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Por CARA ANNA

Se cumplen 1.000 días de guerra desde que un ataque liderado por Hamás contra Israel desencadenó el conflicto en la Franja de Gaza. En la región han surgido otras confrontaciones, y los frágiles acuerdos de alto el fuego muestran las cicatrices de los ataques persistentes. Tanto israelíes como palestinos están cansados de la presión.

El destino de más de dos millones de palestinos en el sitiado enclave, en su mayoría desplazados y viviendo entre ruinas, sigue siendo incierto. Las fuerzas israelíes controlaban más de la mitad del territorio bajo el alto el fuego que entró en vigor el 10 de octubre, pero el gobierno ha ampliado ese dominio y afirma que su objetivo es llegar al 70%.

Poca gente puede entrar o salir de la Franja. Y otras medidas contempladas en el alto el fuego, como el desarme de Hamás y la inmensa tarea de la reconstrucción, se han estancado.

“Queda mucho por hacer para que pueda volver siquiera una apariencia de normalidad, y estamos muy, muy lejos de eso”, afirmó esta semana el director regional del Comité Internacional de la Cruz Roja, Nicolas von Arx.

A continuación, un repaso a lo que ha ocurrido durante estos 1.000 días y a lo que podría deparar el futuro.

Siguen muriendo palestinos

Los ataques israelíes han disminuido considerablemente desde la entrada en vigor del alto el fuego, pero continúan casi a diario.

El Ministerio de Salud de Gaza contabilizó 1.053 palestinos muertos desde el comienzo de la tregua hasta el martes, incluyendo más de 350 mujeres y niños. En los últimos días, entre las víctimas mortales hubo una adolescente que iba camino a la escuela y una madre y su hija de un año.

“¿Dónde está este alto el fuego del que no dejan de hablar? ¡Qué vergüenza!”, dijo una palestina, Wisal Abu Khater, tras otro ataque letal esta semana, arremetiendo contra los árabes que, según ella, han fallado al pueblo de Gaza y están ocupados viendo los partidos del Mundial.

Naciones Unidas advirtió el miércoles que la expansión israelí en Gaza incrementa los riesgos mortales para la población civil en “zonas que carecen de una demarcación clara sobre el terreno”.

El Ministerio de Salud indicó que más de 3.400 personas han resultado heridas desde el alto el fuego. El departamento forma parte del gobierno encabezado por Hamás y mantiene registros detallados de víctimas que las agencias de la ONU y expertos independientes consideran, por lo general, fiables. No distingue entre civiles y combatientes, pero sostiene que mujeres y niños representan aproximadamente la mitad de los fallecidos.

El ejército de Israel sostiene que ataca a Hamás y a otros insurgentes, y a menudo afirma que estaban planeando ataques, además de acusar a Hamás de usar a civiles como escudos humanos.

El ataque encabezado por Hamás el 7 de octubre de 2023 contra el sur de Israel mató a unas 1.200 personas y tomó a otras 251 como rehenes. Todos ellos, o sus restos, han sido liberados o entregados, y algunos relataron abusos. La represalia israelí se ha cobrado la vida de un total de 73.066 palestinos hasta el martes, según las autoridades de salud gazatíes.

La Junta de Paz de Trump ha logrado pocos avances

El principal diplomático encargado de supervisar el alto el fuego, Nickolay Mladenov, lo ha dejado claro: los siguientes pasos para aplicar el acuerdo negociado por Estados Unidos están estancados por el difícil asunto del desarme de Hamás.

Esto ha sido una prueba de alto perfil para la Junta de Paz creada y encabezada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Puesta en marcha a principios de año con gran pompa y miles de millones de dólares en compromisos internacionales, con el único objetivo de la recuperación de Gaza tras la guerra, ahora apenas se pronuncia públicamente.

