Los alemanes gastan una media de 536 euros (aproximadamente 630 dólares estadounidenses) en un teléfono inteligente. Según cifras de la Asociación alemana de Tecnologías de la Información, Telecomunicaciones y Nuevos Medios (Bitkom), una de cada dos personas cambia su teléfono móvil por un nuevo modelo después de doce meses. Solo uno de cada seis utiliza su smartphone durante más de dos años.
¿Y cuándo no lo usamos más? Antes de regalarlo, venderlo o reciclarlo se recomienda considerar las diferentes opciones que ofrece un móvil viejo.
Por ejemplo, cuando estamos fuera de casa. Ya sea en bicicleta, a pie o en el coche, un móvil en desuso puede ofrecer excelentes servicios como sistema de navegación.

Una vez descargado el material cartográfico, podemos utilizarlo sin una conexión a Internet y sin necesitar una tarjeta SIM o datos móviles.
Esta posibilidad la ofrecen aplicaciones móviles como “Komoot”, “ApeMap” o “Outdooractive”, que se recomiendan para excursiones en bicicleta y a pie, así como el universal visualizador de mapas y servicio de navegación “OsmAnd”.
Lo único que se necesita es un soporte estable para el manubrio o el parabrisas, disponible en el mercado por poco dinero.
La oferta de aplicaciones de navegación para el uso sin conexión a Internet en el coche también es amplia. Algunas de ellas son “MapFactor”, “Sygic”, “Maps.me“, “Here we go” o simplemente “OsmAnd”.
Por lo general, estos servicios también ofrecen modos para peatones o ciclistas. En la mayoría de las aplicaciones, el uso básico gratuito, solo algunos mapas, actualizaciones o la ausencia de publicidad son de pago.
Alexander Kuch, experto del portal alemán de telecomunicaciones “Teltarif.de“, recomienda utilizar un cargador de coche y llevar un cable USB permanentemente en el vehículo para no quedarse sin batería en medio del camino. Para ello no es necesario utilizar el mechero de 12 voltios, ya que la mayoría de los coches nuevos ya tiene enchufes USB.

Si se tiene pensado utilizar el móvil antiguo con una tarjeta SIM, se puede recurrir directamente a Google Maps o al material cartográfico de Apple. La ventaja de estar conectado a Internet es que el servicio muestra también atascos y otros obstáculos en la circulación y los tiene en cuenta en el trazado de la ruta.
El contrato de telefonía móvil extra para un móvil viejo no tiene por qué ser caro: “Las tarjetas de prepago recargables cuestan menos de diez euros por cuatro semanas”, explica Kuch.
Las tarjetas de prepago también son muy útiles en las vacaciones familiares: un teléfono inteligente descartado puede utilizarse como punto de acceso WLAN móvil, de modo que todos los miembros de la familia pueden navegar en Internet, chatear y ver películas independientemente de los contratos de telefonía móvil que cada uno tenga.
Kuch explica que, para que esto funcione, hay que activar la función “Hotspot” en los ajustes. La cantidad de datos que se pueden consumir depende de la modalidad de contrato que se tenga: si se pertenece a la categoría de “gran consumidor”, los operadores pueden limitar el uso de datos en otros países de la UE una vez sobrepasado el así llamado “consumo responsable”.
El smartphone desechado también puede hacer las veces de “dashcam”, o cámara de salpicadero, para grabar accidentes y facilitar pruebas que eviten problemas legales. Para ello existen en el mercado diversas aplicaciones.
En las cortes alemanas los vídeos de estas pequeñas cámaras son admisibles como evidencia. En otros países de la Unión Europea está prohibido su uso y no se les reconoce validez en un pleito.
En caso de utilizar el teléfono como “dashcam”, Alexander Kuch recomienda: “Es necesario verificar si la grabación se inicia por sí sola o si hay que hacerlo manualmente y cerciorarse de que la aplicación guarde automáticamente un accidente registrado o bien de que sobrescriba las grabaciones si no ha sucedido ningún percance”.
Los accidentes no son el único riesgo. Los coches también corren el riesgo de ser robados. En caso de que esto ocurra, el vehículo se puede rastrear fácilmente con un teléfono inteligente, siempre que la tarjeta SIM esté activa, el dispositivo esté escondido en el coche y conectado a una fuente de energía.
Según Koch, para el rastreo del vehículo basta la tecnología de localización y seguimiento incorporada en los dispositivos con Android (“Encontrar mi dispositivo”) o iOS (“Buscar mi dispositivo”).
“Hay aplicaciones especiales para el rastreo, pero no sirven para el coche y están pensadas más bien para localizar mascotas perdidas”. El experto añade que, por razones de privacidad, el servicio de localización debe ser activado manualmente.
Hay también aplicaciones que convierten la pantalla del smartphone en un disco de aparcamiento, utilizado en algunos países de Europa para estacionar por un tiempo limitado en determinadas zonas libres de pago. La normativa europea, sin embargo, no reconoce la validez de estas aplicaciones y penaliza su uso.

Una opción para quienes quieran deshacerse definitivamente del móvil son las organizaciones medioambientales e instituciones de caridad.
Estas se hacen cargo de los dispositivos y los envían a delegaciones en el extranjero o los venden a servicios de reciclaje, explica el experto en medio ambiente Philip Heldt, del centro de asesoramiento al consumidor de Renania del Norte-Westfalia.
Y por supuesto: “Como en el caso de todos los demás electrodomésticos, los centros de reciclaje también aceptan teléfonos móviles viejos, al igual que la mayoría de las tiendas de teléfonos móviles”.
Según cifras de Bitkom, el 41 por ciento de los que ya se han deshecho de un teléfono móvil antiguo han llevado el aparato en cuestión a un punto limpio. Solo el uno por ciento de ellos indica haber eliminado el dispositivo en los contenedores de residuos domésticos.



