“Sólo tú puedes decirnos / si hay camas después de la muerte / para hacer el amor /para escondernos de los psiquiatras”, escribe el poeta queretano Guillermo Hidalgo en su libro “Caballomuerto productions” (Ediciones cuarentena 20-20, 2022), una antieditorial dirigida por el escritor Luis Humberto Crosthwaite, proyecto que no lucra con las expresiones artísticas de sus autores.
Guillermo Hidalgo es géminis con ascendente en virgo. Nació, como todos, en una ciudad que ya no existe o tiene otro nombre. En entrevista, dialogamos sobre la escena underground de Querétaro, de Gerardo Arana, de fútbol, poesía y tarot, en un diálogo que se asemeja más al juego de ajedrez con la muerte en la película “El séptimo sello” (1957) de Ingmar Bergman, que a una audiencia.
¿No es mucha osadía poner una advertencia en ‘Caballomuerto’ que el libro contiene ‘buena literatura’?
Sí, lo es, pero no me molesta. Además, yo no escribí el texto de contraportada, lo hizo el editor. Cuando lo leí, lo tomé como un cumplido, y en realidad es uno de los mejores cumplidos que me han hecho en la vida, sabiendo de quién viene.
¿Cómo fue el contacto con Luis Humberto Crosthwaite para la edición de este libro?
El contacto fue por medio de mi mejor amigo, el poeta y bailarín Sebastián Díaz Barriga. Nosotros leíamos mucho a Crosthwaite en la universidad, la lectura de “Aparta de mí este cáliz” representó todo un suceso en nuestra juventud. Hace unos meses, él asistió a uno de sus talleres y la afición mutua por la literatura de Richard Brautigan hizo que siguieran hablando. En esos momentos, yo mandé el manuscrito a una terrible convocatoria donde gané, y el premio fue que un grupo de jóvenes editores de Tijuana destrozaran mi libro. Lo masacraron. ¿Por qué había mandado a esa convocatoria? No lo sé, tal vez desesperación. Renuncié al premio, como debía hacerlo si aún tenía algo de amor propio. De forma inmediata. como en una reacción en cadena, Sebastián me dijo que se lo mandara a Crosthwaite, que buscaba nuevos escritores para su proyecto editorial. Le mandé el libro y a ese tijuanense sí le gustó, con muy pocas enmiendas.
¿Cómo es la escena literaria Underground de Querétaro —la UNDERGROUND, no la de la CCC?
No soy un obsesionado con la literatura de Querétaro, por lo cual no conozco todo el panorama de la ciudad, menos del estado. Tampoco me interesa adentrarme mucho. No sé a qué llamar actualmente underground. Es decir, los escritores que conozco, hasta los que presumen de ser marginales, han tenido premios, becas, estudios académicos (incluso en el extranjero) o han sido publicados por fondos estatales. Me incluyo ahí y para mí eso no es ser underground. Me da igual, a decir verdad. Me interesa la literatura, no los fetiches de los creadores. Y bueno, la CCC es de los pocos, poquísimos lugares que abren sus puertas al arte que se hace en la ciudad. Aquí presentaremos “Caballomuerto”.

¿Conociste a Gerardo Arana, y de ser así, tienes alguna anécdota con él que quieras compartir?
Nunca lo conocí, cuando murió yo tenía 15 años y la literatura no me importaba en lo absoluto. Lo leí durante la universidad y me voló la cabeza. Sus maestros fueron mis maestros y algunos de mis amigos fueron sus amigos. A todos les he llegado a preguntar por él sólo para cerciorarme de que efectivamente Gerardo Arana es real en alguna parte del tiempo. Ir al curso de verano de la FLM fue especial: él formó parte de la primera generación de ese curso. Mis compañeros y yo pasamos varias noches en el hotel tomando, fumando, leyendo sus poemas y fragmentos de su diario. Teníamos 18 años y nos emocionaba pensar que estábamos viviendo lo mismo que él vivió. Suena cursi y romántico, pero a esa edad todo se vive de esa forma. Ahora intento despegarme de su voz, la cual pesa mucho en los poetas de mi generación que lo han leído. Es muy común encontrar copias de “Ojalá el gobierno me diera una beca” por todos lados, en todos los talleres de literatura. Sin embargo, cada cierto tiempo vuelvo a Meth Z, sobre todo cuando estoy triste.
