Por Jeff Franks
LA HABANA, 28 abr (Reuters) – Los fines de semana por la
noche, j ‘venes cubanos repletan las aceras de una popular
intersecci ‘n de La Habana, compartiendo botellas de ron, fumando
cigarrillos y tocando la guitarra.
Camisetas negras, jeans de moda, exc (c)ntricos peinados y
tatuajes abundan en el cruce de las calles 23 y G, punto de
encuentro de j ‘venes atra -dos por la contra cultura y cierta
actitud rebelde.
En una esquina, la polic -a interroga a algunas personas
excesivamente festivas, pero en general interviene menos que en
el pasado, cuando seg ?n Ernesto Ramis, imped -an que los j ‘venes
se detuvieran en “23 y G”.
Ramis, de 25 a +/-os, dice que aqu – es posible conseguir drogas
-anfetaminas e incluso hasta (c)xtasis- pero esta noche no hay
evidencias de ilegalidades, apenas la sensaci ‘n de que ser joven
en Cuba es hoy diferente y la conformidad con las viejas
costumbres se ha desvanecido.
“La principal diferencia”, dijo Ramis se +/-alando hacia el
Estrecho de Florida, apenas visible en la oscuridad, “es que
todo el mundo quiere irse”.
“Todo el mundo” es una exageraci ‘n, pero su comentario toca
uno de los mayores problemas del Gobierno cubano: el descontento
juvenil con un sistema que muchos consideran que no ofrece
oportunidades de una vida mejor.
No es un problema exclusivo de la isla caribe +/-a, que al
igual que muchas otras naciones en v -as de desarrollo lucha por
retener su mejor talento, pero a diferencia de otros tiene la
dificultad de hacerlo frente a una superpotencia hostil que
incentiva la inmigraci ‘n de los cubanos.
Consciente del sentimiento de los j ‘venes, el Gobierno est ¡
gradualmente cambiando su modelo econ ‘mico estilo sovi (c)tico y
controlado por el Estado instaurado tras la revoluci ‘n de 1959.
Algunos j ‘venes est ¡n aprovechando las reformas econ ‘micas
para abrir sus propios negocios o tomando empleos en el
creciente sector privado de la isla, pero otros dudan que el
Gobierno vaya a avanzar lo suficientemente r ¡pido -y lejos- para
cambiar las cosas y quieren irse.
La mayor -a quiere marcharse a Estados Unidos, a s ‘lo 145
kil ‘metros de Cuba, siguiendo los pasos de aproximadamente 1,5
millones de cubanos que emigraron desde la revoluci ‘n.
Otros pa -ses como Canad ¡ y Espa +/-a tambi (c)n atraen a los
cubanos, aunque la crisis econ ‘mica en Espa +/-a ha hecho perder
atractivo.
Algunos cubanos afirman que en noches despejadas pueden ver
en el cielo el resplandor de las luces de Florida, algo dudoso,
pero ilustra la proximidad psicol ‘gica de las dos orillas pese a
d (c)cadas de hostilidad oficial.
Estados Unidos concede anualmente entre 25.000 y 30.000
visas de inmigrante a cubanos y varios miles m ¡s entran a trav (c)s
de terceros pa -ses o por mar.
Una veterana militante del gobernante Partido Comunista dijo
que a diferencia del pasado, el deseo de marcharse es m ¡s
extendido.
“Desafortunadamente, si usted habla con 10 j ‘venes de hoy
nueve de ellos le dir ¡n que quieren salir de Cuba. Ellos no ven
un futuro aqu -“, dijo la mujer, que pidi ‘ no ser identificada.
Ulises Guilarte, primer secretario del Partido Comunista en
la provincia de Artemisa y miembro del Comit (c) Central, dijo a
Reuters que la raz ‘n es obvia.
“Est ¡ claro que la situaci ‘n econ ‘mica est ¡ dura
indisputablemente y que los muchachos ven sus aspiraciones
todav -a distantes”, dijo.
