Hace unos días la histórica lidereza sindical Dolores Huerta, de 85 años, dijo que prefiere a una mujer antes que un latino en la Casa Blanca en 2016 -refiriéndose a la candidata demócrata Hillary Clinton- al considerar “que hay muchos riesgos para los latinos si gana alguno de los actuales precandidatos latinos republicanos”. Según sus declaraciones, aunque ellos tengan nombre latino o hablen español, a ellos les hace falta el corazón latino.
Huerta, fundadora junto con César Chávez del sindicato de Campesinos Unidos (UFW), hizo campaña con los Clinton durante las elecciones presidenciales de 2008 en varios estados de los EEUU. Ella ha expresado su apoyo actual a Hillary a quien cataloga como muy calificada y le asegura el cariño de la comunidad latina.
La lidereza lamentó que el senador Marco Rubio (R-FL) haya traicionado a la comunidad inmigrante a pesar de tener en sus manos un importante apoyo para lograr una reforma migratoria en 2013 y lo llamó oportunista. A Susana Martínez, gobernadora de Nuevo México; al senador Ted Cruz (R-TX), y Jeb Bush, exgobernador de Florida, los llamó equivocados y dijo que no representan los valores de la comunidad trabajadora latina.
Considero que Huerta no está tan alejada de la verdad. De hecho, me gusta mucho lo que dijo. Viniendo de una persona como ella, habrá pocos detractores. Es difícil opinar hoy en día sobre quién siente de verdad el ser latino en estos tiempos, y es entendible. Cada grupo étnico sentimos nuestra “latinidad” de diferente manera. Pero con relación a los políticos, podemos ser respetuosos pero no veo mal que se les señale cuando sus decisiones de trabajo van en contra de la comunidad.
En mi experiencia en Chicago y tomando el ejemplo de doña Dolores, he visto lo “descorazonado” que están muchos políticos latinos tanto en la ciudad como a nivel estatal. Al igual que Rubio, Cruz y otros, hay algunos aquí que han votado en contra de los intereses de la comunidad latina. Se han casado con agendas que no traen beneficios a nuestra comunidad y lo peor es que muchos trabajan para sus jefes políticos y se convierten en votos a favor de cualquier propuesta sin importar cómo perjudica a nuestra gente.
Es claro que no todos o todas sienten así, pero de que los hay, los hay.
Tomemos el caso de los concejales de origen hispano en Chicago que tendrán que votar por la nueva Junta de Educación sin representación latina. No creo que esto le signifique un problema al alcalde Rahm Emanuel y será votado sin mucho escrutinio. O qué tal los representantes que deberán cambiar su voto en Springfield en el tema del presupuesto o el de las pensiones y todo por cuidar su capital político y no tener que encarar a un rival puesto por un alcalde o un gobernador revanchista. Esa es una realidad.
Un caso que puede ser ejemplo en esta historia es el de la vicegobernadora de nuestros estado, Evelyn Sanguinetti, en un tiempo no muy lejano dijo que iba a gobernar y que su voz sería escuchada en la oficina del gobernador Rauner. Ella no ha mencionado nada sobre las decisiones de su jefe en estos primeros meses y que han afectado a las minorías, particularmente a los latinos. Los latidos de su corazón latino no se han escuchado.
Es importante recordar que hay otros líderes políticos que, aunque no son latinos, sí poseen un corazón latino. No tendrán el apellido ni el idioma español, pero entienden las necesidades de la comunidad. Tal vez no les escuchamos porque no están en nuestros distritos y no salen en la televisión en español como otros. Los temas que apoyan no son sólo relacionados con la inmigración, sino que abarcan otros de igual importancia como derechos para los trabajadores, salarios, derechos de la mujer y los niños, igualdad de matrimonio, vivienda digna, educación bilingüe y otros. Hay que reconocer.
Volviendo a Huerta, ella dice que los políticos han podido ganar porque tienen nombre latino, porque pueden hablar español, pero afirma que nuestra comunidad debe estar más educada para saber a cuáles de esos candidatos les hace falta el corazón latino. Esto de verdad, es clave. Entre más educados estemos en cómo trabaja el gobierno, los temas que se discuten, los programas que se aprueban o no, las alianzas que se forman, etc., estaremos mucho mejor.
Como dije, me gusta lo que expresó Huerta, y agregaría que no sólo cuestionemos a los funcionarios electos sobre si tienen corazón latino, pienso que debemos hacernos la misma pregunta a nosotros mismos. Los que votamos, los que somos voluntarios, los que somos trabajadores, los que pagamos impuestos, los que nos levantamos todos los días a trabajar, a lavar, a enseñar, a salvar y a cuidar niños o aliviar pacientes. ¿Hacemos nuestras labores con corazón latino?
-Javier Salas es exasesor del gobernador de Illinois. Síguelo en Twitter en @javiersalas




