estar sin documentos, más allá de desalentarnos nos empujaba a encontrar diferentes maneras de sobrevivir”, dijo Domínguez.
Y así, Domínguez como vocalista, Adriana Velázquez también como cantante, Quintiliano Ríos en los teclados y animador, y Juan López en las congas, se refugiaron no sólo en el arte y la banda, sino también en unos con otros, contó Domínguez.
“La experiencia de estar sin documentos nos hizo trabajar el doble y ahora algunos de los miembros tienen una licenciatura”, agregó.
Y más allá de sus logros educativos en diferentes universidades de Chicago, también lograron que la banda se convirtiera en la voz de los jóvenes indocumentados de su barrio y sus alrededores.
Por medio de sus canciones, comenzaron a compartir sus experiencias y a motivar a otros jóvenes a hacer los mismo, mencionó Pérez.
El grupo también se unió para formar Dreamers and Allies Run, un grupo cuyo objetivo es recaudar fondos para becas para indocumentados universitarios.
Con el paso de los años, por su ritmo y estilo, una mezcla de cumbia y hip-hop, pero también por los mensajes de sus canciones, Quinto Imperio se estableció y comenzó a formar parte importante de manifestaciones para una reforma migratoria, recaudaciones de fondos, entre otros festivales y fiestas locales.
Y pesar de que cada uno de los integrantes estudiaba o trabajaba, también para ellos era importante seguir haciendo música “por el sentimiento anti-inmigrante que nos afecta a todos los indocumentados”, dijo Domínguez.
“Muchos vivimos con miedo y preferimos sobrevivir escondidos bajo las sombras. Me refiero a que el miedo nos obliga muchas veces a quedarnos callados y a sentirnos solos”, agregó.
Con su música los jóvenes lograron motivar a otros indocumentados a salir de las sombras y a sentirse dignos de vivir en este país, explicó Ríos.
“Hablar del tema abiertamente, compartir historias y experiencias buenas y malas tiene el potencial de unirnos y de despertar en todos la valentía necesaria para luchar por nuestros derechos”, agregó.
Explicaron que desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo, sintieron una responsabilidad de hacer que su voz, la de sus familias y comunidad, se escuchara aun más fuerte.
Con el apoyo de la comunidad activista y cultural de Chicago, según Domínguez, la banda, ahora compuesta por miembros de diferentes estatus migratorios, lanzó su álbum Crónica Inmigrante, el cual cuenta historias de esperanza y resistencia.
Muchas de sus canciones narran sus historias como indocumentados beneficiarios de DACA y los obstáculos que enfrentan al tratar de obtener una educación en este país. Otras reflejan el sentimiento de nostalgia al extrañar su tierra natal, a la que no pueden regresar.
“Pero otras te hacen cantar y bailar”, agregó Ríos.
La meta del grupo es lograr una carrera profesional y llegar a los oídos de más gente mientras “exploramos nuestra música e identidad”, dijo Domínguez.
Su próxima presentación es el 4 de marzo en License to Chill: Chillin like a Villain, en The Plant -1400 W. 46th St.-, en el barrio de Las Empacadoras. El 1 de abril se presentarán en Simone’s Bar -960 W. 18th St.-, y el 8 de abril en Marquette University en Milwaukee.




