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Por Michael O’Boyle

MAZATLAN, M (c)xico (Reuters) – Alguna vez estuvo en la lista de millonarios de Forbes, pero despu (c)s de estar pr ‘fugo por m ¡s de una d (c)cada, el capo m ¡s buscado de M (c)xico, Joaqu -n “el Chapo” Guzm ¡n, finalmente fue capturado en un modesto condominio en donde ten -a como vecinos a estadounidenses jubilados.

Pocos d -as despu (c)s de escapar de tropas a trav (c)s de t ?neles y ca +/-er -as, Guzm ¡n dorm -a pl ¡cidamente cuando marinos mexicanos lo sorprendieron en un nada glamoroso edificio de este balneario del noroeste del pa -s.

Los vecinos no ten -an ni idea de que compart -an el inmueble con uno de los jefes m ¡s importantes del crimen organizado en el mundo, quien fue el primero en ser designado como “Enemigo P ?blico N ?mero 1” por la ciudad de Chicago, despu (c)s de Al Capone.

“Despertamos a las 4.30 (am) con un tipo golpeando mi puerta. Estaban gritando en espa +/-ol”, dijo Jim Fuller, de 83 a +/-os, un m ?sico jubilado y director de una banda escolar quien ha vivido en el edificio por siete a +/-os con su esposa mexicana.

“Mi mujer dijo: ‘no abras, nos van a matar, ¿qui (c)nes son?’ Yo dije: ‘van a romper la puerta si no la abro'”, agreg ‘, recordando el drama del d -a anterior.

Fuller dijo que los marinos entonces ingresaron en otro departamento, en el que habitaba un canadiense. El hombre huy ‘.

“El dijo ‘al diablo con esto’. No creo que (c)l vaya a regresar”, agreg ‘.

Dentro de la torre de departamentos en Mazatl ¡n, un puerto pesquero y tur -stico en Sinaloa, el estado natal de Guzm ¡n, ropa y s ¡banas fueron abandonadas en el piso del austero sitio despu (c)s de la redada.

El inmueble Miramar, cuya renta es de unos 1,200 d ‘lares al mes, se yergue en una franja de bares y restaurantes, que los lugare +/-os aseguran sirven como pantalla para el lavado de dinero.

Por ejemplo: no hab -a se +/-ales de sushi en un sushi bar vecino la tarde del s ¡bado. S ‘lo hab -a dos mujeres con ropa ajustada, mientras otros dos j ‘venes jugaban al billar.

Mazatl ¡n, a unos 220 kil ‘metros de la presunta base de Guzm ¡n, Culiac ¡n, es uno de los principales puertos pesqueros y capital de la industria camaronera mexicana.

La zona ha sido un popular refugio para otros jefes del narco en el pasado. A pocas calles se encuentran las ruinas de un club nocturno y las casas de un c ¡rtel rival. Est ¡n embargadas desde hace dos d (c)cadas. Cuando las decomisaron, casi dos docenas de lujosos veh -culos fueron hallados en un garaje subterr ¡neo.

Mazatl ¡n tambi (c)n es un popular santuario. Sus habitantes aseguran que integrantes de las bandas se mueven libremente durante el carnaval anual, que justo comienza la pr ‘xima semana.

“Pasan por aqu – como si nada, el gobierno cuid ¡ndolos”, dijo Jos (c) Luis, un guardia y ex polic -a, quien vigila una de las casas embargadas.

ENEMIGO PUBLICO

El condominio en el que Guzm ¡n fue capturado no se parece en nada al lujoso rancho, con un zool ‘gico personal incluido, que alguna vez habit ‘ el legendario capo colombiano Pablo Escobar.

Como Guzm ¡n, Escobar tambi (c)n pas ‘ gran parte de su reinado pr ‘fugo y en sitios modestos antes de ser abatido en 1993.

Pese a la pretensi ‘n por cambiar el foco de la violencia por el narco al impulso de la econom -a, algunos creen que el presidente Enrique Pe +/-a Nieto en privado plante ‘ la captura de Guzm ¡n como una alta prioridad en su gobierno, que inici ‘ a finales de 2012.

Analistas creen que la captura del s ¡bado es la m ¡s significativa en a +/-os.

Algunos vecinos temen que un c ¡rtel rival se mude ahora a Mazatl ¡n y pueda desatarse una nueva ola de violencia.

“Va a haber repercusiones de esto”, dijo Ir ¡n Rivera, un ex adicto a la hero -na quien recolectaba dinero para un centro de rehabilitaci ‘n frente al condominio de la captura. “Este es su jefe, la gente va a quedar desempleada”, agreg ‘.

La econom -a local est ¡ impulsada por el tr ¡fico de drogas, que se filtra a trav (c)s del sector de la construcci ‘n y de otros negocios como bares y restaurantes.

Otros est ¡n esc (c)pticos en que en verdad se trate del capo.

“No lo creo (…) ¿t ? crees que realmente iba a vivir en un lugar como este?”, dijo Juan, un estudiante de 25 a +/-os que vive cerca del edificio y que declin ‘ dar su apellido por temor.

Guzm ¡n contrabande ‘ miles de millones de d ‘lares a Estados Unidos, Asia y Europa en coca -na, marihuana y metanfetaminas. Su c ¡rtel de Sinaloa particip ‘ en sangrientas batallas con bandas rivales.

Medios locales reportaron que Guzm ¡n fue detectado despu (c)s de utilizar un tel (c)fono satelital desde un t ?nel, d -as antes, buscando ayuda para escapar.

Los marinos evadieron dos equipos de seguridad que proteg -an al capo en el condominio. Guzm ¡n y otras tres personas, una mujer incluida, dorm -an a la hora del operativo.

Toda la acci ‘n tom ‘ alrededor de 7.5 minutos. Los vecinos vieron los helic ‘pteros cuando se llevaban a Guzm ¡n, pero muchos no supieron hasta horas despu (c)s que se trataba de (c)l.

No es la primera vez que las autoridades capturan a Guzm ¡n. En el 2001, el capo huy ‘ de una prisi ‘n mexicana de alta seguridad, en un carrito de lavander -a.

Desde entonces, se convirti ‘ en el mayor traficante del pa -s y se cree que comanda grupos desde la frontera con Estados Unidos hasta Centroam (c)rica.

Fiscales estadounidenses planean pedir su extradici ‘n para que enfrente distintos cargos en Estados Unidos luego de su captura en M (c)xico.

(Reporte de Michael O ‘Boyle; Traducido por Luis Rojas; Editado en espa +/-ol por Silene Ram -rez)