El desarme de Hamás abriría camino a otras medidas, como una nueva administración en Gaza y el despliegue de una fuerza internacional de estabilización para ayudar con la seguridad y los esfuerzos de reconstrucción. Aunque Hamás no ha rechazado de plano desarmarse, ha indicado que quiere conservar algunas armas y ha exigido más concesiones a Israel.

Un Israel dividido enfrenta elecciones

Durante los últimos 1.000 días, los israelíes han quedado traumatizados por el ataque del 7 de octubre —el más letal en la historia de Israel— y por otros conflictos que siguieron: contra el grupo político-paramilitar Hezbollah, respaldado por Irán, en Líbano; contra los rebeldes hutíes, que también cuentan con el apoyo de Teherán, en Yemen, y contra el propio Irán.

Los aliados armados de la República Islámica habían atacado a Israel, afirmando que actuaban en solidaridad con los palestinos. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, presionó a Trump para atacar conjuntamente a Irán el 28 de febrero. Eso reavivó el conflicto en Líbano, donde las fuerzas israelíes han avanzado hasta su punto más alejado en más de un cuarto de siglo.

Ninguno de estos frentes se ha calmado por completo.

Estos conflictos y su costo —incluidas las crecientes muertes de soldados israelíes, los ataques continuos a lo largo de la frontera con Líbano y las acusaciones internacionales de genocidio en Gaza, que Israel rechaza— pesan sobre los israelíes y el ánimo nacional mientras Netanyahu busca la reelección este otoño.

Netanyahu ha proyectado confianza, pero enfrenta un desafío difícil.

Más del 60% de los israelíes cree que no debería postularse de nuevo, según una encuesta del Instituto de Democracia de Israel publicada el mes pasado. La indignación ha sido grande por los fallos de seguridad previos al 7 de octubre, por la falta de una comisión estatal para investigarlo y por las impopulares exenciones del servicio militar concedidas a sus socios de gobierno ultraortodoxos.

Gaza en ruinas mientras la ayuda humanitaria aún enfrenta obstáculos

Los palestinos en Gaza afirman que están al límite. Refugiados en enormes campamentos de carpas con servicios básicos —si es que los hay—, o en los esqueletos de edificios bombardeados, siguen viviendo entre el zumbido de los drones israelíes y la amenaza diaria de ataques.

Se suponía que el alto el fuego supondría un aumento de la ayuda humanitaria, como medicamentos y combustible. Grupos de ayuda y otros sostienen que eso no ha ocurrido. Todos los pasos fronterizos de Gaza siguen estando estrictamente restringidos y, en ocasiones, han cerrado por completo. La ONU señaló el mes pasado que 17 hospitales siguen estar operativos.

Los “engorrosos” trámites de autorización y aduaneros israelíes limitan la entrada de suministros cruciales, dijo el mes pasado el jefe humanitario de Naciones Unidas, Tom Fletcher, que agregó que hasta las prótesis se han visto afectadas por preocupaciones sobre un posible uso “dual” como armas.

En agosto se declaró una hambruna en la Ciudad de Gaza, pero expertos en seguridad alimentaria dijeron después que ha habido “mejoras notables” tras el alto el fuego. El organismo militar israelí responsable de coordinar los asuntos civiles en la Franja, COGAT, afirmó el miércoles que “la cantidad de alimentos que se están introduciendo supera con creces las necesidades nutricionales de la población civil gazatí”.

Con las fuerzas israelíes expandiéndose en Gaza y con los insurgentes de Hamás acusados de ejecutar ilegalmente a palestinos por presunta colaboración con Israel o por delitos como el saqueo, la gente afirma estar estresada y agotada.

“Teníamos todo antes de la guerra”, dijo Mahmoud Ashour, un comerciante de 33 años en Jan Yunis. “Y ahora solo ansiamos un bocado para comer”.

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Los periodistas de The Associated Press Samy Magdy y Fatma Khaled en El Cairo, Egipto, contribuyeron a este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.