Por ASTRID SUÁREZ y REGINA GARCÍA CANO
BOGOTÁ (AP) — Un electorado profundamente dividido elige el domingo al presidente de Colombia en una reñida segunda vuelta electoral entre el progresista Iván Cepeda y el conservador Abelardo de la Espriella, quienes han capitalizado el temor popular a la violencia en un país que aún lidia con grupos armados ilegales.
Los centros de votación abrieron a las 8:00 de la mañana para el balotaje en el que se elegirá al sucesor del presidente Gustavo Petro, quien durante el inicio de la votación llamó a los colombianos a sufragar con libertad y rechazó cualquier injerencia de otros países en el torneo electoral.
La decisión está en manos de más de 41 millones de colombianos que están habilitados para votar, aunque no están obligados a hacerlo, en los centros que estarán abiertos hasta las 16:00 pm (21.00 GMT). Luego iniciará el conteo preliminar de los sufragios, que tiene una función informativa y que en los días posteriores será verificado durante el escrutinio en el que se declarará al ganador de la elección.
Tras vencer en primera vuelta a otros nueve candidatos, De la Espriella y Cepeda avanzaron a la segunda vuelta con una diferencia de sólo 673.000 votos. La expectativa por el resultado del balotaje está puesta en la holgura del resultado luego de que Petro, aliado político de Cepeda, cuestionara el de la primera vuelta y advirtiera, sin pruebas, sobre un posible fraude.
“La decisión la toman los jueces, después de evaluar las quejas que haya, a los jueces obedeceré”, dijo Petro el domingo. “Todo lo que sea antes vale como información”.
Instituciones estatales como la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría han llamado a los candidatos, al mandatario y a líderes políticos a promover mensajes de confianza y desincentivar la violencia.
Propuestas antagónicas
“Han sido las elecciones más importantes que han existido en Colombia. Es primera vez que vemos que se divide… por dos candidatos: el uno por la izquierda y el otro por la derecha”, aseguró a The Associated Press Marcela Mejía, una vendedora de corbatas de Cali, en el suroeste del país.
Los candidatos prometen dos modelos políticos antagónicos. Cepeda, senador del oficialista Pacto Histórico, busca dar continuidad a la agenda política de Petro, quien no se puede reelegir, de un “cambio” en favor de los más vulnerables y alega que la oposición no le permitió al presidente saliente ejecutar todos sus proyectos sociales durante su mandato.
A su vez Cepeda, quien ha sido facilitador en varios diálogos de paz con los grupos armados, no descarta continuar con las negociaciones pese a que la política de paz de Petro ha sido cuestionada. Esta semana logró desarmar a un centenar de ilegales, uno de sus resultados tangibles pero aún lejos de la meta que se trazó.
De la Espriella, un abogado sin experiencia en política apoyado por el presidente Donald Trump, promete acabar de cuajo con los esfuerzos de diálogo y dedicarse a combatirlos con “la fuerza de las armas”. Apodado “El Tigre”, dijo que construirá “mega cárceles” inspiradas en las del presidente salvadoreño Nayib Bukele, con quien simpatiza.
Las elecciones se celebran una década después de la histórica firma del acuerdo de paz con la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero la violencia resurgió con fuerza avivada por la disputa entre los grupos armados por dominar las rentas ilegales del narcotráfico y la minería informal.
Las autoridades contabilizaron 14.780 homicidios el año pasado, la cifra más alta desde 2015. Las extorsiones también se han disparado a 13.417 casos en 2025, más del doble de las registradas una década atrás.







