Por Paulo Prada
NATAL, Brasil (Reuters) – Cuando Brasil dise +/- ‘ su plan para organizar el Mundial, esta ciudad de playa sobre el Atl ¡ntico era exactamente el tipo de lugar que quer -a mostrar.
El boom econ ‘mico sumado a generosos programas de bienestar social estaban transformando el somnoliento lugar en una ciudad en r ¡pida expansi ‘n, la cara de un nuevo Brasil que, finalmente, estaba dando un salto hacia el mundo desarrollado.
Qu (c) importa que Natal, en el nordeste hist ‘ricamente pobre, estuviera rezagada en relaci ‘n a centros neur ¡lgicos como R -o de Janeiro o Sao Paulo. O que su estadio fuera utilizado por clubes regionales de poca monta.
Natal construir ¡ una nueva arena de vanguardia, dijeron las autoridades, y tambi (c)n toda las infraestructura que haga falta. Prometieron una red de ferrocarriles ligeros, un nuevo hospital, remozar el paseo mar -timo y construir accesos para personas en sillas de rueda en toda la ciudad.
Cinco a +/-os despu (c)s y apenas cuatro semanas antes del inicio del Mundial, poco m ¡s que el estadio y un remoto aeropuerto han sido terminados.
Casi la mitad de los m ¡s de 1.300 millones de d ‘lares en obras prometidas nunca salieron del papel. Y las que comenzaron languidecieron, incluyendo una importante carretera que convirti ‘ las inmediaciones del estadio en una explanada de varillas de metal, polvo y concreto.
“Es una oportunidad perdida”, dice Fernando Mineiro, un legislador local del izquierdista Partido de los Trabajadores, que lleva 12 a +/-os en el poder en Brasil. “Natal no entreg ‘ lo que prometi ‘ a sus ciudadanos”.
Las ciudades se pelean por organizar el Mundial, los Juegos Ol -mpicos y otros grandes eventos porque, en teor -a, el turismo, la exposici ‘n medi ¡tica y otros ingresos justifican las enormes inversiones en infraestructura, como ocurri ‘ con Barcelona con las Olimpiadas de 1992.
Pero los desperdicios son habituales, a menudo dejando como legado infraestructura in ?til como los estadios construidos para el Mundial de Sud ¡frica 2010.
Y justo cuando Brasil debe mostrar su renovada cara para el Mundial, la gente se queja de los altos costos, los retrasos y las inversiones que nacieron muertas.
La burocracia, corrupci ‘n y disputas pol -ticas, dicen, condujeron una vez m ¡s al tipo de incumplimientos que han limitado durante a +/-os el desarrollo de la mayor naci ‘n de Am (c)rica Latina.
Un tren bala de 16.000 millones de d ‘lares para conectar R -o de Janeiro y Sao Paulo, por ejemplo, nunca sali ‘ de los planos. En vez de un nuevo terminal, los pasajeros que aterrizan en la ciudad de Fortaleza son recibidos bajo un toldo.
Y un tren de pasajeros de 700 millones de d ‘lares en la ciudad agr -cola de Cuaib ¡ s ‘lo estar ¡ listo mucho despu (c)s del Mundial.
A nivel nacional apenas 36 de los 93 grandes proyectos, o un 39 por ciento de las obras prometidas, fueron concluidos, seg ?n un estudio de Sinaenco, un sindicato de ingenieros y arquitectos en Sao Paulo.
Cuando Brasil fue elegido para organizar el torneo, en el 2007, el entonces presidente Luiz In ¡cio Lula da Silva, apel ‘ a la rivalidad regional y prometi ‘ “una Copa que ning ?n argentino pueda criticar”.
Pero su sucesora, la presidenta Dilma Rousseff, no est ¡ logrando muchos elogios.
Enormes protestas estallaron el a +/-o pasado en todo Brasil durante la Copa Confederaciones, una especie de ensayo general del Mundial, y manifestaciones menores continuaron, las ?ltimas el jueves.
En lugar de mostrar los avances del pa -s, muchos en Brasil sienten que el torneo revela las divisiones a ?n grandes en un pa -s bueno para el espect ¡culo, pero todav -a atrasado en salud p ?blica, infraestructura, educaci ‘n y otros servicios cruciales.
Las deficiencias son especialmente irritantes ahora que la econom -a, tras una d (c)cada de crecimiento por encima de un 4 por ciento anual, fren ‘ a menos de la mitad de ese promedio desde que Rousseff lleg ‘ al poder en el 2011.
PRETENSIONES PRIMERMUNDISTAS
Para los preparativos del Mundial en Brasil se est ¡n invirtiendo cerca de 11.000 millones de d ‘lares, seg ?n cifras del Gobierno, en -tems desde mejoras a estadios y aeropuertos hasta trabajos en caminos y seguridad.
Quitando unos 2.000 millones de d ‘lares, el resto viene de las arcas p ?blicas.
