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El aspirante a la candidatura presidencial republicana, Donald Trump, durante su campaña en Bethpage, Nueva York, el 6 de abril del 2016. (AP Foto/Julie Jacobson)
Julie Jacobson / AP
El aspirante a la candidatura presidencial republicana, Donald Trump, durante su campaña en Bethpage, Nueva York, el 6 de abril del 2016. (AP Foto/Julie Jacobson)
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WASHINGTON (AP) – ¿Encuestas? ¿Quién las necesita? ¿Recaudación de fondos? Nada de qué preocuparse. ¿Medir las palabras? ¡Ni modo! Donald Trump tomó las reglas de la política moderna, las rompió y quedó como el llanero solitario en la puja por la candidatura presidencial republicana. ¿Cómo lo hizo?

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LO PRIMERO QUE SE LE OCURRE

Es lo que sus partidarios adoran. Él dice lo primero que se le viene a la cabeza. Rechaza “lo políticamente correcto”. Insulta tanto a rivales como a críticos. Se divierte. Después de una sarta de improperios, explica: “Eso es lo que quiero decir con ser políticamente correcto; cada tanto uno puede divertirse, ¿no les parece?'” Muchos candidatos pueden pensar algo y quedarse callados, pero Trump lo dice: “Me gustaría golpearlo en la cara”, dijo sobre un manifestante opositor. Escuchar un discurso de Trump de cabo a rabo es someterse a una gramática particular. Sus oraciones oscilan en distintas direcciones a medida que se le ocurre algo distinto. Cuando apela a su tradicional “por cierto”, no hay manera de anticipar dónde irá.

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CICATERO

El multimillonario se enorgullece de hacer una campaña barata, aprovechando los medios de difusión de una manera que solo puede provocar envidia en sus rivales. Se manejó durante la mayoría de las elecciones primarias con un personal reducido al mínimo. No tiene director nacional de finanzas. Nunca estableció una operación tradicional de recaudación de fondos. Es cierto que su sitio tiene botones para que la gente haga “donaciones, pero nada de cenas de gala ni fotografías de paga. En el principio de su campaña, Trump tuiteó: “Hasta ahora no he gastado casi nada en mi puja por la presidencia y estoy en primer lugar. Jeb Bush ha gastado 59 millones de dólares y está liquidado”.

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NINGUN ENCUESTADOR PROPIO

El precandidato obsesionado por las encuestas no tiene un encuestador. Otros aspirantes gastaron cientos de miles de dólares en encuestas para determinar la repercusión de sus mensajes en las primarias. Trump sigue su instinto. A menudo dice a sus seguidores que depende de su esposa, Melania, para tantear el sentir de los votantes. “Ella es mi encuestadora”, afirmó. “Ella es realmente inteligente”.

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CAMBIOS DE OPINION

A la mayoría de los candidatos les aterra ser catalogados como “veletas”, es decir, que la gente considere que ellos cambian de opinión según sople el viento y donde vaya la corriente. Trump cambia de idea con todo desparpajo, no solamente de una semana en otra o de un día para otro, sino a veces en el mismo discurso. “Nunca he visto a una persona exitosa que no fuese flexible”, afirmó Trump en un debate republicano. “Hay que ser flexible porque así se aprende”.

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INCÓGNITAS

Los precandidatos suelen presentar planes de cinco puntos y documentos en los que fijan su posición política, algunos de manera más detallada que otros. Trump es todo lo contrario. Su supuesto plan para reemplazar el sistema de salud promovido por el presidente Barack Obama fue más declarativo que detallado. Su reciente discurso sobre política exterior fue un dechado de generalidades. Le encanta confundir a sus rivales sobre sus intenciones. “Tenemos que ser impredecibles a partir de ahora”, afirma.

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BOCA SUCIA

Trump intercala vulgaridades en sus discursos, aunque ha retrocedido un poco después de que lo regañó Melania. Muchos políticos usan profanidades, por supuesto, pero por lo general evitan hacerlo en público. Trump no tiene pelos en la lengua y ha usado un término ofensivo contra su rival Ted Cruz. Suele insultar a diestra y siniestra a sus adversarios, a quienes ha endilgado los motes de patético, mentiroso, perdedor, desagradable, maligno y otras calificaciones poco halagadoras y por cierto, no muchos precandidatos aprovechan el podio para referirse al tamaño de sus propios genitales.

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DESPRECIO POR LOS SUPERPACS