
Tras el asesinato de George Floyd por parte de la policía de Minneapolis, Nandi Zavala instó a sus seguidores de Instagram a firmar peticiones y asistir a las protestas de Black Lives Matter.
Como mujer negra, Zavala sintió la responsabilidad personal de hacer esto. Como mexicoamericana, también estaba ansiosa: ¿Pensaría el lado latino de su familia que estaba ignorando a su otra mitad?
Zavala, cuya madre es negra y su padre es de México, buscó en Instagram infografías a favor de la inmigración y cualquier otra cosa que pudiera compartir para demostrar su solidaridad con los latinos.
Sintió una presión interna para “equilibrar” sus publicaciones en redes sociales.
“Quiero que la gente sepa que yo soy estas cosas, y estoy orgullosa de ser estas cosas, porque todas han dado forma a lo que soy como persona ahora”, dijo Zavala, de 21 años, una estudiante que se tomó el semestre libre por la pandemia.
Zavala y otras personas de ascendencia negra y latina han estado realizando este acto de malabarismo cultural toda su vida. Ahora, con una crisis de salud pública y otra de brutalidad policial, las luchas compartidas, así como los malentendidos, entre las dos culturas han pasado a primer plano.
Los desafíos que enfrentan los negros y latinos en esta época de enfermedad y protesta se superponen significativamente. El coronavirus los ha matado a tasas desproporcionadamente altas. La pobreza, las viviendas hacinadas y los problemas crónicos de salud ya eran más frecuentes en sus comunidades. Muchos han perdido sus trabajos o son trabajadores esenciales que enfrentan condiciones peligrosas.
En el Condado Los Angeles, también son los más afectados por la violencia policial: el 80% de los asesinados por las fuerzas del orden público en las últimas dos décadas eran negros o latinos.
Pero algunas personas de raza mixta dicen que el esfuerzo de toda la vida para cerrar la brecha entre sus dos mitades se ha intensificado en los últimos meses, particularmente para ayudar al lado latino a comprender lo que es ser negro.
Han respondido preguntas de familiares como, “¿por qué las protestas pacíficas se han vuelto violentas?”.
Con el nuevo enfoque en la responsabilidad racial, también están más decididos a abordar la lucha contra la negritud de algunos amigos y familiares, lo que puede requerir conversaciones como “no, no puedes decir la palabra N” y “deja de hacer comentarios ofensivos sobre mi cabello”.
La presión de explicar, y el dolor de ver a personas como ellos en tantas situaciones devastadoras, ha hecho que un momento estresante sea aún más estresante.
Y está la cuestión existencial de volver a sentirse en el medio: “¿Dónde encajo yo?”.
Con el matrimonio interracial en los EEUU en aumento, del 3% de las parejas en 1967, cuando la Corte Suprema de los EEUU decidió el histórico caso Loving, al 17% en 2015, más jóvenes están luchando con estos problemas.
Un cliente latino le dijo este verano a la madre mexicoamericana de Ebony Bailey, una estilista: “Sé que su esposo es negro y que sus hijos son negros… pero creo que la gente marcha por nada. La esclavitud fue hace mucho tiempo”.
Al crecer en la conservadora ciudad de Porterville, en el centro de California, que tiene dos tercios de latinos con pocos residentes negros, Bailey fue destacada por su piel oscura y rasgos negros. Trató de demostrarles a sus compañeros que ella también tenía raíces mexicanas.
Ahora, se siente validada por la cantidad de latinos que apoyan el movimiento Black Lives Matter. En la Ciudad de México, donde vive Bailey, ha asistido y hablado en protestas contra la brutalidad policial, donde la gente sostenía carteles que decían “Tu lucha es mi lucha”.
Según una encuesta del New York Times y Siena College, el 21% de los votantes latinos dijeron que marcharon en apoyo de Black Lives Matter, casi idéntico al 22% de los votantes negros que dijeron que así fue.
“Soy una encarnación de la unidad de negros y morenos”, dijo Bailey, de 29 años, una cineasta que anteriormente trabajó para The Times como productora web.
Conforme la pandemia de covid-19 se intensificó, Bailey se preocupó por sus padres, que aún viven en Porterville y tienen afecciones médicas subyacentes.
Su padre trabajaba en una fábrica de pollos antes de dejarlo por temor a su seguridad. Su madre estuvo desempleada durante varios meses antes de regresar a su salón en septiembre.
Con el bienestar físico y financiero de ambas culturas amenazadas al mismo tiempo, algunas personas mixtas se sienten doblemente golpeadas.
“Esa es la carga de ser negro y moreno”, dijo Bailey, de 29 años. “Si no es algo relacionado con la salud, entonces es algo relacionado con su economía. No estás en un lugar seguro durante la pandemia”.
Como Bailey, Zavala creció en una comunidad con pocas personas negras.
A menudo recibía comentarios sobre sus rizos apretados. “Parece que tienes arañas en el pelo”, dijo una vez un familiar.
Tuvo que explicarles a familiares y amigos latinos que el hecho de que fueran personas de color no significaba que tuvieran permiso para decir la palabra N, incluso cuando la intención no era racista.
