
Por ABBY SEWELL y BASSEM MROUE
BEIRUT (AP) — Un acuerdo entre Líbano e Israel fue presentado como un paso que allanaría el camino hacia la paz. Pero en Líbano está profundizando divisiones de larga data y avivando temores de parálisis política o incluso de un regreso a la guerra civil.
El acuerdo, negociado con la mediación de Estados Unidos, contempla una retirada de tropas israelíes del Líbano y un eventual acuerdo de paz entre ambos países que técnicamente siguen en estado de guerra casi 80 años después de la creación de Israel. Pero el pacto establece que una retirada israelí total ocurrirá solo después de que Hezbollah sea desarmado, lo que enfureció al grupo armado respaldado por Irán.
El gobierno libanés y Hezbollah han intercambiado duras acusaciones, y simpatizantes del grupo armado han bloqueado carreteras principales en protesta. Un legislador de Hezbollah advirtió que el país se hundiría en una guerra civil si el gobierno intenta imponer el desarme del grupo.
Las tensiones han reavivado recuerdos de la devastadora guerra civil libanesa de 1975-1990 y han recordado a muchos los enfrentamientos más recientes de 2008 entre hombres armados de Hezbollah y combatientes progubernamentales. También han planteado serias dudas sobre si el acuerdo mediado por Estados Unidos podrá ser implementado.
Una reanudación de la guerra entre Estados Unidos e Irán complicaría aún más las perspectivas del acuerdo y elevaría el riesgo de un conflicto renovado entre Israel y Hezbollah.
Se espera que el acuerdo encabece la agenda cuando el presidente libanés Joseph Aoun vaya a la Casa Blanca el 21 de julio.
Las raíces del acuerdo
El panorama político del Líbano lleva más de dos décadas dividido entre una coalición respaldada por Occidente y otra apoyada por Irán y liderada por Hezbollah. Ambos bandos consideran existencial el resultado del nuevo acuerdo.
La guerra más reciente entre Israel y Hezbollah estalló en marzo, desencadenada por la guerra conjunta de Estados Unidos e Israel lanzada contra Irán días antes.
Hezbollah, que entró en el conflicto sin buscar la aprobación del gobierno, ha intentado vincular el fin de su guerra contra Israel al resultado de conversaciones más amplias entre Estados Unidos e Irán. El gobierno libanés, que busca minimizar la influencia de Irán, procuró mantener separadas ambas vías y negociar un alto el fuego directamente con Israel.
El acuerdo Líbano-Israel cambió la situación
El bando pro-Hezbollah se mostró eufórico cuando el acuerdo de alto el fuego entre Irán y Estados Unidos pidió explícitamente el fin de la guerra en Líbano.
Eso condujo a una tregua que ha reducido sustancialmente la intensidad de los combates entre Israel y Hezbollah. Pero Israel sigue ocupando amplias franjas del sur del Líbano, y cientos de miles de personas continúan desplazadas de aldeas y barrios urbanos que han quedado casi totalmente demolidos.
La vinculación con el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán fue vista ampliamente como un impulso a la posición de Hezbollah y como un afianzamiento de la influencia de Irán sobre Líbano.
Pero días después, la situación se invirtió cuando Israel y Líbano anunciaron en Washington su “acuerdo marco” del 26 de junio. Ese pacto condicionó la retirada de las fuerzas israelíes al desarme de Hezbollah en todo el país.
Rivales libaneses se enfrentan por el acuerdo
Funcionarios del gobierno libanés han celebrado el acuerdo como un paso hacia la liberación de zonas ocupadas del sur y para permitir que los desplazados regresen.
Pero, como Israel no ha dado un calendario para su retirada, Hezbollah y sus simpatizantes han acusado al gobierno de aceptar una ocupación israelí indefinida.
Partidarios de Hezbollah protestaron y bloquearon carreteras en Beirut. Algunos quemaron pancartas con el lema “Líbano Primero”, visto como una pulla contra el grupo respaldado por Irán. El líder del grupo, Naim Kassem, calificó el acuerdo de “humillación” y afirmó que Hezbollah no lo respetará.
