
Cuando el avión de pasajeros de Aeroméxico comenzó a rodar por la pista, la lluvia, el granizo y los intensos vientos se intensificaron, y el sacerdote Esequiel Sánchez se preguntó si el piloto detendría el despegue de la nave en aeropuerto de Durango, México.
En cambio, Sánchez, rector del Santuario Nuestra Señora de Guadalupe en Des Plaines, notó que el piloto aceleró el motor en el vuelo con destino a la Ciudad de México, y dijo que por un momento pensó que el avión había iniciado el vuelo.
Segundos más tarde, algo semejante a una poderosa corriente impulsó al avión de regreso a la tierra con un crujido, recordó Sánchez el miércoles en teleconferencia desde México. El tren de aterrizaje del avión colapsó y el avión frenó bruscamente.
Los pasajeros dijeron que el avión Embraer 190 estalló en llamas justo después de tocar tierra.
“Para ser honesto”, dijo Sánchez, agregando que había recibido entrenamiento de vuelo hace años, “pensé que hasta ahí. Estoy muy agradecido”.
Sánchez, que celebró en México su cumpleaños con su familia, así como los otros 102 pasajeros a bordo sobrevivieron, aunque algunos sufrieron heridas graves.
Sánchez, quien estaba sentado cerca del frente del avión, recordó que momentos previos al despegue, era evidente que había “mucha alegría” en la cabina. Después de que el avión se desplomó el humo era intenso, dijo, y “una sensación de ardor al respirar” estaba presente, agregó, el sacerdote dijo que vio llamas.
Los pasajeros se apresuraron a salir del avión y se abrieron camino a través del terreno rocoso y espinoso mientras la lluvia continuaba, relató Sánchez. Después de que escapó, caminó con pequeños grupos de pasajeros y trató de administrar ayuda.
Más tarde, él y una niña con quemaduras graves en la pierna fueron colocados en una ambulancia y llevados al hospital. Luego fue transferido a un segundo hospital. El sacerdote dijo que tenía fracturas múltiples en el brazo y que necesita una placa de metal implantada quirúrgicamente, dijo.
“Seré un sacerdote biónico”, bromeó.
Cuando se le preguntó si era un milagro que todos a bordo sobrevivieron al accidente, Sánchez dijo: “Absolutamente. No tengo duda”.
Si el avión hubiera ido más rápido, se hubiera volteado, consideró. Si se hubiera elevado más “la historia habría sido muy diferente”, agregó Sánchez.
La Arquidiócesis de Chicago emitió un comunicado la noche del martes, diciendo que estaba “agradecida de saber que (Sánchez) está alerta y descansando. Oramos por el Padre Sánchez y todos los afectados por este accidente aéreo”.
Las autoridades dijeron que 49 personas habían sido hospitalizadas, la mayoría con heridas leves.
Otros pasajeros expresaron su gratitud por estar vivos, pero muchos quedaron muy conmocionados.
“Fue muy, muy feo”, dijo Lorenzo Núñez, un pasajero de Chicago que huyó del avión con sus dos hijos y esposa. “Se quemó en cuestión de segundos”, dijo a los periodistas, tronando los dedos para enfatizar.
“Sentimos que las llamas venían rápidamente, había mucho humo”, dijo Jaquelin Flores al diario El Sol.
Rómulo Campuzano, jefe de un partido político en el estado de Durango que estaba en el avión, dijo a Foro TV que ambas alas estaban en llamas cuando fue expulsado del avión.
El gobernador del estado de Durango, José Aispuro, dijo que una ráfaga de viento azotó el vuelo AM2431 en el momento en que despegaba de la pista, lo que obligó al piloto a abortar el despegue.
Los pasajeros dijeron que escucharon un fuerte ruido cuando el ala izquierda del avión se estrelló contra el suelo y ambos motores se soltaron. Sin embargo, el avión se mantuvo erguido y las resbaladillas de escape se activaron.
Aispuro dijo que era demasiado pronto para especular sobre la causa del accidente. La falla mecánica y el error humano podrían ser factores, pero ciertamente el clima no fue favorable. Fuertes vientos y fuertes lluvias con granizo de tamaño de mármol azotaron la ciudad de Durango, incluso hubo hangares dañados.
“Lo más importante en la gravedad de un accidente de esta naturaleza es que no hubo muertes, eso es lo que más nos anima”, dijo Aispuro en una conferencia de prensa.
Después del accidente, varios pasajeros se alejaron del avión antes de que llegaran los primeros auxilios. Algunos buscaron ayuda médica, mientras que otros corrieron a casa con sus seres queridos. Los oficiales pasaron la mayor parte de la tarde rastreando a los sobrevivientes para asegurarse de que todos fueran contados.
El piloto sufrió la lesión más grave, una lesión cervical que requirió cirugía. Algunas personas tuvieron quemaduras en una cuarta parte de sus cuerpos, dijo el vocero de la Secretaría de Salud de Durango, Fernando Ros.
Aispuro dijo que se esperaba que todos vivieran.
El presidente ejecutivo de Aeroméxico, Andrés Conesa, describió el día como “muy difícil” y acreditó la reacción oportuna de la tripulación y los pasajeros por la falta de víctimas mortales.
“Nuestro corazón está con los afectados y sus familias”, dijo.
Conesa dijo que entre los pasajeros había 88 adultos, nueve niños y dos bebés, y el equipo consistía en dos auxiliares de vuelo y dos pilotos.
Dijo que el avión había sido enviado para su mantenimiento en febrero y que los miembros de la tripulación habían descansado bien, habiendo comenzado su jornada de trabajo en Durango.
El sitio web Planespotters.net dijo que el avión de mediano alcance fabricado en Brasil tenía alrededor de 10 años y había tenido servicio con otras dos aerolíneas antes de unirse a la flota de Aeroméxico.
Las operaciones se suspendieron en el aeropuerto Guadalupe Victoria de Durango luego del accidente.


