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Por JAKE COYLE

El “Superman” del año pasado terminó con Iggy Pop cantando “Because I’m a punk rocker, yes I am” —un remate irónico para un héroe superlativamente cuadrado. Pero para la prima de Superman suena, sin rodeos, totalmente cierto.

La Kara Zor-El de Milly Alcock, o Supergirl, no lleva un traje de licra sino una camiseta de Blondie. Cuando la conocemos en “Supergirl”, de Craig Gillespie, lleva días de juerga interestelar. Es más Courtney Love que Clark Kent.

Despreocupada y sarcástica, Kara también tiene un aire a Han Solo, podría decirse, dado que se mueve caprichosamente por la galaxia en su destartalada nave espacial mientras se mete en peleas en bares extraterrestres. Es una variación áspera y bienvenida frente a superhéroes más formales, y Alcock está estupenda en el papel. Ojalá “Supergirl” fuera tan buena como ella.

Aunque el más reciente estreno de DC, y el segundo bajo la tutela de James Gunn, tiene sus momentos, “Supergirl” batalla para igualar la energía punk rock de Kara con un reparto de apoyo y una historia igual de vibrantes.

El escepticismo parece haberse acumulado en torno a “Supergirl” antes de su estreno. Muchos fans han sostenido que no era el siguiente paso adecuado para el DCU. Pero no estoy tan seguro. El cameo desenfadado de Alcock en “Superman” fue uno de los puntos altos de esa película. Entregarle la continuación a ella, y a su fiel perro flotante Krypto, me parece un paso siguiente de lo más natural. Cuando haya dudas, sigue al perro.

Y gran parte de “Supergirl” resulta encantadora. Transcurre casi por completo en el espacio, y solo aterriza por momentos en la Tierra. Con su diseño de producción consistentemente creativo, sus acertadas canciones insertadas y su arco de historia de desvalido, “Supergirl” se ubica un poco más cerca de las películas de “Guardianes de la Galaxia” de Gunn que de otras entregas de DC. Su espacio exterior está lleno de detritos cósmicos, personajes mezquinos y criaturas adorables. Seth Rogen, como la voz de un diminuto alienígena que hace de copiloto en un autobús espacial, es una ocurrencia inspirada, al igual que un universo de ciencia ficción más mugriento, con paradas de descanso a lo largo de la autopista intergaláctica.

Kara, borracha y desaliñada mientras celebra su cumpleaños número 23, prefiere esos entornos aunque eso signifique que, debido a la distancia de un sol amarillo, sus poderes no funcionen. Pero por más que quisiera mantenerse fuera del radar de los superhéroes, Kara se ve obligada a actuar a regañadientes. Una joven, Ruthye Marye Knoll (Eve Ridley), cuya familia es asesinada por piratas espaciales conocidos como los Brigands, la recluta para vengar sus muertes. Kara no quiere saber nada del asunto, pero cuando el líder de los Brigands, Krem (Matthias Schoenaerts), envenena a Krypto, ella emprende la búsqueda del antídoto que cuelga del cuello de Krem.

Poco en la historia, escrita por Ana Nogueira e inspirada en la serie de cómics “Supergirl: Woman of Tomorrow”, te dejará boquiabierto por su originalidad. Pero es un vehículo lo bastante sólido, un wéstern, en realidad, con Kara interpretando el papel de pistolera a sueldo al estilo de John Wayne en “True Grit” (“Temple de acero”). Inevitablemente, conduce a Kara hacia una madurez superheroica, con flashbacks de Krypton que revelan las raíces del dolor que intenta ahogar en alcohol.

Menos ideales son algunos de los compañeros de Kara. Ruthye está demasiado sobria y obsesionada con la venganza como para resultar muy divertida. El cazarrecompensas de Jason Momoa, Lobo, que monta una motocicleta espacial y parece listo para cantar en una banda tributo a Kiss, es demasiado incluso para una película con un perro volador. Schoenaerts recorre la película con una sonrisa amenazante, con unos ojos agradablemente saltones. Pero ninguna característica del insípido Krem es tan interesante como su cara llena de tachuelas.

Sus toques metálicos y los adornos de pandilla de motociclistas de la película, por no mencionar una trama que incluye a “novias” atrapadas por los Brigands, integrados solo por hombres, sin duda harán pensar en “Mad Max”. Pero para crédito de “Supergirl”, la película a menudo se siente como si estuviera esforzándose por abrir terreno nuevo en el cine de superhéroes de gran pantalla. Al fin y al cabo, aquí se escuchan Modest Mouse y Jenny Lewis. Gillespie, quien hizo “I, Tonya” y “Dumb Money”, utiliza las cámaras IMAX con un efecto vívido, aunque su dominio del material no resulta convincente.

Sin embargo, no termina de aparecer el brío que la película necesita. Alcock hace todo lo posible por mantener a “Supergirl” en el aire, pero la perjudica demasiado lo que la rodea, la mayoría hombres, a decir verdad. Tal vez el error desde el principio fue sacar al perro de la historia. John Wayne, después de todo, siempre tenía su caballo.

“Supergirl”, un estreno de Warner Bros. tiene una clasificación PG-13 (que advierte a los padres que podría ser inapropiada para menores de 13 años) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por secuencias de violencia intensa, acción, lenguaje y consumo de tabaco. Duración: 107 minutos. Dos estrellas y media de cuatro.