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CHICAGO

-María Molina, relata cómo “Don Churro el Moro de Letran” ha sobrevivido por casi tres décadas en un rinconcito de Pilsen donde otros negocios no han funcionado. La emprendedora elabora el tradicional antojo, los rellena de diferentes sabores y los vende calientitos en su pequeño local o congelados por mayoreo a establecimientos fuera del estado.

¿Qué fue lo más difícil cuando instaló su negocio?

El idioma. Cuando iba a las tiendas a comprar, todo era en inglés. No entendía nada y nos teníamos que entender con señas. Cuando mis hijos aprendieron inglés nos ayudaron a buscar mejores precios. Pero realmente mi llegada aquí no fue difícil. Creo que sólo es difícil para quien no tiene iniciativa.

¿Por qué decidió venir a vivir a Chicago?

Cuando llegué de México no venía con la intención de quedarme y menos con la idea de establecer un negocio. Vine para visitar a mi esposo, que llevaba 7 meses aquí, porque mis hijos y yo lo extrañabamos. Yo tenía mi negocio de zapatos en un tianguis pero, cuando llegué a Chicago me gustó mucho el barrio y el ambiente. Comencé a asistir a la Iglesia San Pío V para relacionarme y para pensar qué tipo de negocio podría poner.

¿Cómo inició el negocio?

En el 1988 fuimos los primeros que empezamos a vender chicharrones. Nadie los conocía, hacía 5 costales de 5 libras y los vendía en la puerta de las escuelas e iglesias. Abrí el negocio un 22 de febrero en un local que renté por 9 años. Recuerdo que el primer día gané $40.

¿Y cuánto tiempo lleva haciendo churros?

Compre el local en el 1626 Blue Island Ave., en el 1990. Llevo ya 25 años.

¿Quienes son sus clientes?

No surto a tiendas, nada más a la Flea Market de la Division St., y ofrezco mayoreo congelado a panaderías de St. Louis, Missouri, Tennessee y Ohio aunque lo que más hacemos es menudeo.

¿Ha pasado por alguna crisis?

Hace algún tiempo. (Bajó el negocio) cuando cerró la garra, de la 14th St. (Maxwell Street Market), porque ahí le surtía a los locales de churros y donas.

Pero ahora hay muchos visitantes en la zona. Hay un evento de la Cámara de Comercio (Eighteenth Street Development Corporation (ESDC) que se llama “Buen Provecho” que dá la oportunidad a negocios como nosotros de ofrecer nuestros productos. Es un evento que atrae muchos turistas. Y en mayo tenemos “El Mole de Mayo” y también acude mucha gente y podemos dar a conocer nuestro producto.

¿Cómo aprendió a hacer churros y donas?

El señor que me rentó el primer local me enseñó. Él tenía el negocio del churro y le dejó. A mi me llamó la atención su local. Se veía un poco viejo y abandonado. Él me lo ofreció en alquiler y aunque yo le dije que no tenía dinero para pagarle, se ofreció a ayudarme. Me transmitió el amor por el churro, me enseñó lo básico y de ahí vino la tarea más hermosa, como negocio, le puse amor y paciencia. Y, con la ayuda de mi esposo y mis hijos, mi negocio prosperó.

¿De dónde salió la idea para rellenar los churros?

Al principio no tenían relleno, decidí darle una vuelta al churro y como los clientes tienen distintos gustos, decidí meterle sabores, en un principio de chocolate, fresa y vainilla, y con el tiempo le metimos hasta 10 sabores, aunque los tres primeros son los que más se venden junto con el de cajeta. Ahora tenemos hasta rellenos de crema de queso y guayaba.

¿Cuántos empleados tiene?

En Don Churro somos 7.

¿Qué consejo le daría a un nuevo emprendedor?

Que le tengan mucho amor a su trabajo. Que siempre sea honesto por y para el cliente porque vivimos para él. Desde el momento que el cliente entra a nuestro local hay que darle la seguridad y la confianza. También es importante mostrarles buen humor.

¿Cree que es importante contar con ayuda financiera para emprender un negocio?

Sí. Al igual que es importante no tener miedo de preguntar qué necesitamos para abrir un negocio, no se debe tener miedo de pedir ayuda para llevarlo a cabo. Por eso, es importante acudir a una entidad financiera para expandir tu negocio. No se podría expandir sin esa ayuda.