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Ryan O'Hearn (29), de los Piratas de Pittsburgh, celebra un jonrón de tres carreras ante el lanzador abridor de los Bravos de Atlanta, Hurston Waldrep, durante la tercera entrada de un partido de la MLB, el martes 7 de julio de 2026, en Pittsburgh. (Foto AP/Philip G. Pavely)
Ryan O’Hearn (29), de los Piratas de Pittsburgh, celebra un jonrón de tres carreras ante el lanzador abridor de los Bravos de Atlanta, Hurston Waldrep, durante la tercera entrada de un partido de la MLB, el martes 7 de julio de 2026, en Pittsburgh. (Foto AP/Philip G. Pavely)
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El primera base de los Pirates de Pittsburgh, Ryan O’Hearn, ha estado jugando béisbol casi toda su vida. Nunca el bateador zurdo había tenido un partido como el de la victoria del martes por 12-4 sobre Atlanta.

Ni en las ligas infantiles. Ni en la secundaria. Ni en Sam Houston State. Ni en las ligas menores. Ni en Baltimore. Ni en San Diego. Nunca.

Tres jonrones. Diez carreras impulsadas. Una noche mágica que incluyó un inusual saludo al público y terminó con su casco de bateo rumbo a Cooperstown.

Los Piratas han estado jugando béisbol desde 1882. Ningún jugador en 145 temporadas había impulsado 10 carreras en un partido.

Un grand slam en la primera entrada y un jonrón de tres carreras en la tercera ante el abridor de los Bravos, Hurston Waldrep, y otro batazo de tres carreras ante el relevista de Atlanta, Connor Thomas, en la sexta cambiaron todo eso, al romper el récord del club de carreras impulsadas en un solo juego, que era de nueve y que Johnny Rizzo había establecido contra San Luis el 30 de mayo de 1939 —apenas 54 años antes de que naciera O’Hearn, hoy de 32 años.

Las 10 carreras impulsadas también fueron la mayor cifra en las Grandes Ligas por un jugador esta temporada, y O’Hearn se convirtió en el undécimo pelotero de Grandes Ligas desde que las carreras impulsadas se convirtieron en una estadística oficial en 1920 en registrar al menos tres jonrones y 10 impulsadas en un juego, y el primero desde que la estrella de los Dodgers Shohei Ohtani lo hizo contra Miami en septiembre de 2024.

“Me lanzaron algunos buenos pitcheos para batear y después del tercero pensé: ‘Caray, ¿en serio? Supongo que hoy me tocaba a mí’”, comentó O’Hearn.

En más de un sentido. Cuando O’Hearn le conectó un jonrón a Thomas para llevar su total de impulsadas a 10, también fue el jonrón número 100 de su carrera de nueve años.

Nada mal para alguien que explotó relativamente tarde, que no llegó a las Grandes Ligas hasta los 25 y no fue All-Star sino hasta la temporada pasada, justo después de cumplir 31.

Los Piratas vieron lo suficiente como para firmarlo por dos años en la temporada baja, su primera inversión multianual en un agente libre en casi una década. O’Hearn ha asumido el papel de líder del clubhouse en un equipo que intenta llegar a la postemporada tras más de 10 años en el desierto.

Sus 16 jonrones están a uno de su máximo personal de 17, fijado la temporada pasada, y su noche de récord llegó apenas horas después de que Pittsburgh perdiera por dos meses al campocorto novato Konnor Griffin por una lesión en la mano izquierda.

“Vamos a seguir dándole. Tenemos buenos jugadores”. afirmó O’Hearn.

O’Hearn es uno de ellos. El mánager de los Piratas, Don Kelly, quería darle descanso a O’Hearn al final, con Pittsburgh cómodamente arriba, pero no quería hacerlo a costa de quitarle a O’Hearn la oportunidad de hacer historia.

Así que O’Hearn fue al plato en la novena, buscando convertirse en el vigésimo segundo jugador en conectar cuatro jonrones en un partido. Cuando miró hacia el montículo, no pudo evitar sonreír al ver al infielder dominicano de los Bravos, Jorge Mateo, a quien O’Hearn llamó un “buen amigo”.

Atlanta recurrió a Mateo para darle un respiro al bullpen en una paliza, y Mateo logró lo que Waldrep y Harris no pudieron: mantener a O’Hearn dentro del parque, aunque no fuera de las bases. O’Hearn pegó un sencillo al jardín derecho para completar una noche de cuatro hits y darle a los Piratas su tercera victoria consecutiva, mientras el as Paul Skenes consiguió su primer triunfo en casi dos meses.

No es que Skenes quisiera hablar mucho del tema. Por una vez, su actuación no fue la historia, aunque no pudo evitar divertirse un poco a costa de su compañero.

“Creo que fue un poco egoísta, la verdad. Todos los demás se estaban embasando y, bueno, los jonrones matan los rallies. Pegas un jonrón de tres carreras o un grand slam y es como, ¿y ahora qué? No hay nadie en base. Nadie puede impulsarlo. Bien por él, supongo”, soltó Skenes con ironía.

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Deportes AP: https://apnews.com/hub/deportes