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Los obispos recién consagrados (de izquierda a derecha) Marc Hanappier, Michel Poinsinet de Sivry, Michael Goldade y Pascal Schreiber, tocados con sus mitras y sosteniendo sus varas pastorales, al final de su ceremonia de consagración en una carpa instalada en el exterior del seminario de la Fraternidad de San Pío X, en Econe, Suiza, el 1 de julio de 2026. (AP Foto/Baz Ratner)
Los obispos recién consagrados (de izquierda a derecha) Marc Hanappier, Michel Poinsinet de Sivry, Michael Goldade y Pascal Schreiber, tocados con sus mitras y sosteniendo sus varas pastorales, al final de su ceremonia de consagración en una carpa instalada en el exterior del seminario de la Fraternidad de San Pío X, en Econe, Suiza, el 1 de julio de 2026. (AP Foto/Baz Ratner)
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Por NICOLE WINFIELD

CIUDAD DEL VATICANO (AP) — El Vaticano respondió con contundencia el jueves a un grupo tradicionalista que consagró obispos sin el consentimiento del papa, al declarar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en cisma, excomulgar a sus obispos y sacerdotes y advertir a sus fieles que ellos también enfrentan las sanciones más severas de la Iglesia católica.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, la oficina doctrinal vaticana, fue más allá de las sanciones mínimas previstas por el derecho canónico de la Iglesia para responder a la consagración del miércoles de cuatro nuevos obispos en el seminario de la fraternidad en Écône, Suiza.

El grupo, conocido por su acrónimo FSSPX, celebra la antigua misa en latín y se opone a las reformas modernizadoras de la Iglesia católica, que considera plagada de herejías y errores, y a la que ha acusado de haberse apartado de la fe católica.

Durante una misa de cinco horas el miércoles, llena de rituales y a la que asistieron unas 15.500 personas y sus hijos, la FSSPX consagró a cuatro nuevos obispos en abierto desafío al papa León XIV, quien había instado al grupo a posponer el acto en aras de la unidad de la Iglesia.

El Vaticano excomulgó a los cuatro nuevos obispos y a los dos que participaron en la ceremonia. Calificó las consagraciones como un “acto cismático” y declaró que la propia fraternidad había creado un cisma, o una ruptura intencional con la Iglesia católica.

El Vaticano advirtió a los fieles que asisten a las misas de la FSSPX que dejen de hacerlo, señalando que “quienes se adhieren formalmente” al grupo son considerados cismáticos y excomulgados. Además, declaró cismáticos a los sacerdotes de la FSSPX y, por lo tanto, excomulgados, y también invalidó los sacramentos de la confesión y del matrimonio que administran.

Las sanciones —especialmente las dirigidas a los sacerdotes, los fieles y a los sacramentos que pueden recibir— fueron particularmente duras y revirtieron las concesiones que el Vaticano había otorgado a la FSSPX en los últimos años como parte de su acercamiento para volver a llevar al grupo bajo el ala de Roma.

El arzobispo francés Marcel Lefebvre fundó la FSSPX en 1970 en oposición a las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II. Entre otras cosas, esas reuniones de la década de 1960 revolucionaron la relación de la Iglesia con otros cristianos, judíos y personas de otras religiones y permitieron que la misa se celebrara en lengua vernácula en lugar de en latín.

Lefebvre consagró a cuatro obispos sin el consentimiento papal en 1988. El Vaticano lo excomulgó de inmediato, así como a los cuatro obispos, y declaró las consagraciones como un “acto cismático”.

En 2009, el papa Benedicto XVI levantó las excomuniones al grupo como parte de su proceso de acercamiento de varios años, pero, hoy en día, la FSSPX no tiene estatus legal en la Iglesia y con el decreto del jueves se declara que está en cisma.

Las consagraciones habían planteado una crisis para León XIV porque el papa estadounidense ha hecho hincapié en la unidad en la institución. Ha tendido puentes, especialmente hacia el ala conservadora y tradicionalista, que en muchos sentidos se sintió apartada durante el mandato de su predecesor, el papa Francisco.

Pero las sanciones impuestas el jueves sugieren que, después de casi cinco décadas de intentar negociar con la Fraternidad, la Santa Sede ya ha tenido suficiente.

El Vaticano respondió con tanta contundencia en parte porque el grupo supone una especie de amenaza al representar una Iglesia paralela, ultracatólica, anterior al Concilio Vaticano II, que ha crecido en las décadas desde su ruptura inicial con Roma.

El grupo cuenta ahora con seis obispos, 751 sacerdotes, 264 seminaristas en formación en cinco seminarios, 145 hermanos religiosos, 88 oblatas y 250 religiosas que representan a 50 nacionalidades, según sus estadísticas.

La FSSPX ha acusado a la Iglesia de estar plagada de errores —como el modernismo y el liberalismo—, y de que solo ella defiende la verdadera fe de Cristo. Justificó las consagraciones citando un “estado de necesidad” para atender a sus fieles.

En su homilía del miércoles, Davide Pagliarani, superior de la FSSPX, también insistió en que las consagraciones servían a León y a la Iglesia.

“Se nos acusa de no respetar al papa”, dijo Pagliarani. “Pero es precisamente porque amamos al papa como vicario de Cristo, como cabeza de la Iglesia, que no queremos ver al papa humillado nunca más, del lado de falsos pastores que representan falsas religiones”.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.