
Por EDITH M. LEDERER
NACIONES UNIDAS (AP) — Cuatro candidatos a ser el próximo secretario general de las Naciones Unidas harán esta semana una especie de audición para el cargo, muchos menos que hace 10 años, cuando António Guterres fue elegido como jefe de la ONU.
La expresidenta de Chile Michelle Bachelet —una de dos mujeres y una de tres candidaturas de América Latina— será la primera en comparecer ante los embajadores de los 193 países miembros de la ONU durante una sesión de preguntas y respuestas de tres horas el martes. Después de Bachelet intervendrá el jefe nuclear de la ONU, Rafael Mariano Grossi, de Argentina.
El miércoles, la jefa de comercio de la ONU, Rebeca Grynspan, tomará el relevo en el salón de la Asamblea General y, por último, el expresidente de Senegal Macky Sall.
En 2016, una contienda muy disputada atrajo a 13 candidatos. ¿Qué ha cambiado?
Para empezar, el mundo de 2026, profundamente polarizado y sacudido por conflictos, es muy distinto del clima global más pacífico de 2016, el año en que Donald Trump fue elegido presidente por primera vez.
A eso se suma la pérdida de influencia de las Naciones Unidas. Hace una década, la organización mundial disfrutaba de su éxito al ayudar a concretar el Acuerdo de París sobre el clima para frenar el calentamiento global y un pacto de líderes mundiales sobre 17 objetivos para promover el crecimiento económico global, preservar el medio ambiente y cerrar la creciente brecha entre países ricos y pobres.
Hoy, las divisiones entre las potencias mundiales son tan profundas que la ONU no ha podido cumplir su función principal de garantizar la paz y la seguridad internacionales. El antes poderoso Consejo de Seguridad se visto bloqueado para actuar y detener las guerras en Ucrania, Gaza e Irán, entre otros conflictos, dejando a la ONU al margen de grandes crisis globales.
Richard Gowan, del International Crisis Group, observador de la ONU y director de programa, señaló que el actual panorama geopolítico ha afectado la carrera para suceder a Guterres, cuyo segundo mandato de cinco años termina el 31 de diciembre.
Indicó que hace 10 años muchos candidatos entraron en la contienda sabiendo que tenían pocas posibilidades de ganar, pero la usaron para ganar relevancia.
“No había un costo real asociado a perder”, comentó Gowan. “Esta vez, los posibles candidatos y los gobiernos que los patrocinan son mucho más cautos. Existe la sensación de que si un candidato comete un error y ofende a Washington o a Beijing, podría causar un daño diplomático real”.
Cómo funcionó la selección en 2016
En 2016 hubo una intensa presión para elegir a la primera mujer en dirigir las Naciones Unidas. Siete de los 13 candidatos eran mujeres. Pero existía un amplio consenso en que Guterres fue quien mejor se desempeñó en lo que la ONU llama el “diálogo interactivo” con los miembros de la Asamblea General.
La Carta de la ONU dice poco sobre cómo elegir al secretario general, salvo que la Asamblea General, que incluye a todos los miembros, debe hacerlo a recomendación del Consejo de Seguridad. Eso otorga a los cinco miembros permanentes del órgano más poderoso de la ONU —Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia— el papel decisorio y el poder de veto sobre la selección.
Por tradición, el cargo de secretario general rota por regiones. Guterres, ex primer ministro portugués y exjefe de la agencia de refugiados de la ONU en representación de Europa, sucedió al excanciller surcoreano Ban Ki-moon, que representaba a Asia. Ban siguió al ghanés Kofi Annan, que representaba a África.
Ahora, debería ser el turno de América Latina, aunque Europa del Este nunca ha tenido un secretario general y quedó fuera en 2016.
Según las reglas de la ONU, los candidatos deben ser nominados por un país miembro, no necesariamente el suyo. No hay un límite de tiempo para las nominaciones y podrían aparecer más candidatos, pero en 2016 el Consejo de Seguridad empezó a realizar “votaciones indicativas” entre los 13 candidatos a finales de julio, lo que en la práctica sirvió como fecha de corte.
Cómo fueron nominados los cuatro candidatos
Durante sus sesiones esta semana, es probable que a los cuatro candidatos se les pregunte sobre su visión del cargo, los focos de tensión global y el futuro de las Naciones Unidas, pero vale casi cualquier tema.
Bachelet, de 74 años, que fue alta comisionada de la ONU para los derechos humanos después de ejercer dos mandatos no consecutivos como presidenta de Chile, fue nominada inicialmente por Chile, Brasil y México. Pero después de que el líder de extrema derecha José Antonio Kast asumiera la presidencia de Chile en marzo, su gobierno retiró el apoyo a la izquierdista Bachelet, aunque ella sigue siendo candidata gracias a las nominaciones de Brasil y México.
Grossi, de 65 años, exdiplomático argentino y director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica desde 2019, fue nominado por su país.
Grynspan, de 70 años, ex vicepresidenta de Costa Rica, ha sido secretaria general de la agencia de Comercio y Desarrollo de la ONU, la UNCTAD, desde 2021 y también fue nominada por su país.
Sall, de 64 años, fue nominado por Burundi, pero su país, Senegal, comunicó a la Unión Africana que no lo había respaldado. Tampoco lo hizo la dividida organización regional de 55 países.
Una quinta candidata, la diplomática argentina Virginia Gamba, exrepresentante de la ONU para los niños en conflictos armados, fue nominada por Maldivas, pero el país del océano Índico retiró su candidatura a finales de marzo sin dar una razón.
Aunque sólo hay dos candidatas mujeres, continúa la presión para que haya una “señora secretaria general”, incluso por parte de Guterres, que ha buscado lograr la igualdad de género en su administración. Reino Unido y Francia también han dicho que les gustaría ver a una mujer al mando.
El grupo global de incidencia 1 for 8 Billion y GWL Voices, una organización de casi 80 líderes mundiales, han hecho campaña a favor de una mujer. La presidenta y cofundadora de GWL, Susana Malcorra, excanciller argentina y alta funcionaria de la ONU, fue candidata a secretaria general en 2016.
Sin embargo, Bachelet ya enfrenta oposición de Estados Unidos
En una carta del 25 de marzo al secretario de Estado Marco Rubio, 28 legisladores republicanos del Senado y la Cámara de Representantes pidieron a Estados Unidos que vete a Bachelet, a quien calificaron de “una fanática proaborto decidida a usar la autoridad política para anular la soberanía de los Estados en favor de agendas extremas”.
La semana pasada, durante una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, se le preguntó a Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, el senador republicano Pete Ricketts, de Nebraska —uno de los firmantes de la carta— sobre la idoneidad de Bachelet para el cargo. Waltz respondió que no estaba en posición de decir si Estados Unidos la apoyaría o se opondría a ella, pero añadió: “Comparto sus preocupaciones”.
Gowan afirmó que se consideró que las probabilidades de que se eligiera a una mujer cambiaron de forma drástica cuando Trump regresó a la Casa Blanca.
“Antes de eso, existía la sensación de que esta vez tenía que ganar una mujer, pero ahora muchos diplomáticos suponen que Washington insistirá, por principio, en un secretario general hombre”, sostuvo. “No estoy seguro de que eso sea necesariamente correcto”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.



