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Transmitir tranquilidad y paz a los corazones de los niños inmigrantes no acompañados refugiados en Chicago es la “pequeña aportación” de la hermana Benita Coffey, de la orden Benedictine Sisters of Chicago.

Mensualmente, la monja se reúne con algunos de los aproximadamente 450 menores que cruzaron la frontera sin documentos, sin un padre ni tutor, y que se albergan en alguno de los ocho refugios para niños migrantes existentes en Chicago.

Desde su fundación en 1861, la misión de las monjas es dar asistencia a las comunidades inmigrantes, al principio desde un convento que se localizaba en lo que ahora es el centro de Chicago; hoy en día, desde el Convento Scholastica, en el barrio de Rogers Park.

Cuando el grupo de voluntarios visita a los niños, cantan, rezan y realizan actividades de arte, contó la hermana Benita, descendiente de irlandeses.

Sin embargo, para los voluntarios es complicado establecer una relación con los menores, porque cuando regresan la mayoría de los niños que conocieron ya se fueron a vivir con algún familiar, mientras esperan el desarrollo de su proceso de deportación.

Desde que inició el presente año fiscal en octubre, más de 52,000 menores de edad que viajan sin sus padres, 9,000 de ellos en mayo, han sido detenidos luego de cruzar sin documentos la frontera sur de EEUU, informó la Casa Blanca.

La oleada de migración también incluye 39,000 adultos con niños detenidos desde octubre. Las autoridades prevén aprehender a más de 240,000 inmigrantes indocumentados en el Valle del Río Grande durante este año fiscal, 75% de ellos aproximadamente provenientes de Centroamérica.

Custodia y procesamiento

Tras ser procesados, los niños quedan bajo custodia de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR) del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EEUU, que se asocia con instituciones privadas y la Iglesia Católica, para operar los refugios y programas de atención. Una portavoz de ORR dijo a globalsistersreport.org que hay cerca de 6,500 camas en cerca de 90 instalaciones en 14 estados.

La política de ORR restringe a los voluntarios de hablar de su labor. El objetivo es proteger a los niños, ya que podrían ser víctimas de trata, añadió el portavoz de ORR al sitio.

En el refugio al que la hermana Benita acude, y cuya ubicación es desconocida al público, intentan mantener felices y protegidos a los niños, que se sientan apoyados, que sepan que hay alguien que les ayuda a encontrar a su familia, indicó la hermana desde la quietud del convento.

La crisis humanitaria en la frontera sur de EEUU preocupa a Benita, quien considera que los niños huyen de la violencia y amenazas del crimen organizado en sus países, “son acosados cuando juegan, cuando van a la escuela o a la iglesia, y ante ese peligro, sus familias mandan a traerlos”, añade.

En los refugios “se les cuida para que se sientan como en casa, que sientan que se les quiere, que a alguien le importan”, indicó la religiosa. Son niños de todas las edades, de diferentes nacionalidades, que hablan diferentes idiomas, agregó.

La monja, de 82 años, sólo habla inglés y para comunicarse con algunos de los niños, dice, simplemente sonríe, es la forma de decirles que está ahí para ellos, indica.

Y cuenta que sonríe porque no puede llorar. De hecho, no se les permite. “Hay reglas estrictas que hay que seguir ya que el objetivo es darles tranquilidad y paz. Por ejemplo, no podemos hablarles de la situación por la que atraviesan ni nada por el estilo”, contó Benita.

Aunque están bien atendidos y tienen ciertas comodidades, “no tienen contacto con sus padres, y eso es lo único que ellos quieren”, agregó la religiosa. “Si no están con su familia, ¿cómo pueden sentirse contentos?”, se pregunta.

Con la mano en el corazón, Benita dice que cuando los ve, a veces se siente desesperanzada “por no poder hacer más”.

Benita dice que dedicarle tiempo a los niños es lo mínimo que puede hacer, cree que la comunidad se debe unir, formar un frente de apoyo y ayudarlos, “no es posible que un niño de 4 ó 5 años se presente ante un juez y deba explicar las razones por las que pide refugio”, indicó.

Algo debe cambiar para superar esta crisis humanitaria, dice y propone que se difundan ante la opinión pública las verdaderas razones del por qué vienen los niños, pues considera que eso ayudará a que se les otorgue el estatus de refugiados y no el de indocumentados elegibles para la deportación. “Se debe hacer justicia”, pide la religiosa.

Interviene Obama

El lunes, el presidente Barack Obama solicitó a los líderes del Congreso su colaboración en la construcción de “una estrategia de disuasión agresiva” contra la inmigración infantil masiva que se agolpa en la frontera sur.

En una carta dirigida a los legisladores, el mandatario detalla los esfuerzos ya realizados por su gobierno y además anuncia su solicitud a los legisladores con el objetivo de que estos le apoyen para crear “nuevas herramientas y recursos” necesarios que permitan abordar la crisis humanitaria.

La carta especifica además que enviará una propuesta más detallada la semana próxima, después del receso del 4 de julio.

