
Las acciones ejecutivas expedidas por Barack Obama con el objeto de aliviar la situación migratoria de millones de indocumentados en el país que preside, enfrenta un obstáculo inesperado: La demanda presentada ante un juez de Brownsville, Texas, por 26 de los estados de la Unión Americana, que ha sido de inicio aceptada con una orden de suspender la ejecución de los programas planteados por el Presidente, deteniendo de esta manera el progreso de dichas acciones.
El gobierno de Obama manifestó su intención de interponer recursos legales en contra de la decisión judicial antes mencionada.
Esto me lleva a una serie de reflexiones sobre el fenómeno de la inmigración indocumentada en Estados Unidos y algunas de las razones por las que es necesario que se apruebe una reforma migratoria que resuelva este problema en dicho país.
Luego que EEUU logró su independencia, planteó como una de sus prioridades el extender sus territorios, y a través de la expedición de los aventureros Lewis y Clark, la nueva nación conoció la existencia de la gran cantidad de tierra que había hacia el oeste del río Mississippi y se fijó, como una de sus metas, el adquirir aquellas que no le pertenecían y poblarlas para crecer como nación.
Lo lograron comprando grandes extensiones de tierra a Francia y, después de una guerra contra México, se logró la adquisición de otra gran franja de su territorio actual.
Fue así que en el siglo XIX inició la gran migración hacia el oeste.
Los migrantes tenían características muy propias, en su mayoría eran personas que venían de países como Alemania, Irlanda o los escandinavos, cuyas oportunidades de progreso en sus países de origen eran nulas o muy limitadas.
Las tierras en Europa ya tenían dueño, en tanto que en América las tierras estaban a disposición de quien quisiera trabajarlas.
Otros motivos dieron también origen a esa migración, como la opresión religiosa o la hambruna en Irlanda por la plaga de la papa.
Fue así como una gran cantidad de personas valientes y honestas decidieron tomar el difícil camino hacia el oeste con sus familias y sus pocas posesiones. La puerta de entrada a esa tierra prometida era St. Louis, Missouri, y el camino que tenían hacia delante era desconocido y peligroso, arriesgaban todo lo que tenían, incluyendo la vida.
Pero su deseo de formar una nueva vida en una tierra de oportunidades, les impulsó a la conquista del oeste y el trabajo de las generaciones futuras ayudó a crear la gran nación que hoy se conoce como Estados Unidos.
Lo que sucedió en la segunda mitad del siglo pasado y lo que va de este en EEUU, con las nuevas formas de migrantes, entre las que se encuentran muchos latinoamericanos, encuentra gran similitud con aquellos antiguos aventureros que poblaron el oeste del gran río de Norteamérica.
Es gente que en sus países de origen ven escasa o nula posibilidad de superarse. Muchos de ellos, para poder llegar a EEUU, arriesgan la vida. Nuestros hermanos de Centroamérica ponen su existencia en peligro al cruzar por el territorio mexicano, plagado de bandas de delincuentes que les que secuestran y explotan. Después de esto, ellos y los propios hermanos mexicanos que pretenden buscar una nueva vida en el norte, ponen en riesgo su vida al tener que cruzar los difíciles territorios desérticos que conforman el sur estadounidense.
Estos nuevos migrantes van a EEUU en la búsqueda de una mejor vida, con la intención de lograrlo en base a su esfuerzo y trabajo, y así lo han hecho durante generaciones, son tan aventureros como lo fueron aquellos migrantes del siglo XIX y su deseo de progresar junto a la nación que les da cobijo, no se diferencia en nada en una y otra ola migratoria.
Algunas voces que se alzan en contra del reconocimiento de esta situación en EEUU, alegan que los migrantes latinos van a aprovecharse de los sistemas de beneficencia. Falso: Los migrantes que no tienen reconocido su estatus legal, no se acercan a dichos sistemas por temor a ser detectados, como tampoco se acercan a las autoridades por el mismo motivo. Por el contrario, se dedican a trabajar y a ser productivos.
Otros argumentan que van a apoderarse del “sueño americano”. Que poca visión de su país tienen quienes esto afirman, pues consideran que lo que tenían que hacer ya está hecho y no es posible seguir haciendo crecer a su nación, por el contrario, estos migrantes llegan a trabajar para ayudarles a seguir construyendo la gran nación en donde se encuentran.
Quizá la mayor razón para oponerse a la reforma migratoria sea la propia xenofobia de algunos de aquellos descendientes de los migrantes europeos que llegaron a ese país en la época
y que también fueron vistos con xenofobia por los descendientes de los ingleses que ocuparon inicialmente las tierras al este del Mississippi.
Los nuevos migrantes no son enemigos de EEUU. Por el contrario, es gente que llega para progresar en unión de los esfuerzos de los habitantes que ahí ya están, pasaron por una odisea de riesgos, incluyendo la propia vida, su libertad y su unión familiar, por el deseo de hacerse un futuro con base en su esfuerzo.
La negativa de unos cuantos a aceptar la reforma migratoria es el daño de muchos, no sólo de los migrantes, sino de todos aquellos estadounidenses que dependen del trabajo de estos.
El gobierno mexicano poco hace por sus connacionales en EEUU. La clase política mexicana sólo los toma en consideración cuando se busca obtener votos u otros beneficios, pero rara vez para ayudarles a que su estancia en EEUU se vea favorecida, por ejemplo presionando a su homólogo estadounidense para que se realice una reforma migratoria que favorezca a millones de mexicanos, quienes parece ser que hubieran desaparecido de la faz de la tierra.
La verdad es que tanto la clase gobernante como quienes habitamos México tenemos una fuerte obligación hacia quienes se fueron, pues no hemos sido capaces de crear una sociedad igualitaria y progresista que dé trabajo a nuestra gente.
– Oscar Müller Creel es doctor en Derecho, catedrático y conferencista. Puede leer sus columnas en www.oscarmullercreel.com




