En un complejo familiar, ubicado en Winnetka, en el Valle de San Fernando, reside Mercedes Moreno, una madre de mirada melancólica, cuyo apartamento está lleno de fotografías y recuerdos de su hijo que desapareció hace 21 años.
“Son más de dos décadas de lagrimas de tristeza y fe en que lo volveré a ver. Simplemente no sé cuando llegará ese día”, expresó la inmigrante salvadoreña, al momento que imploraba la ayuda del público para dar con el paradero de su hijo José Leónides Moreno.
“Tengo varias fotos de él. Puede ser que alguien lo recuerde o que inclusive lo conozca y me diga dónde está”, agregó Moreno, mientras apretaba contra su pecho un álbum de fotografías viejas.
La última vez que ella supo de su hijo fue a mediados de julio de 1990. En aquel entonces, José tenía 23 años de edad y había decidido salir de El Salvador para encontrarse con su madre en Estados Unidos.
José, quien nació el 9 de febrero de 1967, partió del Departamento de Usulután con un “coyote” que conoció en su barrio. Ambos llegaron hasta México Distrito Federal y se hospedaron en un hotel. Días después, el coyote le llamó a los familiares del joven en El Salvador para decirles que José había desaparecido del motel sin dejar rastro.
“Ahí, fue donde empezó la pesadilla”, manifestó Moreno, llorando. “Mi hijo estaba desesperado por venir conmigo porque ya anteriormente yo lo había traído a Los Ángeles en 1980 cuando él tenía 13 años de edad”, agregó.
Durante su estancia en Estados Unidos, José fue un joven de pocas palabras con un amor al dibujo e inclinaciones religiosas, según su madre.
“Cuando yo le dije que tenía que entrar a la preparatoria, el se enojó mucho conmigo porque quería meterse de lleno al cristianismo y dejar la escuela. Las relaciones entre los dos no fueron muy buenas y se salió de la casa a los 16 años de edad”, relató Moreno. “Pocas semanas después, José regresó a casa y a los 18 años decidió vivir por sí solo”.
Cuatro años después, la madre recibió la noticia de que su hijo se encontraba en El Salvador. Las autoridades de Inmigración lo habían deportado a su país natal desde Montana, tras haber sido detenido por la Policía por no respetar una luz roja mientras conducía y no había podido mostrar una identificación válida de residencia en el país, de acuerdo con el relato de Moreno.
“De ahí. Yo me fui a visitarlo [a El Salvador] y él me explicó que quería regresar a Los Ángeles. Yo le dije que se esperara a que obtuviera un permiso para que viajara, pero él tenía miedo de quedarse en El Salvador, ya que a su llegada se perdió y cayó en las manos de militares que lo torturaron seis meses antes de dejarlo libre”, afirmó la madre.
En ese entonces, El Salvador libraba una cruenta guerra civil que cobró la vida de unas 80,000 personas y otras miles quedaron desaparecidas. El conflicto culminó en 1992, con los acuerdos de paz entre el gobierno y la entonces guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)
De acuerdo con Moreno, su hijo quedó tan traumado que al poco tiempo el doctor le diagnosticó amnesia. Con el temor de ser capturado una vez más, José no esperó a que su permiso llegara y salió del país.
“En Usulután conoció a un coyote y se fue con él rumbo a México, pero sólo llegaron al Distrito Federal cuando llamó el coyote diciendo que había salido del motel por unas horas y, cuando é; había llegado, José ya no estaba ahí”, dijo Moreno.
“Yo me desesperé demasiado, sentí que mi mundo se había terminado. Me apresuré a contactar a las autoridades de mi país, al consulado de El Salvador en México, El consulado de El Salvador en Los Ángeles y hasta mandé cartas a la televisión mexicana pidiendo ayuda”, indicó la señora..
Sin un asesoramiento jurídico adecuado y una atención vaga en su caso, el gobierno mexicano le dijo días después a Moreno que José había sido capturado por federales y que había sido deportado desde el estado de Hidalgo. Desde ese entonces, ni las autoridades mexicanas o salvadoreñas, supieron darle más información sobre el paradero de su hijo.
Debido a la preocupación, incertidumbre y tristeza por no encontrar a su hijo, Moreno cayó en una depresión crónica de la cual está siendo tratada. También desarrolló diabetes, osteoartritis y varios problemas gastrointestinales, que ella le achaca a la desaparición de José.
Ella siente que su hijo está vivo.
“En aquel entonces, cuando José y yo no teníamos buena comunicación, él me quiso inculcar la fe y la creencia en Dios. Hoy es esa fe que él tenía la que me hace buscarlo”, señaló Moreno.
“Solo pasé dos de sus cumpleaños y dos navidades con él en Estados Unidos. Recuerdo su sonrisa y sólo le puedo decir que me perdone si alguna vez le hice algo malo y que lo espero con los brazos abiertos”, añadió.
La voz de auxilio de esta madre hace se pierde entre muchas salvadoreñas que actualmente viven en la misma situación, pues según cifras de el Consulado en el Salvador, de cinco a ocho personas, en promedio, reportan mensualmente casos de familiares que han desaparecido en su travesía hacia Estados Unidos.
serivera@hoyll.com
El contacto
Para reportar la desaparición de un familiar, el Consulado de El Salvador en Los Ángeles cuenta con el Área de Protección Consular. El teléfono es el 213-234-9200.