“Espero con interés trabajar con ustedes para hacer frente a esta situación de urgencia lo más rápidamente posible”, insiste Obama en la nota, dirigida a John Boehner (R-OH), presidente de la Cámara de Representantes; a Nancy Pelosi (D-CA), líder de la minoría demócrata; a Harry Reid (D-NV), líder de la mayoría demócrata en el Senado, y a Mitch McConnell (R-KY) el de la minoría republicana,.

Según un funcionario de la Casa Blanca, el mandatario prevé pedir al Congreso $2,000 millones para afrontar el flujo de niños centroamericanos que llegan solos a la frontera.

“Este aumento de recursos significa que los casos se tratarán de modo justo y tan rápido como sea posible, y garantizarán la protección de los solicitantes de asilo y refugiados al tiempo que permitirán el retiro inmediato de los individuos que no califican para el asilo u otras formas de alivio de deportación”, escribió el Presidente en la carta.

Obama también pedirá al Congreso que revise las normas para dar más autoridad al secretario de Seguridad Nacional, Jeh Johnson, con el fin de acelerar la deportación de los niños centroamericanos.

La ley estadounidense prohíbe al Departamento de Seguridad Nacional deportar a los niños inmigrantes inmediatamente después de su llegada al país en caso de que su nación de origen no comparta una frontera con Estados Unidos, por lo que no puede hacerlo con los menores que vienen de Guatemala, Honduras o El Salvador.

Asistencia legal

Según el National Immigrant Justice Center (NIJC), una red de 1,500 abogados pro bono con sede en Chicago, el número de menores que viajan sin compañía y que son aprehendidos en EEUU, se triplicó en los dos años recientes. En el año fiscal 2013 fueron detenidos 24,668 niños.

Según NIJC, a través de su programa Immigrant Children’s Protection Project, entre el 23 de diciembre de 2013 y el 10 de enero de 2014 le proveyeron asesoría legal a 224 niños que se encontraban bajo custodia del gobierno y en manos del Departamento de Salud y Servicios Humanos en los albergues de Chicago.

Se trata de menores de entre 2 y 18 años (70% varones y 30% mujeres) provenientes de Albania, Bangladesh, Brasil, China, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, India, México, Nicaragua, Perú y Rumania.

El 52% de esos niños dijo que experimentaron acoso de grupos criminales u otro tipo de violencia o abuso; el 48% mencionó que abandonaron su país por la pobreza, tras desastres naturales, por falta de padres o para reunirse con ellos. El 61% tenía a uno o ambos padres en Estados Unidos.

NIJC considera que el Congreso y la administración Obama deben tomar medidas para salvaguardar a los niños no acompañados y recomienda al Congreso aprobar una reforma migratoria que permita la reunificación familiar; proporcionar asesoría a los niños no acompañados y aumentar los fondos para programas de orientación legal en los albergues. Y al Departamento de Seguridad Nacional le recomiendan establecer protocolos para poner fin al trato abusivo en la frontera, y evaluar a los menores no acompañados para que accedan a discreción procesal, sobre todo cuando regresarlos a su país de origen no es en el mejor interés del menor, indicó NIJC.

Esfuerzo legislativo

Al respecto, un grupo de legisladores demócratas propuso tratar como refugiados a los menores no acompañados que cruzan la frontera con México.

“Esto es mucho más que un asunto migratorio, es un asunto de refugiados que ya hemos visto en otras partes del mundo y tenemos que hacer algo para pararlo”, dijo Robert Menéndez (D-NJ), presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Por su parte, el senador federal Richard Durbin (D-IL) mencionó que se trata de una crisis humanitaria. “Miles de niños huyen de sus hogares, principalmente de El Salvador, Guatemala y Honduras, donde la violencia de las pandillas y cárteles de la droga aumentó dramáticamente”, indicó y agregó que esos niños no sólo huyen a EEUU, “Naciones Unidas encontró que entre 2008 y 2013 las solicitudes de asilo en México, Panamá, Nicaragua, Costa Rica y Belice aumentaron 712%. Nuestro plan se basa en el cumplimiento de nuestras obligaciones legales y humanitarias de refugio y protección a estos niños; toma medidas fuertes contra traficantes y cárteles, y enfrenta a los factores subyacentes que causan que los niños tengan que huir”.

En tanto el representante federal Luis Gutiérrez (D-IL) indicó que la crisis humanitaria no ocurrió de la noche a la mañana, que fue causada por los adultos y son los niños quienes sufren.

“Años de abandono a nuestros vecinos, décadas de hacernos de la vista gorda sobre nuestro roto sistema migratorio y la insaciable demanda de drogas ilegales para Estados Unidos han contribuido a que niños y niñas enfrenten peligros a manos de traficantes en el viaje hacia el norte. Debemos hacer lo que está en el mejor interés a corto plazo, y a la vez llegar a soluciones integrales en coordinación con sus países. La reforma migratoria es parte de la solución, ayudará a asegurar nuestras fronteras, reprimir a las redes de contrabando, y a asegurar que los únicos inmigrantes que lleguen vengan con visas, y no con contrabandistas”.

Y mientras se aborda el asunto, la hermana Benita seguirá visitando en los refugios de Chicago a los niños inmigrantes no acompañados para cantar, rezar, realizar proyectos de arte, comer bocadillos y sonreír para ellos.