CHICAGO – Michael Williams rebuscaba en el bote de basura de su jardín trasero y usaba su teléfono celular para alumbrar. No hay ninguna pistola.
Pero tenía que comprobarlo. Williams, un guardia de seguridad, imaginó que quien fuera que abrió fuego en el callejón a dos casas de la suya pudo haber tirado la pistola en su bote de basura.
“Ese arma no está aquí”, dijo un oficial de Policía a Williams.
“Sólo quería asegurarme que no estaba en mi bote de basura”, replicó el hombre.
El miércoles tarde, alguien abrió fuego a un grupo de personas tras una residencia de una planta con una cerca blanca en la cuadra 300 W. 106th St. en el barrio de Fernwood en el sur de Chicago.
Un hombre de 25 años fue declarado muerto en la escena. Un segundo hombre, de 43 años, fue baleado en el cuello y herido de gravedad.
Familiares dijeron que el hombre de 43 años estaba con otra gente en la parte trasera de la casa cuando sonaron los disparos. La puerta trasera estaba cerrada con llave así que él y sus amigos corrieron alrededor del edificio mientras golpeaban en las ventanas.
Él subió apresurado por las escaleras de la puerta frontal y su cuñado Sammie Peters le dejó entrar a la casa.
“La sangre caía desde su cuello”, expresó Peters, de 30 años. “Había demasiada sangre”.
Peters estaba en el interior de la vivienda con su hija de 9 años cuando comenzaron los disparos. Hubiera estado fuera, en el área donde hubo balas, si su hija no le hubiera hecho quedarse dentro para ayudarla con un juego de computadora de Barbie.
Cuando escuchó los disparos -una docena o más- corrió a la parte trasera de la casa, para abrir la puerta. Entonces, se apresuró a la puerta frontal y abrió a su cuñado quien estaba ensangrentado.
El hombre herido se tropezó dentro de la casa y colapsó frente a la hija de Peters.
La niña lloró de manera histérica.
Miembros de la familia pusieron presión en su herida y esperaron a que llegase una ambulancia, la cual lo llevó al Advocate Christ Medical Center en Oak Lawn. “Perdió tanta sangre que no pensé que sería capaz de sobrevivir”, contó Peters.
El jueves de madrugada, el hombre respiraba por sí mismo y hablaba, según Peters.
Su esposa estuvo con él en el hospital. Hace dos años, ella resultó herida en una balacera frente a la misma casa. Fue alcanzada por las balas en el brazo y en el costado, dijeron familiares.
El jueves es el aniversario de boda de la pareja.
“Si no es una cosa, es otra”, dijo Willie Nelson, otro familiar del hombre de 43 años. “Es una locura”.
Familiares del hombre de 25 años llegaron a la escena en cuanto se enteraron de lo ocurrido.
Una mujer en una camiseta rosa y pantalones de mezclilla cortos corrió y se giró a otra mujer que estaba parada cerca del cordón policial.
“¿Fue alguien baleado aquí?”, preguntó.
“Sí”, contestó la otra mujer.
“¿Fue Reese?”. No está muerto, ¿no?”.
“Sí”.
La mujer en rosa rompió a llorar y se fue a apoyarse a una cerca de metal.
Familiares y amigos del hombre quien falleció fueron a unirse a ella y luego caminaron alrededor de la cuadra al jardín trasero de una vivienda en 105th Pl.
El callejón estaba oscuro excepto por las luces azules de patrullas y las luces de linternas de detectives. Una SUV de la Policía en el lado este de la escena del crimen bloqueó la vista del cadáver.
Michael Williams estaba parado en su jardín trasero, al otro lado del callejón.
Escuchó a un grupo de dolientes en 105th Pl. que gritaban y peleaban.
Williams puso sus manos es su cintura y sacudió su cabeza.
“Es un momento emotivo”. mencionó Williams. “Rezo por ellos”.




