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David Flores ya había estado en el Mundial 2010 de Sudáfrica y a Rusia 2018 viajó con la intención de alentar al México de sus antepasados. Pero a unas horas del debut del Tri ante Alemania, Flores se sentó ante las redes sociales esperando un milagro porque estaba en Moscú sin boleto para ese partido.

“Pasé todo el día en grupos de Facebook y contactos y me pedían entre $1,000 y $2,000. Sabía que mi segunda opción era ‘el mercado de segunda mano’ porque en 2010 había conseguido tickets para ver a Brasil, España y Holanda, pero este partido iba a ser un desafío porque hay 50,000 aficionados mexicanos en Moscú”, dijo Flores, uno de los residentes de Chicago que viajó al Mundial ruso.

Después de regatear en las cercanías el estadio Luzhniki y de rehusarse a pagar $1,500, Flores consiguió un boleto por $750 y vio el histórico triunfo de México sobre Alemania.

“Fue el boleto más caro que jamás pagué para ver un evento deportivo. Todavía no lo puedo creer pero los dioses del fútbol son buenos, siempre”, agregó Flores.

Flores es uno de los cinco amigos que partieron desde Chicago hacia Rusia en el viaje de sus vidas. Otro integrante del grupo es Jeremy Pagán, un hijo de padre puertorriqueño y madre mexicana que también está alentando al Tri en la cita mundialista.

Para Pagán la aventura rusa suponía serios interrogantes. “Nunca antes salí de Estados Unidos, por eso estoy contento pero a la vez nervioso porque vamos a estar en ‘hostels’ (albergues) y no sé cómo va a salir todo”, dijo el joven estudiante en Chicago unas horas antes de partir. Ya en diálogo telefónico desde Moscú, Pagán sonaba como otra persona: “Es muy divertido, me acosté varias veces a las 5 de la mañana y perdí la voz después de gritar tanto”, aseguró desde un bar mientras veía por televisión el Bélgica-Panamá el pasado lunes.

Existen tres categorías de boletos y Pagán y sus amigos compraron algunos cuyos valores rondan entre los 200 y 300 dólares por partido. Los muchachos tienen diferentes itinerarios; algunos van por varias semanas y otros se quedarán durante todo el torneo en Rusia. Pagán, quien estará en Moscú, Nizhny-Novgorod y San Petersburgo, viajó con boletos para los partidos Polonia-Senegal, Inglaterra-Panamá, Francia-Dinamarca, un partido de cuartos de final y el juego por el tercer puesto.

El Papa en Rusia

Para Mario Giménez, un conocido inmigrante de la comunidad argentina en Chicago y propietario de la tienda Buenos Aires Deli al norte de la ciudad, este Mundial es el cuarto consecutivo que le toca disfrutar en vivo.

El argentino y comerciante de Chicago, Mario Giménez (c), posa con dos aficionados islandeses en Rusia, a donde ha viajado para seguir a su selección en el Mundial 2018.
El argentino y comerciante de Chicago, Mario Giménez (c), posa con dos aficionados islandeses en Rusia, a donde ha viajado para seguir a su selección en el Mundial 2018.

Primero vio en su país el Mundial de 1978, luego aquí en Estados Unidos observó la Copa del ’94 y más tarde viajó a Francia ’98. No pudo ver en persona el Mundial de 2002 pero no ha faltado a Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2010 y ahora está en Rusia vestido con los colores de su país.

Giménez viajó desde Chicago en un viaje que lo tuvo sin dormir durante un día y medio pasando por Varsovia (Polonia) hasta que se instaló en Moscú.

“Ya el primer día estuve con colombianos, peruanos, iraníes, mexicanos y egipcios, puse la bandera argentina y una foto del Papa y venían todos a sacarse una foto. Esto es impresionante, es un ‘quilombo’ pero un ‘quilombo’ sano”, comentó Giménez desde la capital rusa.

‘Quilombo’ es una palabra que los argentinos utilizan para describir una situación de desorden o descontrol. Al parecer, el descontrol es sano y organizado en tierras rusas.

Sobre la organización, Giménez dedicó un párrafo aparte: “Los ‘subtes’ (metro) son impresionantes y la gente hace lo imposible por ayudarte, los policías andan con el teléfono celular y usan el Google Translate para comunicarse”, señaló el comerciante argentino.

“A mí se me están cumpliendo varios sueños porque me encanta la historia rusa y conocí el Kremlin; en Brasil y Sudáfrica los policías parecían Robocops y yo esperaba encontrarme con los tanques de la Guerra Mundial pero aquí es todo normal, esto es una fiesta”.

Giménez, un fanático de San Lorenzo que en 2014 estuvo a punto de acompañar a su equipo al Mundial de Clubes de Marruecos y desistió a último momento, viajó con boletos para los partidos de Argentina contra Croacia y Nigeria y para España-Marruecos y también adquirió otros para un partido de octavos y otro de cuartos de final.

El día inaugural del Mundial, Giménez vivió una experiencia que no olvidará en su vida: “No tenía entrada para el Rusia-Arabia Saudita, fui al estadio y vi a tres árabes con tickets. Les pregunté. ‘¿how much?’ y me dijeron algo en árabe. Entonces uno de los árabes me dice en español, ‘te la está regalando’”.

Entonces Giménez ingresó gratis al estadio Luzhniki para gritar por la Arabia de sus nuevos amigos y, claro está, por Juan Antonio Pizzi, el entrenador argentino de la selección árabe y último técnico en sacar campeón a su San Lorenzo querido en Argentina.