¿En qué se asemeja el fútbol a la poesía?
En dos cosas:
1. En lo difícil que es llegar a primera división y sobre todo, mantenerse ahí. (Esto no lo sé a ciencia cierta, yo juego en la tercera regional o quizá una división más abajo).
2. Los jóvenes que deciden ser futbolistas o ser poetas necesitan recurrir a lo mismo, a la valentía. Muy seguramente fracasarán, pero resulta peor vivir aburrido.
¿La poesía se escribe cuando ella quiere?
Los goles no llegan cuando quieren, llegan cuando el delantero los busca una y otra vez. Para buscarlos se necesita perder el miedo, algo de técnica y saber moverse entre líneas. Sobre todo perder el miedo.
‘¡Hasta dónde me he convertido en una vieja solterona que me falta coraje para amar a la muerte!’, parece gritarles Rimbaud desde el Infierno a los jóvenes. ¿Qué diablos le ocurre a nuestra generación?
Estamos tristes. Las generaciones anteriores acabaron con el rock, con las drogas de calidad y con la nave que llamamos planeta Tierra. ¿Cómo amar a la muerte si vivir cada vez tiene menos sentido? Mañana quizá moriremos en una súper sequía y a nadie le va a sorprender.
Por otro lado, y lo que realmente me inquieta de esta pregunta, es que no creo que Rimbaud esté en el infierno. Los iluminados no viven en el infierno, lo han visto y se han hospedado en sus hoteles, pero no viven ahí. Rimbaud es un santo que pasó su vida queriendo renunciar a serlo. Espero ya haya aceptado su naturaleza, donde quiera que se encuentre.
¿En qué se asemejan Charly García, Buda y Roberto Bolaño?
Tal vez en nada, salvo en que me hace feliz pensar en ellos. No hay un día en que no vengan a mi mente o los mencione en alguna conversación. Ojalá pudiera invitarlos a cenar el próximo sábado, todo saldría mal, discutirían y dos de ellos no entenderían el sánscrito antiguo, pero sería hermoso.
‘Cuando leo el tarot lucho como si estuviera en un combate de artes marciales. Una pelea de karate con el consultante, que se resiste a ser ayudado. El tarot es un arte marcial que trata de darte vida, pero el consultante combate y se resiste’, precisa Alejandro Jodorowsky. ¿Te ocurre lo mismo?
Un tiempo intenté leer el tarot a los demás, a los amigos, a los compañeros de trabajo. Lo dejé de hacer un martes por la mañana. Esa pelea de karate que menciona Jodorowsky me dejaba cansadísimo física y espiritualmente. Me sentía drenado, desconectado y con ganas inmensas de dormir. Ahora sólo lo consulto para mí. Tengo fe en las lecturas interactivas que abundan por internet, he aprendido mucho de ellas y me han mostrado mi futuro cercano. Son un milagro, uno de los mejores avances de las artes místicas.
¿Cuál es el compuesto químico en el que crees fervorosamente?
Soy defensor del libre y legal uso del omeprazol, confío en sus facultades psicodélicas.
¿Qué es lo que tanto te atrae de los vaqueros?
Su sentido innato de la moda…
¿Todas las ciudades se miran al espejo y parecen la misma muerte?
Sí, amo y odio a las ciudades. Su constitución misma se funda en la muerte. Y esta muerte no se detiene, amplía su radio. Son un monstruo que lo devora todo. Pero en las ciudades encuentro los oasis necesarios para atravesar el desierto de aburrimiento que es la existencia: libros, conciertos, museos, tiendas departamentales, lucha libre, cines, estadios de fútbol, bares…
A lo largo de ‘Caballomuerto’, la presencia de la noche es fundamental, aparece en al menos 16 poemas. Háblame de tu concepto personal de noche.
No es nada profundo. Me gusta la noche. En general prefiero la oscuridad y el silencio. No es por ninguna tendencia emo, simplemente la luz natural me lastima los ojos para leer. Sufro de dolores de cabeza. Una vez intenté arrancármela, pero no funcionó. Aquí sigue.
¿El yo no existe?
No. Es una ilusión. El yo cambia constantemente. Uno no es el mismo que hace dos semanas. Cuando se publique esta entrevista seré un ser distinto, entonces me daré vergüenza, pero uno se va acostumbrando.