“Ser ¡ un torneo hermoso, estoy segura”, dice Maria Santos, de 29 a +/-os, mientras hace una fila de una cuadra de largo para tomar el autob ?s hacia el hospital donde trabaja como enfermera.
En el hospital, Maria y sus compa +/-eros muchas veces trabajan sin guantes de l ¡tex, jeringas ni otros implementos b ¡sicos.
“Pero lo que sea que gastaron habr -a sido mejor que lo usaran en otra cosa”, a +/-adi ‘.
Los habitantes de Natal lamentan que la ciudad, tal como Brasil, no haya podido estar a la altura de sus pretensiones primermundistas.
Con poco menos de 1 mill ‘n de habitantes, Natal es afligida por una creciente ola de delitos, congestiones de tr ¡nsito, finanzas p ?blicas err ¡ticas y pol -ticas locales tan barrocas -y presuntamente corruptas- que un alcalde fue expulsado en medio de los preparativos para el Mundial y la actual gobernadora del estado enfrenta un posible juicio pol -tico.
“Las cosas no han resultado como dijeron”, dijo Jos (c) Aldemir Freire, economista jefe de la oficina local de la agencia nacional de estad -stica de Brasil, IBGE. “Hay algunas inversiones por causa del Mundial, pero no a la escala que se esperaba”.
Originalmente la FIFA esperaba que hubiera s ‘lo ocho ciudades sedes en Brasil. Pero los funcionarios en Brasilia, la capital, y los dirigentes deportivos del pa -s quer -an presumir de m ¡s.
Y de paso anotarse puntos pol -ticos a nivel regional en el proceso.
Le dijeron a la FIFA que preparar -an 12 sedes. Eso desat ‘ una contienda entre ciudades medianas -desde el puerto de Bel (c)m en la Amazon -a, hasta el balnerario surfista de Florian ‘polis en el sur del pa -s-, ninguna de las cuales fue seleccionada.
” ¿Un Mundial aqu -?”, se pregunta Fernando Fernandes, empresario de Natal que en aquella (c)poca dirig -a una secretar -a estatal para el evento. “Somos un patito feo”.
Pero Natal ten -a ventajas.
En la mitad de Am (c)rica del Sur, est ¡ m ¡s cerca de Europa que otros destinos tur -sticos en Brasil y cuenta con vuelos regulares a Amsterdam, Madrid y otras capitales de fan ¡ticos del f ?tbol.
Adem ¡s, en la costa de Natal, junto a las imponentes dunas que le dan forma a su monta +/-oso y c ¡lido paisaje, hay m ¡s capacidad hotelera que en cualquier otra ciudad sede, excepto R -o de Janeiro, Sao Paulo y Salvador.
Cuando la FIFA anunci ‘ el nombre de Natal en su ceremonia de selecci ‘n, en mayo del 2009, los residentes se agolparon en la playa para ver la transmisi ‘n en vivo en una pantalla gigante.
Hubo fuegos artificiales en medio de los v -tores de la multitud, seguidos por las felicitaciones entre los funcionarios locales, que empezaron a hacer las promesas que finalmente no pudieron cumplir.
Su primer desaf -o era el nuevo estadio.
La FIFA exig -a una arena que pudiera albergar al menos a 42.000 personas -10 veces la asistencia promedio para los partidos normales en Natal-. Los funcionarios locales acordaron derribar el estadio existente, situado junto con una carretera central, y levantar un nuevo.
Contrataron a un equipo de arquitectos brasile +/-os y extranjeros para dise +/-ar el nuevo estadio por un costo de 180 millones de d ‘lares. Pero al licitar las obras, en noviembre del 2010, los contratistas dijeron que no podr -an realizar la construcci ‘n por ese precio.
Tras una serie de reuniones de emergencia, las autoridades locales hicieron reducciones en los planos. Simplificaron el dise +/-o de un ondulado toldo sobre el estadio -una referencia a las dunas del lugar- y eliminaron 600 espacios de estacionamiento.
El n ?mero de asientos permanentes se baj ‘ a 32.000, con otros 10.000 adicionales colocados provisionalmente para el Mundial.
En febrero del 2011, OAS SA, una constructora de Sao Paulo, se adjudic ‘ las obras.
El Gobierno federal, en tanto, acord ‘ el financiamiento de un aeropuerto nuevo.
Aunque el aeropuerto existente gestiona con facilidad el tr ¡fico normal de pasajeros en Natal, la industria local llevaba mucho tiempo anhelando un terminal mayor para aumentar la capacidad de carga.
El Gobierno federal invertir -a casi 260 millones de d ‘lares, pero las obras correr -an por cuenta de un contratista privado. El estado de R -o Grande do Norte, del cual Natal es la capital, construir -a por su parte dos v -as de acceso.
La ciudad acord ‘ mejorar el tr ¡fico y el alcantarillado cerca del estadio. Se construir -an seis puentes y dos t ?neles para aliviar los cuellos de botella en las congestionadas autopistas.
PROYECTOS FRENADOS, POLITICA ENREDADA
Mientras que el estadio y el aeropuerto avanzaron, proyectos en la ciudad se estancaron.
