CHICAGO-
Los que tenemos la buena o mala fortuna de vivir hasta al punto de llegar a lo más alto del puente y ver (o al menos imaginar que podemos ver) el Otro Lado, dicho momento muchas veces ocasiona una introspección, un ajuste de cuentas con uno mismo, un luto por todos los senderos que dejamos sin recorrer y por todas las vidas posibles que no vivimos. El que llegue a esa altura de su vida sin remordimientos ni decepciones es seguramente un imbécil o poco honesto consigo mismo.
En los tres monólogos –aunque divergen en forma, estilo y tono– el hilo que une a los personajes es esa sensación de pérdida, de decepción. En el primero, “Per testimoni, Saskia”, de Rosa Victoria Gras, la actriz catalana Angelina Llongueras nos dibuja con una dignidad feroz a una mujer que ha sido amada y luego rechazada por dos hombres carismáticos y egoístas. En el centro de su historia se hallan su vientre seco, como la panza de una muñeca rellena de aserrín, y la testigo de sus humillaciones, Saskia, un retrato de la amada esposa de Rembrandt.
En el segundo monólogo, “Sobre el daño que causa el tabaco”, de Anton Chejov, el actor Lauro López da vida a un personaje que también es víctima de su pareja. En este caso se trata de su esposa, una mujer poderosa y (según él) abusiva. Como directora de una escuela de niñas, la esposa ha mandado a su marido a presentar un discurso sobre el tema que indica el título, pero el hombre –mostrando esa chispa de desafío imperecedero– aprovecha la oportunidad (ya que su esposa no está presente) de describir al público las injusticias y humillaciones que le ha tocado aguantar a lo largo de cuarenta años. López da al personaje energía y humor; su intuición de cómico es impecable.
El último monólogo, “Un girasol para Luisa”, escrito por el dramaturgo mexicano/chicaguense Raúl Dorantes, trata de un prisionero que está esperando algo un poco distinto: su ejecución. Pasa sus últimas horas de vida tejiendo girasoles. Una imagen que llegamos a entender se conecta con una mujer que el prisionero alguna vez amó, un amor perdido, un amor que quizás le podría haber salvado la vida pero que por un accidente se perdió para siempre. Y aun así, y a pesar de los crímenes imperdonables que ha cometido, el hombre sigue tejiendo, sigue recordando. Podemos ver en los ojos del actor Armando Villegas el sentido de pérdida y el entendimiento de cómo ha fracasado en su vida.
Si el propósito del arte es levantar al espíritu humano, ¿cuál es la atracción de estas historias tan profundamente tristes? Es en los momentos más bajos de la vida cuando enfrentamos la chispa inmutable del espíritu humano: la esperanza. La mujer sigue repasando sus pasos para intentar entender en dónde se desvió y sigue creyendo que es digna de un amor verdadero… A pesar de los abusos que ha sufrido, el conferenciante mantiene su sentido de humor y su deseo de entretener… Y el hombre que está a horas de su ejecución intenta crear algo de belleza, algo duradero…De estas personas podemos aprender mucho sobre la vida.
Tres Monólogos se presenta hasta el 8 de marzo; funciones 6 y 7 de marzo, 7:30 pm; 1 y 8 de marzo, 5 pm, en Citlali Gallery, 2500 S. Blue Island Ave. Admisión: $15. Información:
_Por Mark Litwicki
Escritor estadounidense. Trabajó como periodista en Colombia en los noventa, años en los que escribió su novela La catedral de sal. Este artículo es una colaboración especial.