Hasán Fadlala, un influyente legislador de Hezbollah, fue aún más lejos al sostener que el gobierno “no podrá implementar el acuerdo firmado en Washington a menos que vayan, con apoyo estadounidense, a una guerra civil”.
Esa retórica trajo de vuelta recuerdos de mayo de 2008, cuando el gobierno decidió desmantelar la red de telecomunicaciones de Hezbollah. El grupo envió hombres armados a las calles y se produjeron intensos enfrentamientos con combatientes progubernamentales en Beirut y otros lugares. El gobierno se vio obligado a anular su decisión.
Ahora Hezbollah exige que el gobierno derogue su decisión del 2 de marzo, que consideró ilegales las actividades militares y de seguridad de Hezbollah.
El primer ministro libanés Nawaf Salam afirma que el acuerdo con Israel restaurará la soberanía del Estado sobre todo el país y ha rechazado la retórica de Hezbollah.
“No busco una confrontación con Hezbollah, pero ni yo ni nadie en el gobierno aceptará ser chantajeado por Hezbollah”, declaró Salam recientemente a la cadena local LBC TV.
Mientras tanto, el acuerdo sigue estancado
Por ahora, no hay señales de que las amenazas verbales deriven en violencia, en gran parte porque el acuerdo está estancado.
Israel y Líbano han acordado establecer dos “zonas piloto” en las que el ejército israelí debe ceder el control al ejército libanés después de despejar las áreas de cualquier presencia de Hezbollah.
Salam ha dicho que la implementación podría comenzar pronto. Pero sobre el terreno ha habido poco movimiento.
“No hay un calendario para la retirada ni para nada más”, manifestó un funcionario militar libanés, que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado a comentar públicamente. Indicó que el ejército no ha recibido información sobre cuándo o cómo avanzará la retirada israelí.
Las zonas piloto iniciales anunciadas por funcionarios libaneses e israelíes incluyen las localidades de Froun, Ganduriye y Zawtar. Las tropas israelíes no estaban presentes en la mayor parte de esa zona desde el inicio, lo que plantea dudas sobre cómo podría producirse una retirada. El funcionario señaló que el ejército libanés había presionado para que las zonas piloto fueran más grandes e incluyeran más territorio ocupado por fuerzas israelíes.
Un funcionario militar israelí, que habló bajo condición de anonimato conforme a las normas de información previa, indicó que el ejército aún espera instrucciones del liderazgo político sobre cuándo se llevará a cabo la retirada.
Se perfila un posible estancamiento político
Líbano tiene un historial de violencia política, pero su sistema sectario de reparto del poder, dividido entre musulmanes chiíes y suníes, cristianos y drusos, también ha sido propenso al bloqueo.
El poderoso presidente del Parlamento, Nabih Berri, aliado de Hezbollah, ha advertido que el acuerdo “no pasará y no se implementará en su forma actual”.
Wissam Lahham, profesor de derecho constitucional en la Universidad St. Joseph de Beirut, explicó que, según la Constitución libanesa, un tratado no es jurídicamente vinculante hasta que sea ratificado por una mayoría de dos tercios del gabinete del país. No se ha programado una votación del gabinete. Lahham añadió que no está claro si el tratado requeriría aprobación parlamentaria, otro posible obstáculo.
Kassem, en un discurso el miércoles, dirigió un mensaje al gobierno.
“En última instancia, no se aprobará ni una sola cláusula del acuerdo marco, y no habrá nada que puedan hacer al respecto”, afirmó.
Michael Young, editor sénior del Malcolm H. Kerr Carnegie Middle East Center en Beirut, apuntó que el deseo del gobierno libanés de mantener al Líbano al margen de las negociaciones con Irán por razones de soberanía nacional era correcto “en principio”, pero irrealista en la práctica.
“No se puede llegar a ningún tipo de solución respecto de Hezbollah a menos que Irán esté de acuerdo”, sostuvo. “Los iraníes no renunciarán a Hezbollah y, al mismo tiempo, los libaneses no están dispuestos a entrar en un conflicto armado con Hezbollah”.
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El corresponsal Josef Federman contribuyó desde Jerusalén.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.




