Por Renee Maltezou
ATENAS, 24 dic (Reuters) – La dietista griega Reggina sab -a
que ten -a pocas opciones cuando su jefe le dijo que pod -a
mantener su empleo en un centro sanitario s ‘lo si acced -a a
recibir parte de su salario en negro.
Mientras Grecia se hunde m ¡s en la recesi ‘n y es casi
imposible encontrar trabajo, accedi ‘ d ‘cilmente el a +/-o pasado a
recibir un salario de 160 euros en efectivo y 700 en negro, lo
que permite a su empleador – en crisis – pagar menos a la
Seguridad Social.
A sus 26 a +/-os, Reggina se ha sumado al creciente n ?mero de
j ‘venes que dependen de un trabajo informal para capear la
crisis econ ‘mica que ha dejado a Grecia con una tasa de
desempleo juvenil del 56 por ciento, la m ¡s elevada de la
eurozona.
“No es s ‘lo una guerra psicol ‘gica, es un abuso”, dijo
Reggina, que al igual que otros no quiso dar su nombre completo
por la naturaleza ilegal de su trabajo.
“Mi contribuci ‘n a la Seguridad Social es m ¡s baja y no
puedo obtener un cr (c)dito porque mi salario es muy bajo. Pero nos
dicen que si hablamos de eso, perderemos nuestros trabajos”.
Los datos sugieren que el trabajo informal en Grecia – que
tiene una de las econom -as en peor estado de la eurozona – va al
alza r ¡pidamente, alimentado por empresas endeudadas que
intentan ahorrarse las aportaciones al Estado y por la
desesperaci ‘n entre quienes buscan empleos.
En la primera mitad del a +/-o, los trabajadores de la econom -a
sumergida representaban un 35 por ciento de los aproximadamente
30.000 nuevos empleos, seg ?n las comprobaciones del organismo
SEPE que inspecciona las firmas, cinco puntos porcentuales m ¡s
que en 2011. M ¡s de la mitad de ellos eran griegos y el 41 por
ciento, inmigrantes.
La mayor -a de ellos eran empleados en el sector de la
construcci ‘n o en negocios familiares como restaurantes, caf (c)s,
bares y tiendas. El n ?mero de aut ‘nomos en Grecia – otro
indicador del aumento del trabajo sumergido – se sit ?a ahora en
el 31 por ciento de los trabajadores, dos veces la media de la
eurozona, seg ?n el grupo de expertos con sede en Atenas IOBE.
“Cuando la recesi ‘n es tan profunda, los derechos laborales
son de los primeros que se sacrifican”, dijo el director de
SEPE, Michalis Kandarakis.
“Se vuelven menos importantes para el empresario”.
APROVECHARSE
Los sindicatos afirman que las empresas innovan tanto para
encontrar formas de reducir costes durante la crisis que algunas
compa +/- -as depositan los salarios pero luego piden que se les
devuelva parte del dinero unos d -as despu (c)s o pagan a sus
trabajadores en cupones de supermercado.
Argumentan que los esfuerzos de los prestamistas
internacionales de Grecia para aflojar la estricta legislaci ‘n
laboral s ‘lo ha hecho que las cosas empeoren, permitiendo a las
empresas usar contratos a tiempo parcial o flexible para pagar a
los trabajadores el m -nimo posible en n ‘mina y el resto bajo
cuerda.
“Muchas empresas, incluso las rentables, se est ¡n
aprovechando de las crisis para sacar dinero de ello”, dijo
Nikos Kioutsoukis, secretario general del sindicato del sector
privado GSEE.
“Las pol -ticas gubernamentales prescritas por los
prestamistas son equivocadas y obligan a los j ‘venes a ir a la
econom -a sumergida a buscar trabajo. El trabajo sumergido
quedar ¡ sin control si esto contin ?a”.
Estima que un 35 por ciento de los trabajadores griegos
cobran en negro de una u otra forma, con algunos aut ‘nomos
recurriendo a ello para evitar los elevados precios y otros
vi (c)ndose forzados a ello por empresas que saben las pocas
opciones que tienen los trabajadores.
Al otro lado del espectro, los j ‘venes griegos dicen que las
condiciones del mercado laboral son tan dif -ciles que se
consideran afortunados simplemente por tener un empleo informal,
pese a no saber si se les pagar ¡ el dinero prometido.
Costas, estudiante universitario de 23 a +/-os, tom ‘ un trabajo
de camarero este verano en el que se le prometi ‘ que recibir -a
35 euros por un d -a de trabajo de 8 horas. Al final s ‘lo le
pagaron 70 euros a la semana y le echaron tres meses despu (c)s
cuando se quej ‘.
“Cuando me atrev – a abrir la boca, me despidieron. Hay tanta
gente buscando trabajo, ¿por qu (c) quedarse conmigo?”, dijo.
“La negociaci ‘n con cada potencial empleador empieza con la
cantidad que est ¡ dispuesto a dar, no los t (c)rminos del contrato.
Es obvio que ser ¡ todo sin una n ‘mina”.
BATALLA DIF CIL
Los elevados niveles de econom -a sumergida son un alto
precio para un pa -s endeudado que depende de pr (c)stamos
exteriores para seguir a flote.
Con un desempleo y una econom -a sumergida al alza, el
principal fondo de pensiones del pa -s, IKA-ETAM, espera que las
contribuciones a la Seguridad Social caigan un 7,5 por ciento
este a +/-o, privando al Estado de unos 800 millones de euros
respecto al a +/-o previo.
Un reciente informe de un grupo de la UE cit ‘ el trabajo no
declarado como “un problema importante” que afecta a Grecia,
diciendo que “pon -a en peligro” la viabilidad del sistema de
seguridad social del pa -s.
La coalici ‘n que gobierna Grecia – encabezada por los
conservadores – ha prometido hacer frente al fen ‘meno
incrementando las multas y reforzando a la agencia SEPE que
inspecciona a las empresas para que cumplan la ley.
“Le hemos declarado la guerra a la econom -a sumergida y que
beneficia la evasi ‘n”, dijo a Reuters el ministro de Trabajo,
Yannis Vroutsis.
“La crisis no puede ser una coartada para quienes violan la
ley. Las empresas que quebrantan las leyes no tienen m ¡s
excusas”, a +/-adi ‘.
Pero el Gobierno tiene una dura batalla por delante.
Pese a las reformas que facilitan la contrataci ‘n y el
despido y la rebaja del salario m -nimo, los griegos a ?n pagan
las contribuciones m ¡s elevadas a la Seguridad Social de Europa,
d ¡ndoles un incentivo para dejar a un lado los contratos
formales, dijo IOBE.
La falta de confianza en un sistema pol -tico considerado
corrupto e injusto, los fuertes lazos familiares que alientan el
trabajo en empresas familiares y una larga historia de econom -a
sumergida son algunos elementos que ha permitido que florezcan
los trabajos informales, dijo IOBE.
Yannis, un empleado de la construcci ‘n de 38 a +/-os que
siempre ha trabajado si contrato, es uno de los griegos que no
ve incentivos para cambiar.
“Todo el mundo trabaja as -, y yo tambi (c)n. No podemos seguir
pagando a un Estado que se queda con un 40 o un 50 por ciento de
nuestros salarios a trav (c)s de impuestos”, dijo. “Lo siento, pero
tengo hijos y tengo que darles de comer y vestirlos”.
(Traducido por Inmaculada Sanz)




