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Por MARÍA VERZA y AARÓN IBARRA

CULIACÁN, México (AP) — Hay rincones de México de alta actividad de los cárteles donde el Mundial se vive de otra manera: con miedo.

Cientos de miles de mexicanos y turistas eufóricos han abarrotado plazas, calles y zonas de aficionados de las tres ciudades sede de la Copa del Mundo en el país —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— desde que comenzó el campeonato el 11 de junio.

Pero hay zonas del país donde las preocupaciones diarias pesan mucho más que la pasión por el fútbol o la alegría por la rápida clasificación de la selección mexicana en la primera fase eliminatoria.

Son pueblos donde las balaceras no dejan de repetirse. Ciudades pequeñas donde muchos gritos futboleros se ahogan entre cuatro paredes. Áreas rurales estranguladas por la extorsión donde solo los niños dan seguimiento a los logros de México o de sus ídolos Lionel Messi o Cristiano Ronaldo.

“Me gusta mucho el fútbol pero… estamos nerviosos”, contaba a The Associated Press un limonero desde Michoacán —uno de los estados donde hay más grupos criminales operando y luchando entre sí— a través de mensajes de audio, que luego borraba porque los cárteles pueden revisar los teléfonos. Pidió guardar el anonimato debido al miedo. Un rancho cercano había sido atacado con drones por el crimen organizado exactamente durante uno de los partidos de México.

“Otros años la gente se juntaba para ver los partidos, se hacían quinielas”, agregó. “Ahorita no, ahora hay que estar cuidando donde hay chingadazos (enfrentamientos). No hay una fiesta, hay hartazgo”.

Fútbol entre cuatro paredes

Más al norte, pero también en el Pacífico mexicano, Culiacán —la capital del estado de Sinaloa— es en estos momentos una de las ciudades más peligrosas del país. Está a 1.000 kilómetros (645 millas) al noroeste de Ciudad de México, pero un mundo las separa.

Aquí no se ve a la gente derrochando alegría por las calles con todo tipo de parafernalia mundialista —incluidas las playeras verdes que muchos colocaron a sus mascotas, fueran perros o patos.

Los residentes buscan espacios más discretos, se quedan en algunos bares específicos o van a casas de amigos para ver los partidos y olvidar un rato que su vida está marcada por lo que las dos facciones del Cártel de Sinaloa, enfrentadas desde hace casi dos años en una sangrienta batalla por el territorio, vayan a hacer al día siguiente.

José Miguel Taniyama, chef y dueño de un restaurante de esta ciudad de un millón de habitantes, confiaba en que el Mundial diera un empujón a su negocio después de este largo periodo de recrudecimiento de la violencia que ha provocado una gran crisis económica, con el cierre de negocios y la pérdida de casi 60.000 empleos, según cifras oficiales.

Para el partido inaugural, en el que México venció a Sudáfrica, Taniyama solo llenó dos mesas. La situación mejoró después, pero no como esperaba. “No tenemos lleno total ni tenemos los consumos como los teníamos” antes, afirmó. Además, lamentó que debido a la violencia, aunque los partidos acaban pronto “la gente se traslada rápidamente a sus hogares”.

Al otro extremo del país, en Poza Rica, una pequeña ciudad petrolera del norte del golfo de México donde también ha arreciado la violencia de los cárteles, las calles estaban vacías después de la victoria de México frente a Corea el pasado 18 de junio.

“Nadie salió a celebrar”, dijo Guillermo Núñez, comerciante y miembro de un equipo de fútbol local, que acompañó a un amigo a su casa después de ver juntos el partido.

Las fiestas de antes han desaparecido por miedo a salir de noche y mucha gente cercana está cambiando sus rutinas, explicó el joven de 28 años. Este año mataron a dos periodistas cerca de su casa. ”La violencia nos ha robado hasta eso, la ganas de salir a ver el futbol”.

Sheinbaum: “La gente está requetefeliz”

La presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una sonrisa constante al referirse al Mundial. Las presiones de Estados Unidos en temas económicos y de seguridad se mantienen, pero el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, se jactó de la gran colaboración lograda para garantizar la buena celebración del campeonato, que ha conllevado el despliegue de más de 100.000 fuerzas de seguridad mexicanas.

“La gente está feliz, feliz, feliz, feliz, requetefeliz”, dijo Sheinbaum la semana pasada. México, agregó el miércoles, está mandando al mundo un mensaje de “alegría, felicidad, emoción”.

Algunos reconocían que una de las razones de la euforia era olvidar temporalmente lo más doloroso de su país.

“Los mexicanos sabemos darle la importancia a una victoria porque hemos pasado muchos sucesos muy dolorosos y humanitariamente desastrosos”, dijo Juan Pablo de los Santos, un aficionado que celebró la victoria de México frente a los surcoreanos junto a miles de personas en Ciudad de México.

Resignarse o normalizar la violencia

En algunas de las principales ciudades de Tamaulipas —donde operan células del Cártel del Golfo, otras herederas de Los Zetas y el Cártel de Jalisco Nueva Generación— la población parece resignada a la violencia.

Una vecina de Miguel Alemán, en plena frontera con Texas, dijo que la situación en este pueblo a orillas del Río Bravo ha mejorado porque ahora las balaceras cerca de su casa ya no duran horas, sino “solo un ratito”. La mujer explicó vía telefónica y pidiendo el anonimato que ahora ya puede sentarse en la puerta de su casa a hablar con vecinos, algo que antes era imposible porque los grupos criminales se llevaban a quien vieran en las calles.

El gobierno mexicano asegura que la situación de seguridad del país ha mejorado y enfatiza sobre todo la reducción en las cifras de homicidios desde que Sheinbaum llegó al poder en octubre de 2024. De enero a mayo de este año ha habido una media de 50,4 asesinatos al día, la cifra más baja desde hace una década en ese periodo. En lo que va de junio, la tendencia continuó. La media diaria se situó en 39 asesinatos.

Nadie discute el descenso, pero los analistas recuerdan que el número de desaparecidos sigue en aumento y que, pese a los avances, hay muchos rincones del país en estado crítico.

“La misma gente que anda en el crimen organizado se pone a ver fútbol y en esos momentos (la situación) se tranquiliza un poco”, dijo Josías Ramírez, trabajador de una maquila de Matamoros, vecina con Brownsville. Pero recordó que la realidad de fondo no cambia. “El miedo a que pasen eventos sigue latente porque estamos en una sociedad fronteriza donde los crímenes siguen a la luz del día”.

Mil kilómetros al suroeste, en Uruapan, la ciudad de Michoacán cuyo alcalde fue asesinado hace casi ocho meses en plenas fiestas del Día de Muertos, cientos de jóvenes desafiaron al miedo en el segundo partido de la selección mexicana. “Pensé que era peligroso (salir) por todo lo que está pasando… pero ya después vi que había más gente y me dio confianza”, dijo María Luisa García, de 19 años.

Los más mayores, como Juan Carlos Mora, un fruticultor de Uruapan, optaban por ver el partido en familia. “Los chicos siguen aventándose… saben que eventualmente una persona va a estar metida en un problema junto a ellos… y probablemente mueran, pero les gusta la fiesta”, dijo. “Todos los días va a ser lo mismo, nomás hoy no me tocó a mí. Mañana, ¿quién sabe?”.

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Verza reportó desde Ciudad de México. Los periodistas de Associated Press Alba Alemán, desde Xalapa, Veracruz; Alfredo Peña, desde Ciudad Victoria, Tamaulipas; y Armando Solís, desde Uruapan, Michoacán, contribuyeron a este despacho.