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A pesar de la gran rivalidad deportiva, los aficionados americanos y mexicanos convivieron en gran armonía de la fiesta del partido de Columbus. TNS
Adam Cairns / TNS
A pesar de la gran rivalidad deportiva, los aficionados americanos y mexicanos convivieron en gran armonía de la fiesta del partido de Columbus. TNS
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CHICAGO –

La espera fue larga, y casi medio siglo después la

Selección Nacional de México

finalmente pudo arrancar una victoria al combinado nacional de las Barras y Estrellas en competencia de eliminación mundialista.

La maldición del ‘dos a cero’ sucumbió ante el mejor juego de conjunto del combinado mexicano, finalmente Juan Carlos Osorio convocó al mejor cuadro disponible para enfrentar el compromiso que no podía perder, el partido que a decir de muchos, de haberlo perdido le hubiera relegado del cargo.

Pero todo lo que sube tiende a caer y toda fortaleza algún día deja de serlo. El Tri finalmente logró sacudirse el fantasma del Mapfre Stadium, no importó la celebración de homenaje a los veteranos, ni la enorme bandera desplegada en el campo, el mosaico de la tribuna y mucho menos la gran manta con el figurín del 2-0. Nada fue factor para que México arrancará el hexagonal final ganando tres puntos, el único culpable de la derrota del once norteamericano fue el mal momento que siguen atravesando los dirigidos por Jürgen Klinsmann.

Pero si se trataba de espantar fantasmas mejor hablemos del exorcista que derrotó a los chamucos del dos a cero en Columbus, aquel jugador insignia que a sus 37 años de edad se colgó toda la experiencia de los veinte títulos que cuelgan en su espalda para conectar certero cabezazo y anotar el gol de la victoria. Rafael Márquez no solo le dio el triunfo a su equipo y la alegría a millones de mexicanos, también se cobró una venganza personal, anotando en el misma portería donde cayeron la mayoría de los goles que derrotaron al Tri en ese estadio, ahí donde está la guarida de los ‘Forajidos’ en la gradas, esos que inventaron el cántico del dos a cero, en la misma portería donde Márquez alguna vez perdió los estribos y se hizo expulsar tontamente.

Así es como Márquez pudo dar fin a una maldición y sacarse la espina, así fue como México frenó a una selección que a decir de sus directivos, ya debería ser mejor que la de los vecinos del sur, y así fue como el entrenador colombiano acabó con otra jefatura, sumada a las de Canadá y Honduras.

Pero si algo sorprende de este cotejo, fue el comportamiento de la afición americana que antes, durante y al término del partido, mostraron total respeto a la escasa pero ruidosa afición tricolor, mostrando en su mayoría un alto deportivismo, digno de ser documentado y mostrarlo al mundo entero.

Cierto es que el mundo del fútbol dentro y fuera de la cancha es una que se cuece aparte, las hostilidades y mentadas de madre ciertamente son una constante, pero cuando la afición rival te felicita por los goles de tu equipo, te dan un ‘high five’ y hasta te dan la mano para felicitarte por la victoria, merece todo el reconocimiento. La foto del recuerdo con ambas escuadras mezcladas al inicio del partido sale sobrando, solo unos cuantos en la gradas pudieron vivirlo.

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