Castigos modestos y falta de tratamiento permiten que un hombre victimice a los niños una y otra vez
Por Gary Marx y David Jackson
El Nissan Altima rojo de Jeffrey Jewitt cortaba por las calles aledañas del noroeste de Chicago hasta que vio a su presa: Crystal Landa, de 11 años, caminaba sola de la primaria St. Constance.
La calle arbolada estaba vacía. Su mochila rosa balanceaba en su espalda y ella estaba concentrada en un libro.
Sigilosamente, Jewitt puso su sedán en la salida de un callejón para bloquear el paso, echó en reversa unos pies hasta quedar oculto, y esperó.
Cuando Crystal llegó al callejón, el Nissan de Jewitt aceleró para cortarle el paso.
“Ven, quiero mostrarte algo”, ordenó Jewitt a través de la ventanilla del pasajero.
La esbelta niña miró al fornido hombre de 27 años. Ella pudo ver que él no traía pantalones y que se acariciaba a sí mismo.
Crystal se paralizó por un momento. Cuando Jewitt quitó el seguro de las puertas, ella salió corriendo por el callejón. Jewitt puso reversa y salió como bólido tras ella.
“¡Ayúdenme! ¡Alguien me quiere agarrar!”, gritó Crystal. Ubicó un garaje abierto donde una pareja de ancianos echaban a andar su auto y ella llamó su atención.
Jewitt frenó de golpe y luego huyó.
El breve pero angustioso tropiezo de Crystal en octubre de 2008 -capturado en video por una cámara de vigilancia de un vecino y contado a través de reportes policiales y entrevistas con la joven víctima- fue sólo un episodio en la larga y turbulenta historia de crímenes contra niños de Jewitt.
Castigos leves y la falta de tratamiento permiten a un agresor reincidente permanecer en las calles conforme su comportamiento se hace más agresivo y su récord criminal aumenta.
La historia de Jewitt es emblemática de los muchos acosadores infantiles que siguen libres en Chicago y los suburbios del Condado de Cook, dejando frustradas y desprotegidas a las familias de las víctimas. Una investigación de Tribune documentó 530 reportes policiales de intento de rapto de un niño por parte de un extraño desde 2008, pero sólo 30 fueron enjuiciados.
Ramiro Landa, técnico en control de calidad de una fábrica y padre de Crystal, dijo que estaba indignado tras enterarse por los reporteros del pliego de abusos por parte de Jewitt -y decepcionado con la forma en que las autoridades manejaron el caso de su hija.
“Él salió de prisión luego de cinco o seis meses -eso no es suficiente para alguien con un historial como el suyo”, señaló Landa. “Debió permanecer preso”.
Jewitt, quien ahora tiene 29 años, dijo al Tribune que está en tratamiento y espera una segunda oportunidad en la vida que comenzó con sus sueños de ser estrella del hockey.
“Lo que hice horrible y erróneo”, dijo a través del mosquitero de la puerta de la casa de sus padres en un suburbio del noroeste.
En una conversación telefónica posterior, Jewitt se preguntó si su comportamiento anormal hubiera acabado si una corte lo hubiera obligado a asistir a tratamiento intensivo para agresores sexuales luego de su primera condena en 2003.
“Quizá si hubiesen sido un poco más estrictos con migo la primera vez-” comenzó Jewitt antes de hacer una pausa y decir: “Eso hubiera, pudiera, debiera, y no lo sabremos”.
Un muchacho cuidado
Jewitt, un muchacho fortachón, era un defensa sobresaliente en el quipo de hockey de la secundaria Maine West, conocido por proteger a sus compañeros.
A los 21 años, cuando se preparaba para estudiar derecho en la Universidad Southern New Hampshire, trabajó en mantenimiento para la ciudad de Des Plaines, donde su padre era un custodio a medio tiempo en el Departamento de Policía y su madre era una secretaria para varios departamentos municipales.
Mientras hacía su trabajo para el Distrito de Parques, Jewitt fue arrestado en julio de 2003 cuando atrajo a una niña de 5 años en el campamento Lake Opeka hacia una covacha y le preguntó que si quería ver “algo padre”.
Una vez en la covacha, Jewitt le pidió a la niña que abriera la boca y cerrara los ojos, según documentos de la corte. La niña, asustada, “lo vio bajarse el cierre de los pantalones” y ella gritó “¡No!” y salió corriendo, dice el reporte policial.
Jewitt dijo a la Policía que lo que quería era mojar a la niña con una manguera. “Se suponía que esto (fuera) una broma y fue sacado de toda proporción”, escribió Jewitt en la declaración policial.
En Illinois es un crimen atraer o intentar atraer a un niño menor de 16 años hacia un edificio o vehículo sin el consentimiento del padre o guardián del niño. Pero Jewitt fue acusado sólo de cargos menores de conducta desordenada.
