
CHICAGO –
Algo raro está pasando con el tenis profesional, y lo que estamos viendo parece ser nada más la punta de la aleta del tiburón.
Las noticias han llegado como con cuentagotas: poco antes del Abierto de Australia volaron los rumores y comentarios sobre una red de apuestas clandestinas que durante años habría determinado los resultados de varios partidos de tenis; los primeros rumores indicaban que varios de los más altos del ranking estaban involucrados. Más adelante cambiaron los rumores, indicando que nadie del Top 50 estaba metido en el asunto. Poco a poco se fueron acallando.
Luego, esta semana, la bomba: la rusa
, número 7 del mundo y uno de los rostros más reconocibles del deporte mundial, confesaba que había dado positivo a un test antidoping. El test le había sido administrado precisamente durante el Abierto de Australia, donde Sharapova perdió en cuartos de final ante su archirrival, Serena Williams.
En rápida sucesión, las empresas que tienen contratos de marketing con Sharapova (Nike, Porsche, Tag Heuer) anunciaron la ruptura de los mismos. Sharapova ya es multimillonaria, difícilmente le afectará la cancelación de los contratos. Pero para todo efecto práctico, la hermosísima tenista se ha convertido de la noche a la mañana en una paria del deporte.
Ahí no para la cosa. Ahora han resurgido las acusaciones de Francia contra Rafael Nadal, el español que actualmente ocupa el número 5 del ranking de varones, de haberse dopado y de utilizar la lesión que lo tiene fuera de combate desde hace varios meses como cortina de humo para que no se hable del uso de sustancias prohibidas.
Hay cosas que son evidentes: la fiereza y poderío muscular de los tenistas – hombres y mujeres – de los últimos 10 años nada tiene que ver, por ejemplo, con la fineza técnica y táctica de los grandes tenistas de los 70’s y 80’s: Borg, Connors, McEnroe, Nastase, Edberg, Vilas, etcétera. Hoy, en el tenis el músculo dicta la táctica; y en un deporte multibillonario, todo aquello que los atletas puedan hacer para fortalecer aún más su físico les redundará en ganancias notables dentro y fuera de las canchas.
¿Todos se dopan? Imposible saberlo: por eso se administran los tests de forma aleatoria. Pero las evidencias de los últimos años (Lance Armstrong en el ciclismo, Justin Gaitlin en el atletismo, las sospechas de uso generalizado de drogas entre atletas olímpicos rusos y chinos, e incontables beisbolistas profesionales) apuntan a una corrupción generaliza de los deportes, motivada por las cantidades irracionales de dinero que circulan, por un afán de victoria a toda costa, y por la hipocresía de medios de comunicación, organizaciones deportivas, y empresas promotoras para quienes todo es festejable hasta que la evidencia de lo ilegal se hace ineludible.
Con todo, María Sharapova, si necesitas charlar mándame un mail o échame un whatsapp. Aquí te espero.
-Gerardo Cárdenas es escritor y periodista mexicano