BAJOS SALARIOS
El Gobierno cubano se enorgullece de ofrecer atenci ‘n m (c)dica
y educaci ‘n gratuita a su pueblo, pero con una econom -a golpeada
por la ineficiencia y medio siglo de embargo econ ‘mico de
Estados Unidos, el salario promedio equivale a unos 19 d ‘lares
al mes.
Los j ‘venes han visto a sus padres vivir con lo justo
durante a +/-os y no quieren correr la misma suerte.
Ellos quieren empleos mejor pagados, ser propietarios de sus
casas y autos, tener acceso a Internet y en general a un futuro
m ¡s brillante. Pocos han viajado al extranjero, as – que quieren
ver el mundo y vivir una vida que s ‘lo conocen a trav (c)s de las
pel -culas y los turistas extranjeros que visitan la isla.
Algunos quieren tener hijos, pero sienten que no tiene
sentido si no tienen dinero y tienen que acabar compartiendo la
casa con sus parientes, como ocurre con muchas familias en Cuba.
“Despu (c)s que me gradu (c) y empec (c) a trabajar, me di cuenta de
que con el dinero que ganaba no era suficiente para m – o para
mantener una familia”, dijo Estela Izquierdo, un programadora
inform ¡tica de 29 a +/-os, que emigr ‘ recientemente a Canad ¡ con su
esposo.
No fue una decisi ‘n f ¡cil dejar atr ¡s a su familia y la vida
que conoc -a, pero el tiempo apremiaba.
“No puedo esperar toda la vida (para que las cosas cambien).
Tengo un reloj biol ‘gico, tengo que tener hijos”, afirm ‘
Izquierdo.
Una fotograf -a de la pareja publicada en Internet los
muestra abrigados para protegerse del fr -o de Canad ¡, jugando en
la primera nieve que hab -an visto en sus vidas.
Edgar Saucedo, un m ?sico, dijo que tambi (c)n quiere tener una
familia, pero en los Estados Unidos, no en Cuba, donde comparte
una casa de La Habana con otras siete personas.
“No es posible aqu -“, dijo. “Aqu – se trabaja y se trabaja y
al final del mes tienes 12 CUC, si tienes suerte. ¿Qu (c) puedes
hacer con 12 CUC?”, pregunt ‘.
El CUC es la moneda dura cubana, equivalente al d ‘lar
estadounidense. Los salarios estatales son pagados en pesos
cubanos. Un d ‘lar son 24 pesos cubanos.
La esperanza de Saucedo de viajar a Estados Unidos se basa
en un vago plan de ser invitado a tocar all – y no regresar a la
isla.
“Voy a hacer el trabajo que tengo que hacer para conseguir
lo que quiero”, dijo el m ?sico de 33 a +/-os que usa una barba.
El flujo de inmigrantes cubanos no parece destinado a parar
en el corto plazo y hasta podr -a incrementarse.
El Gobierno flexibiliz ‘ las leyes migratorias en enero,
facilitando los viajes de los cubanos al extranjero. Seg ?n
diplom ¡ticos estadounidenses en La Habana, la medida aument ‘ un
10 por ciento la solicitud de visas.
Antes de la reforma migratoria, la mayor -a de las
solicitudes de visa eran de personas mayores. Hoy son cubanos
j ‘venes, seg ?n funcionarios estadounidenses.
Las escuelas de idiomas de La Habana, particularmente de
ingl (c)s y franc (c)s, est ¡n abarrotadas de j ‘venes.
Una mujer dijo que comenz ‘ a tomar clases de franc (c)s hace
tres a +/-os con otros 34 alumnos, todos ellos interesados en
aprender el idioma para obtener visas de inmigrantes a Quebec,
una ciudad franc ‘fona. Treinta de sus ex compa +/-eros ya est ¡n en
Canad ¡ o tienen ya la visa para marcharse, dijo.
FUGA DE CEREBROS
“Una de las cosas ir ‘nicas es que Cuba tiene una poblaci ‘n
educada, pero no tiene nada que ofrecerle. Casi han preparado a
sus profesionales para emigrar”, dijo Ted Henken, experto en
Cuba del Baruch College en Nueva York.