“Ellos creyeron su historia”, dijo el padre de la niña de 5 años en entrevista con el Tribune.
James Prandini, jefe de la Policía de Des Plaines, dijo que su departamento acusó a Jewitt con todo el peso de la ley. La Policía no estaba segura de que la niña de 5 años vio las partes privadas de Jewitt, dijo Prandini, así que el crimen “no podía ser tratado como agresión sexual… Hicimos lo que pudimos con la evidencia”.
Indignado y con la sospecha de que su hija no era la única víctima de Jewitt, el padre incluyó un artículo en el boletín vecinal.
Otro padre suburbano lo contacto y describió una experiencia similar que involucraba a su hija de 4 años, según un reporte sobre Jewitt por parte de un sicólogo nombrado por la corte. En una pista de patinaje de Glenview, donde Jewitt trabajaba, éste supuestamente se exhibió a la niña.
Jewitt nunca fue acusado en el caso de la pista de hielo. Los documentos de la corte muestran que dijo al sicólogo que la familia de Glenview no quiso presentar cargos.
Cuando el caso del campamento iba a juicio, Jewitt se declaró culpable de conducta desordenada y en septiembre de 2003 fue sentenciado a un año de supervisión en corte y se le ordenó evitar cualquier contacto con niños. Sin embargo, no se le pidió registrarse como agresor sexual o asistir a un programa especializado de probatoria para agresores sexuales adultos, el cual impone más restricciones y un escrutinio más intenso en condenas que la probatoria regular.
“No fue suficiente para lo que está mal en él”, dijo el padre de la niña al Tribune. “Convenció a todos quienes lo han visto de que no hay nada sexual en esto”.
Entre aquellos que Jewitt convenció está Richard Saul, especialista en comportamiento pediátrico, quien concluyó en una evaluación de la corte en abril de 2004 que los encuentros en la pista de patinaje y en el campamento no fueron sexualmente motivados.
“Ninguno de los incidentes involucró nada de naturaleza sexual”, escribió Saul en su reporte a la corte. “En el segundo incidente, fue indebido pedirle a la niña que viera mientras el tomaba la manguera para mojarla”.
A través de un asistente, Saul dijo que no haría comentarios.
Las niñas, ‘riesgo menor’
Sólo cuatro semanas después del reporte de Saul, Jewitt fue arrestado otra vez, esta ocasión por atraer y exhibirse ante una niña de 10 años de Des Plaines que iba en un patín en una calle tranquila en torno al lago Opeka, en Des Plaines.
Jewitt manejó su auto hasta la niña y se detuvo junto a ella, indican los reportes policiales. Logró que se acercara para preguntarle si había visto a su perro. La niña se acercó lo suficiente para ver dentro del auto. Ella gritó cuando vio a Jewitt sosteniendo sus genitales, y huyó, dice el reporte policial.
La Policía detuvo a Jewitt. Cuando la niña lo identificó, ella “comenzó a temblar y luego a llorar”, dice el reporte.
Jewitt confesó y dijo a la Policía que se exhibía porque “disfruto exponerme en público, pero no porque tenga fascinación por las niñas”. Jewitt dijo que se enfocaba en las más jóvenes porque “es menos probable que me atrapen”, según el reporte.
“Luego de hablar con mi padre y ver que necesito ayuda, decidí decir (al detective) la verdad”, dijo a la Policía en una declaración.
Pero Jewitt se “mostró evasivo” cuando el detective lo interrogó sobre otros dos episodios similares que ocurrieron un mes antes cerca de una primaria en Des Plaines. Jewitt dijo que “no quería ser implicado en otro incidente pero reconfirmó que nunca intentó lastimar a ninguno de esos niños”, dice el reporte del detective.
Preguntado sobre si se habría expuesto a los niños en más de 20 ocasiones, Jewitt “declaró que prefería no comentar… pero dijo que no creía que hubiese sido más de 20 veces”.
En agosto de 2004, Jewitt fue sentenciado a 12 meses de supervisión en corte por cargos menores de indecencia pública. Y se le ordenó nuevamente evitar el contacto con los niños, pero no se le requirió registrarse como agresor sexual.
En los siguientes tres años, Jewitt asistió a evaluaciones periódicas en corte en las que los consejeros intentaron fomentar simpatía por sus víctimas y lo forzaron a ser honesto sobre sus poderosas y anormales coacciones -todas estrategias normales para tratar a los agresores sexuales.
Jewitt asistió a terapia de grupo y brevemente tomó medicina que “redujo sus urgencias”, pero dejó rápido la medicina, según documentos de la corte. Su probatoria sería extendida hasta 2007 conforme los terapistas cuestionaron su honestidad y Jewitt reconoció que continuó siguiendo niñas y despertó en él fantasías sobre niños, según documentos de la corte.
