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La selección mexicana quedó eliminada en octavos de final del Mundial de Rusia 2018 tras perder 2-0 ante Brasil el lunes 2 de julio.
EMMANUEL DUNAND / AFP/Getty Images
La selección mexicana quedó eliminada en octavos de final del Mundial de Rusia 2018 tras perder 2-0 ante Brasil el lunes 2 de julio.
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¡Ay dolor ya me volviste a dar! Quedamos donde mismo, no se avanzó y no hay mejora. Si acaso decir que no hay retroceso por los números y algunos triunfos que no se conseguían en décadas, pero al fin de cuentas fue la misma cantaleta, no hubo quinto partido y si hay mucho sentimiento. Al diablo con la mejor generación de futbolistas.

La selección mexicana se despidió por la puerta de atrás de Rusia 2018. Ciertamente los jugadores lucharon, pero al final de cuentas abandonaron la competencia con la frente en alto pero con la mirada al piso, porque no quedaba de otra.

La gran ilusión de haber vencido en un histórico partido a Alemania provocó que más de uno se ilusionara con finalmente disputar los cuartos de final. Pero la sorpresa fue mayor porque México jugó de más a menos, exactamente lo contrario de lo que se supone en la máxima competencia futbolera del orbe, esa que paraliza al mundo cada cuatro años, que provoca alegrías, abruptos nacimientos en la primavera siguiente y esa competencia que llena tinas de lágrimas de alegrías y penas.

Pero hagamos memoria antes de cortar la leña del árbol caído. El timonel colombiano Juan Carlos Osorio ya había dejado muy claro que en los partidos decisivos, en competencias oficiales, sencillamente no daba pie con bola, y para no retumbar mucho las entrañas sólo basta con recordar los marcadores del 7-0, el 4-1 y el 1-0. Así que sin darle muchas vueltas al asunto y sabiendo que pasara lo que pasara siempre estuvieron presentes las rotaciones y las invenciones, pensar que el Tri no pasaría de la fase de grupos no era descabellada.

Pero resulta que todo fue un teatro bien montado para enfrentar a la poderosa Alemania y derrotarla poniendo en la cancha a lo mejor que convocó Osorio, darle un baile memorable a los teutones y de paso haber sido el partido de mayor rating en la fase de grupos. Vaya que las sensaciones y emociones hizo que la mayoría soñara en grande.

Pero la algarabía duró escasos días porque se fue disminuyendo el nivel alcanzado, la cortina de humo se fue disipando y contra Suecia y Brasil fue lo mismo de siempre. Peor aún, los números del seleccionador colombiano en este Mundial fueron peores que otros de sus antecesores, tomando como parámetro USA 94.

También fuimos testigos de como Andrés Guardado abrió la boca de más, Rafa Márquez hizo historia con su quinto mundial jugando minutos que no debió y al siempre carismático y sonriente Javier ‘Chicharito’ Hernández le sorprendió un ataque de andropausia precoz, primero pidiendo que ya lo llamen por su nombre y no su apodo, decolorándose el cabello junto a otros y peor tantito, expresando su “imaginemos cosas chingonas” y diciendo que no eran “unos pendejos”. Vaya que lo perdimos.

La supuesta mejor generación de jugadores falló en su tercer mundial, falló el cuerpo técnico, siguen fallando los directivos, fallaron todos. Pero es el Tri, es México. ¿Olvidarlos? Como decía Héctor Lechuga: “nel (no) pastel”.