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POR JULIA EDWARDS/CHICAGO TRIBUNE

El Día Mundial del Sida es el miércoles y los residentes de Chicago que actualmente viven con VIH y Sida enfrentan un mundo diferente a aquellos que fueron infectados hace 15 años, cuando las muertes por Sida llegaron a su punto más alto.

Actualmente, un diagnóstico seropositivo no es ya una sentencia de muerte, Debido a que la gente que tiene VIH vive más tiempo gracias a los avances médicos, el número de gente con VIH y Sida sigue en aumento. Según datos dados a conocer el lunes por el Departamento de Salud Pública de Chicago, el número de residentes con VIH y Sida era de 20,871 en 2008, según los datos más recientes disponibles. En 1985 ese número se ubicaba en 8,500.

Más allá de los eventos, maratones y recaudaciones de fondo en torno al Día Mundial del Sida, las conversaciones sobre el virus han tomado un segundo plano, consideran algunos seropositivos.

Johnathon Briggs, portavoz de la Fundación Sida de Chicago, dijo que no hablar de la enfermedad aumenta el estigma que mantiene alejada a mucha gente para buscar tratamiento. Quienes no buscan ser atendidos son más propensos a diseminar la enfermedad.

Con motivo del Día Mundial del Sida, dos latinos con VIH o Sida acordaron contar sus historias.

Joann Montes, de 46 años y consejera para pacientes en el CORE Center, una clínica para enfermedades infecciosas.

Montes contrajo el VIH a través de su fallecido esposo, quien no le dijo que era seropositivo. Cuando ella fue diagnosticada, el tema era aún un tabú en la comunidad latina, señaló Montes. Actualmente, Montes cuenta su historia en parroquias latinas desde Chicago hasta Nueva York.

“Estaba esta cosa de ‘¿Cómo pasó esto? Soy latina y hago lo que se supone que debo hacer’. No tuve sexo antes de casarme. Seguí todos los lineamientos de mi iglesia y mi religión, e hice todo lo que sabía para estar bien y aún tengo VIH. Y escuchar esta noticia, es un diagnóstico devastador”.

Richard Córdova, de 32 años, instructor de spin en un gimnasio y gerente de proyectos en el Test Positive Aware Network, donde planea eventos especiales sobre alcance y concienciación del Sida.

Córdova era un drogadicto. Dice que no sabe si contrajo el virus por vía sexual o a través del uso intravenoso de drogas. Para cuando fue examinado, su VIH había progresado hasta el Sida. Córdova siguió luchando con las drogas y la depresión hasta que se atravesó con un anuncio para correr un maratón a beneficio de las investigaciones contra el Sida. Dice que corrió ese maratón y otros cinco luego del primero. Desde ese momento se comprometió a correr y dice que desde entonces se mantiene sobrio, saludable y se atiende.

“El maratón fue para mí como mi roca. Te entrenas con un grupo y ellos son simplemente fenomenales y era como que cada sábado esa era mi roca. Necesitaba eso. Era como que no importaba lo que pasara en mi vida, veía cada sábado como mi minimeta a lograr. Ya he corrido seis maratones y hecho tres viajes a beneficio de 200 millas en bicicleta”.