Un reporte de progresos de 2006 lo describen como un “hombre inteligente” quien “admitió seguir involucrado en comportamientos anormales de alto riesgo sexual, y sigue siendo un peligro para la comunidad”.
Obligado a someterse al detector de mentiras, a Jewitt se le preguntó si se masturbó en lugares públicos. Inicialmente lo negó, lo admitió haberlo hecho en su auto, según un reporte de la corte de 2007. Cuando se le preguntó si había obtenido pornografía infantil, Jewitt rehusó responder la pregunta.
Aún así, la supervisión en corte de Jewitt concluyó satisfactoriamente en junio de ese año.
Dieciséis meses después de eso, a eso de las 3:15 de una tarde soleada de octubre de 2008, el auto de Jewitt fue detectado por una cámara de seguridad de una casa cuando acechaba a Crystal Landa en el vecindario de Jefferson Park
Temerosa de salir
La Policía de Chicago llegó rápido a la casa de Crystal, pero Jewitt había desaparecido. Todo lo que la Policía tenía era la descripción que les dio Crystal del atacante y el video de la cámara de seguridad que gravó el Altima 2006 con un “spoiler” inusual sobre las ventanillas, pero sin una clara imagen de las placas.
Un mes después, el 17 de noviembre, Jewitt atacó de nuevo en el noroeste de Chicago. Jewitt uso su caro para acechar y bloquear repentinamente el paso a una niña de 12 años que caminaba a casa desde la escuela.
“¿Quieres venir conmigo?”, preguntó Jewitt dos veces a la niña, según documentos de la corte y una entrevista con Christos Koungoulos, padre de la niña.
La niña vio a Jewitt temblar como si se masturbara. Ella llamó a su padre por su celular mientras huía y gritaba “¡Baba! ¡Baba! ¡Alguien me agarra!”.
“Pensé que mi corazón se detenía”, contó Koungoulos, inmigrante griego y empleado de mantenimiento, mientras negaba con la cabeza y lloraba al recordar que salió corriendo para salvar a su hija”.
Pero otra vez, Jewitt desapareció.
El 5 de enero de 2009, Ralph Benavides, detective de Chicago, estaba fuera de servicio cuando vio un auto que le recordó el del video y que avanzaba y retrocedía “de manera sospechosa” cerca de una primaria católica en el norte de la ciudad, cuando los estudiantes salían de clase, según el reporte policial.
Benavides revisó las placas y la Policía arrestó a Jewitt.
Cuando fue interrogado sobre los dos intentos de rapto recientes, Jewitt “o lo negó o permaneció callado”, dice el reporte policial.
Cuando a Crystal y a la otra niña se les pidió identificarlo, ambas “se mostraron agitadas y declararon sentir temor de seguir”, pero se recuperaron, dice el reporte. Ambas identificaron a Jewitt.
En julio de 2009, Jewitt se declaró culpable de rapto infantil y explotación sexual de un niño en incidentes separados. Sentenciado a medio año en prisión y 30 meses de probatoria, Jewitt fue finalmente requerido para registrarse como agresor sexual y recibir tratamiento intensivo en el programa de probatoria de agresores sexuales del Condado de Cook.
No obstante, la sentencia no eliminó el coraje y dolor que aún permanece en las víctimas y sus familias
Koungoulos dijo que ese año sólo permitió que su hija caminara sola de la escuela a la casa. “La dejé sola y vean lo que pasó. Estoy devastado”.
Crystal Landa dijo que tuvo pesadillas recurrentes y por meses batalló para reunir el coraje y salir de su casa. “Siempre siento miedo de caminar sola, temo salir por mi cuenta”, dijo Crystal.
Su padre, Ramiro Landa, dijo que le enseñó a Crystal a mantener el celular a la mano y caminar en medio de la banqueta, nunca cerca de las paredes -y más importante, compartir cualquier preocupación con sus padres.
“Hablamos mucho con ella para hacerla sentir segura”, dijo Landa. “Los niños viven siempre con ese trauma”.
Ramiro Landa agregó que los pares y las comunidades necesitan unir esfuerzos para proteger a las víctimas de los agresores sexuales, y exigió más responsabilidad a las autoridades. “Los padres debemos unirnos”, dijo. “Debemos decir: Ya basta. No queremos que esta gente arruine la vida de nuestros niños”.
En octubre, Jewitt estaba de regreso en corte luego de que las autoridades determinaron que violó su probatoria al no asistir a terapia, no obedecer las reglas de confinamiento en casa y por posesión de pornografía.
Jewitt dijo al Tribune que dejó de ir a consejería porque no tenía dinero y no podía pagarlas.
Vestido de traje y corbata a las afueras de la corte del Condado de Cook en 26th St. y California Ave., Jewitt se mostró amable mientras repetía que estaba asumiendo la responsabilidad por sus delitos.
Jewitt también dijo que en Chicago hay miles de agresores sexuales y preguntó “¿Por qué la toman contra mi?”.
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