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Por MAURA CAREY

ATLANTA (AP) — Los aficionados de Argentina son bien conocidos por el apoyo apasionado y estruendoso que brindan a su selección nacional. Esa pasión febril hizo que su adorada Albiceleste se sintiera como en casa el miércoles en Atlanta, durante la semifinal de la Copa del Mundo.

Esto no era Buenos Aires, pero la bulliciosa multitud proargentina hizo oír su voz: entonó cánticos incansablemente, y gritó a todo pulmón durante toda la semifinal del miércoles.

Y a los 85 minutos, cuando Enzo Fernández marcó el gol del empate para Argentina tras una asistencia de Lionel Messi, el agua salpicó desde el piso superior hasta el inferior en el Mercedes-Benz Stadium.

Después volaron vasos y botellas. Los aficionados se despojaron de sus camisetas y las agitaron en el aire. Mucho después de que Lautaro Martínez anotó el gol de la victoria por 2-1 sobre Inglaterra, los hinchas argentinos celebraban como si hubiera ocurrido apenas segundos antes.

Messi, Fernández y otros desfilaron por el campo con el torso descubierto, empapándose en el ambiente festivo mientras los hinchas alentaban a los jugadores — ninguno de ellos quería que el momento terminara.

“Somos únicos, de verdad, y no es arrogancia, ¿eh?, es corazón, somos únicos”, exclamó el técnico Lionel Scaloni al borde de las lágrimas. “Esta gente hoy nos llevó a ganar el partido, así que agradecido”.

No fue sino hasta que los empleados de seguridad empezaron a abrirse paso entre las gradas, haciendo sonar silbatos para dirigir el flujo de personas, que el mar de aficionados argentinos comenzó a encaminarse hacia las salidas.

Gastón Reinoso, un argentino que vive en Houston y viajó a Atlanta para el partido, comentó que la devoción de los hinchas no se puede describir fácilmente.

“Es muy difícil explicar la pasión que tienen estos aficionados. Cuando sos argentino, sentís el fútbol como una religión”, manifestó. “Esto puede serlo todo para vos. Podés ver un evento como éste: es un momento en el que la gente se olvida de la religión, la política, de todo. Todos están unidos. Esto es Argentina, no hay nada igual”.

Algunos aficionados de Argentina no siempre se han comportado de la mejor manera en mundiales anteriores, pero Atlanta les ha sentado bien este año — incluso si Messi y compañía han vivido episodios estresantes antes de reaccionar para ganar partidos.

Reinoso señaló que arrancar bien no ha sido la virtud de Argentina, pero la afición no ha flaqueado.

Argentina volvió al escenario de una de las mayores remontadas del Mundial — su victoria 3-2 sobre Egipto el 7 de julio. Y el miércoles, cuando consiguió otra victoria con las uñas mediante dos tantos en la agonía, los argentinos lanzaron agua desde el graderío.

“Fue como una rociada de Dios, desde el cielo. Empecé a llorar”, relató Reinoso.

La próxima parada de la caravana argentina será el domingo en East Rutherford, Nueva Jersey, para la final del Mundial contra España. Y es seguro apostar a que habrá más de unas cuantas camisetas albicelestes en las gradas.

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