Los residentes presionaron a la entonces alcalde Micarla de Sousa por resultados.
“Ella no hizo absolutamente nada”, dice Carlos Eduardo Alves, actual alcalde de Natal y miembro de la familia pol -tica m ¡s poderosa del estado. Uno de sus primos es el presidente de la C ¡mara de Diputados de Brasil, otro integra el gabinete de Rousseff y su apellido es com ?n en al asamblea del estado.
De Sousa dijo que no logr ‘ obtener financiamiento federal, especialmente por su mala relaci ‘n con Brasilia despu (c)s de que Lula respald ‘ a su rival en las elecciones municipales. Adem ¡s tuvo problemas de salud durante su mandato, que la llevaron a anunciar a comienzos del 2012 que no buscar -a la reelecci ‘n.
Hubiera dado lo mismo.
En octubre del 2012, dos meses antes del fin de su mandato, un tribunal estatal la destituy ‘ despu (c)s de que un fiscal alegara irregularidades en contratos de salud p ?blica. De Sousa neg ‘ en una entrevista cualquier tipo de comportamiento err ‘neo. Y dijo que su salida fue orquestada por sus rivales, se +/-alando que a ?n no presentaron cargos contra ella.
Como sea, en el 2013 hab -a pocas obras en marcha en Natal.
Alves dice que relanz ‘ los planes y reci (c)n pudo empezar la construcci ‘n a inicios de este a +/-o, por un costo de 290 millones de d ‘lares. Seg ?n el alcalde, la mayor -a de las obras estar ¡n terminadas o despejadas cuando comience el Mundial.
Durante una tensa reuni ‘n sostenida recientemente por Alves y los contratistas, varios usaron la expresi ‘n “pos Copa” para aludir a los plazos de entrega. Uno dijo que el robo de materiales, incluyendo cables de cobre, caus ‘ retrasos. Otro se quej ‘ del olor a cloaca a lo largo del paseo mar -timo, donde las obras est ¡n lejos de estar terminadas.
Los vecinos del estadio son esc (c)pticos.
“Menos mal que la gente no puede ir en autom ‘vil a los partidos”, bromea Rodrigo Pereira, propietario de una tienda cerca de uno de los t ?neles, citando las reglas de la FIFA que imponen un gran per -metro de seguridad en las inmediaciones de los estadios que obligan a la mayor -a a caminar. “Mis clientes ni siquiera pueden llegar hasta mi”.
Y tambi (c)n el estado est ¡ bajo fuego.
El contrato del estadio, una asociaci ‘n p ?blico-privada con una constructora, obliga al estado a reembolsar los pr (c)stamos para la construcci ‘n y pagar tasas de administraci ‘n por hasta dos d (c)cadas. Al final terminar ¡ pagando m ¡s de 900 millones de d ‘lares, o casi cinco veces el costo del trabajo.
Aunque la mayor -a de los residentes dicen que les gusta la apariencia del nuevo estadio, con su techo ondulante, le temen a la factura. “Tenemos verdaderas preocupaciones sobre el precio final”, dice Luciano Ramos, un auditor de un tribunal estatal que est ¡ investigando el contrato.
El estado tambi (c)n ha sido criticado porque reci (c)n ahora est ¡ terminando la primera de dos carreteras desde el aeropuerto que hab -a prometido. No est ¡ claro si el aeropuerto estar ¡ operando para el Mundial. La fecha tentativa de inauguraci ‘n es el 22 de mayo.
La gobernadora del estado, Rosalba Ciarlini, culpa a la burocracia y a los altos costos de personal, una “herencia” de administraciones anteriores que, dice, limitan la capacidad de inversi ‘n del estado.
Las n ‘minas est ¡n tan infladas que el estado acaba pagando muchos salarios con retraso. Algunos contratistas, incluyendo proveedores de hospitales, dejaron de hacer negocios con el estado.
Ciarlini enfrenta pedidos de interpelaci ‘n en la asamblea del estado, luego de que una corte determin ‘ este a +/-o que hab -a favorecido a sus aliados con gastos proselitistas. El tribunal trat ‘ de destituirla, pero una corte superior, sin anular los hallazgos, la mantuvo en el cargo en base a un tecnicismo.
La gobernadora dice que el fallo y las acusaciones tienen motivaciones pol -ticas.
El costo del estadio, dice, va a ser amortizado con los ingresos de futuros eventos en la arena, aunque los cr -ticos dicen que Natal ni tiene un f ?tbol potente ni est ¡ tampoco en un circuito de conciertos que garantice su rentabilidad.
El precio de participar, dice la gobernadora, es el costo del financiamiento de largo plazo. “Esto es como comprar un auto”, dice Ciarlini. “Uno no paga el precio nominal”.
Adem ¡s, agrega, “tenemos la arena nueva m ¡s bonita de Brasil”.
(Editado en espa +/-ol por Esteban Israel y Janisse Huambachano)