Por el contrario, sus compañeros negros se preguntaron si había sido adoptada cuando su tía la recogió de la escuela en Lakewood.
Se encontró dando muchas más explicaciones este año.
Un primo dijo que no entendía por qué la gente entraba a las tiendas durante lo que se suponía eran protestas pacíficas.
Eso desencadenó una serie de discusiones, con Zavala explicando la génesis del movimiento. Si bien se trataba de George Floyd, también hubo dolor en la comunidad negra que se extendió por siglos, le dijo a su primo.
“Para alguien que no necesariamente entiende lo que es (ser negro y) ver a personas negras en los titulares todo el tiempo siendo asesinadas o heridas, se siente menos serio si no se puede relacionar”, dijo.
Después de aprender más sobre la brutalidad policial contra otras personas negras, incluido el asesinato de Breonna Taylor en Louisville, Kentucky, el primo le escribió a Zavala: “Lo entiendo. Es (un desastre) que esto siga sucediendo”.
Hay alegrías particulares que vienen con ser bicultural. Zavala señala su lista de reproducción, donde Megan Thee Stallion, rapera de Houston, y la banda de rock en español de Guadalajara, Maná, coexisten en armonía.
Pero los últimos meses han sido agotadores, entre la curaduría de sus publicaciones en las redes sociales para reflejar ambos lados de su herencia, explicar la lucha de los negros a los miembros de la familia latina y hacer un seguimiento de los desarrollos en ambos mundos.
Geron McKinley creció mezclado en el vecindario mayoritariamente negro y latino de Willowbrook, cerca de Compton, y reconoció un hilo conductor en sus dos culturas, que han sido oprimidas pero siguen orgullosas.
Pero algunos de los miembros de su propia familia no pudieron ver las similitudes. En ocasiones expresaron estereotipos delante de él, como si hubieran olvidado que él es de ambas razas.
Su respuesta habitual era recordarles sin rodeos que estaban hablando de él —y en el caso de la familia mexicana de su madre, algunos de sus primos que también son en parte negros.
“Como personas mixtas, es nuestro trabajo casi corregir a nuestra familia”, dijo McKinley. “Y si no corriges a tu familia, les permites perpetuar los estereotipos. Entonces eres parte del problema”.
En cuanto a las fuerzas del orden, las ven como una amenaza, sin importar cómo califiquen su raza.
En el área de Los Angeles, los oficiales latinos son comunes, y representan aproximadamente la mitad tanto del Departamento de Policía de Los Angeles como del Departamento del Alguacil del Condado Los Angeles. Pero hay relativamente pocos oficiales negros que patrullan vecindarios con grandes poblaciones negras, donde las relaciones con las fuerzas del orden son las más tensas.
“‘Es negro o mexicano. De cualquier manera, deténganlo'”, dijo McKinley, de 25 años, modelo y fundador de una marca de ropa y una organización sin fines de lucro llamada Concreet, que ofrece programas deportivos, artísticos, musicales y de emprendimiento para niños.
Después de los eventos de este año, McKinley está aún más decidido a apoyar las causas negras y latinas.
“Ahora más que nunca, incluso si siento que no soy lo suficientemente negro para ser negro o no soy lo suficientemente mexicano para ser mexicano, si cualquiera de los lados me necesita, entonces entonces ahí voy a estar”, dijo.
Para los padres de niños latinos y negros mixtos, transmitir el conocimiento y el orgullo por ambas culturas puede ser un desafío que ahora se siente aún más crucial.
Desde que nació su hija Soul hace 5 años, Alma Zaragoza-Petty y Jason Petty se han involucrado en una rivalidad de buen humor, reflejada en las decoraciones de las paredes —tanto máscaras africanas como estampados al estilo de la lotería— en su casa de Boyle Heights.
Zaragoza-Petty, de 38 años, que es mexicoamericana, asesora a estudiantes universitarios de primera generación. Petty, de 41 años, que es negro, es un activista y rapero con el nombre de Propaganda. Juntos, organizan “The Red Couch Podcast”, donde discuten temas que incluyen la justicia social y el racismo sistémico.
Puede que Soul sea demasiado joven para entender por qué la gente protesta en las calles, pero sus padres aprovechan cada oportunidad para subrayar la riqueza de su doble herencia.
“La realidad es que debe estar preparada para un mundo que va a tener algunos sentimientos y pensamientos hacia ella como una mujer latina negra mixta”, dijo Zaragoza-Petty.
En el Condado Los Angeles, que es casi 50% latino y 8% negro, el futuro puede parecerse a Soul.
La pareja también está criando a una hija de 15 años, Luna, que es latina de pleno derecho y de la relación anterior Zaragoza-Petty, con valores similares a los de su hermana pequeña.
Petty cree que el mundo verá a Soul como negra, a pesar de estar mezclada. Está haciendo Black Girl Magic —un movimiento iniciado por la influyente escritora de las redes sociales CaShawn Thompson que celebra la resistencia, la belleza y la alegría de las mujeres negras— una parte clave de su educación.
Mientras se preparaba para asistir a una protesta por la justicia racial con sus padres este verano, Soul hizo un letrero: un corazón y algunos garabatos. Se trataba del coronavirus.
“No quiero que nadie se enferme”, dijo.