“Creo que de alguna manera la revoluci ‘n cubana es lo mejor
que le ha pasado Miami, ya que la mitad de su fuerza profesional
probablemente se form ‘ all -“, dijo aludiendo a la ciudad
estadounidense donde vive la mayor comunidad de exiliados
cubanos.
En un mundo con un explosivo crecimiento demogr ¡fico y en
una regi ‘n con altas tasas de natalidad y baja edad promedio, la
poblaci ‘n cubana est ¡ disminuyendo y envejeciendo.
El resultado preliminar de un censo del a +/-o pasado revel ‘
que la poblaci ‘n hab -a disminuido ligeramente hasta 11 millones
de personas desde el anterior recuento en el 2002.
La edad promedio de los cubanos aument ‘ a 39 a +/-os desde 36
en el censo del 2002, seg ?n c ¡lculos del Gobierno
estadounidense, muy por encima del promedio de otros pa -ses de
Am (c)rica Latina.
El presidente Ra ?l Castro emprendi ‘ una serie de reformas
econ ‘micas destinadas en parte a ofrecer nuevas oportunidades
que espera resulten atractivas para los j ‘venes.
La idea de una revuelta juvenil en Cuba parece lejana, pero
este Gobierno lleg ‘ al poder mediante una revoluci ‘n de
veintea +/-eros liderada por Fidel Castro y conoce el potencial de
una juventud rebelde.
Ra ?l Castro, que reemplaz ‘ en el poder a su hermano Fidel en
el 2008 y tiene 81 a +/-os, est ¡ incentivando m ¡s negocios
privados.
El n ?mero de emprendedores en el sector privado subi ‘ a m ¡s
de 400.000 en la actualidad desde 150.000 en el 2010 y sus
salarios son generalmente superiores a los que paga el Gobierno.
Alexander P (c)rez, de 29 a +/-os, es un ejemplo de lo que el
Gobierno espera alcanzar. Casi la totalidad de sus antiguos
compa +/-eros de la Universidad de La Habana se han ido, dijo, pero
(c)l quiso probar el nuevo modelo econ ‘mico.
P (c)rez pidi ‘ dinero prestado de amigos y familiares para
alquilar un local en la c (c)ntrica Calle 23 y abri ‘ Havana Pizza.
Con el tiempo y aplicando sus conocimientos como administrador
de empresas, la gente empez ‘ a gustar de sus pizzas de masa fina
-raras en Cuba- y sus precios a partir de 50 centavos de d ‘lar.
En una noche reciente, mientras observaba una larga fila de
clientes y revisaba peri ‘dicamente los mensajes en su tel (c)fono
m ‘vil, P (c)rez no revel ‘ cu ¡nto gana pero dijo que se alegraba de
haberse quedado en el pa -s.
“Hay un amigo m -o que me dice que estoy loco porque quiero
hacer esto. Pero bien, cada persona piensa diferente. Lo que es
una soluci ‘n para m – no lo es para otro”, dijo.
Marisela Rey, una maestra de primaria de 29 a +/-os, tambi (c)n es
un ejemplo de lo que al Gobierno le gustar -a ver, pero no porque
est (c) comenzando un negocio, sino porque aspira a una vida mejor
en Cuba, no en otra parte.
“Si Cuba me da la oportunidad, me gustar -a lograrlo en Cuba.
Me gusta mi pa -s”, afirm ‘. “Creo que este sistema es el ideal si
lo reparamos y reconstruimos”, a +/-adi ‘.
A ella le gustar -a ver l -deres m ¡s j ‘venes, en lugar de los
octogenarios dirigentes que han dirigido el pa -s por m ¡s de
medio siglo.
“Creo que deben dar paso a los j ‘venes, porque los j ‘venes
tienen cosas nuevas, nuevas ideas (…) no pueden esperar m ¡s,
la juventud se impone”, sostuvo.
(Reporte adicional de Rosa Tania Vald (c)s y Nelson Acosta)




