Óscar Chacón recuerda su niñez en El Salvador como una etapa que le abrió los ojos ante la desigualdad y opresión económica. Su padre era contador para una empresa de exportación de café en San Salvador, mientras la familia de su madre eran campesinos en la región de San Vicente.
Una imágen que lo sigue desde su niñez es la de una familia campesina que desayunaban juntos y compartían un solo plato mientras tomaban turnos para humedecer un pedazo de tortilla en huevo tibio.
“Me era imposible entender cómo una familia podía crecer de esa manera, y al pasar de los años sigo recordando esa imagen que ejemplifica la desigualdad”, dice Chacón, de 56 años.

Esas imágenes encendieron la pasión del activista para emprender la lucha por la igualdad y los derechos humanos, dice.
Durante la guerra civil en su país, cuenta Chacón, él —de entonces 15 años— y algunos de sus amigos se enfrentaron al gobierno dictador de El Salvador en los años setenta. La guerra que duró 12 años cobró más de 70,000 vidas, entre ellas las de algunos amigos de Chacón.
“Si eras joven y crítico de lo que en términos prácticos era una dictadura militar, se lanzaban contra ti como si fueras enemigo del Estado. No te tomaban preso, literalmente te aniquilaban”, recuerda Chacón, quien huyó solo a Nueva York en enero del 1980, donde vivió cinco años.
Recordando esos tiempos de incertidumbre, dice que se siente afortunado de haber nacido en un tiempo de guerra porque, según él, eso lo impulsó a madurar e involucrarse en la lucha por los derechos de refugiados e inmigrantes.
“Cuando llegué a Estados Unidos, con casi 18 años, ya tenía una visión muy clara de lo que quería hacer en mi vida, a lo que quería dedicarme”, cuenta Chacón.
Después de aprender inglés se inscribió en la Universidad de New Hampshire, donde intentó obtener una maestría en desarrollo económico comunitario, pero no la terminó pues decidió dejar la escuela en 1996 para unirse a la lucha por una reforma migratoria, la cual no han ganado, pero que según el activista, la lucha valió más la pena que su educación.
Ante la falta de una reforma inmigratoria Chacón continuó trabajando con varias organizaciones que se relacionaban con la lucha por los derechos de los inmigrantes. Fue así que en 2001 llegó a Chicago para tomar cargo del proyecto U.S Mexico Advocates Network, que buscaba vincular los esfuerzos que se hacían desde México con los que se hacían en Estados Unidos para buscar una solución al dilema de la relación migratoria. Luego lo reorientó para enfocarse no sólo en el dilema que existía sino en qué se podía hacer en los países de Latinoamérica donde la desigualdad obliga a la gente a emigrar a otro país sin otra opción de vida.
Su trabajo en ese proyecto le abrió las puertas para trabajar con más grupos de Latinoamérica, y así en 2007 se convirtió en el director ejecutivo de la Alianza Nacional de Comunidades Caribeñas y Latinoamericanas (NALACC), que en 2015 se convirtió en Alianza Américas.

Según Chacón, Alianza Américas se enfoca en impulsar una agenda de incidencia política de las comunidades inmigrantes de Latinoamérica frente al gobierno estadounidense y gobiernos de países de origen; también tienen presencia en organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, donde según Chacón, el tema de movilidad humana es frecuentemente discutido sin la presencia de un grupo que represente a los latinoamericanos.
“Alianza Américas busca ser una voz, una plataforma común para comunidades inmigrantes latinoamericanas, pero convencidos de que necesitamos trabajar también en coordinación no sólo con otras comunidades de inmigrantes y refugiados, sino con la sociedad estadounidense en general”, explica Chacón.
Alianza Américas también brega para asegurar condiciones de vida justa en las sociedades donde viven los inmigrantes y en sus países de origen, agrega.
El activista dice que se enorgullece de los logros de su pequeña organización, que ha influido en decisiones como DACA y ha ayudado a cambiar el concepto de la lucha de los inmigrantes como individuos a una lucha por la unidad familiar.
Influir en la manera de pensar de la comunidad latinoamericana en Estados Unidos ha sido parte de su trabajo, dice.
“Si nuestra comunidad logrará entender su poder, su valor y pudiera invertir económicamente en financiar una agenda de transformación social, económica y política en la sociedad… no sólo sería el segundo grupo más numeroso sino también el grupo con poder de transformación social, económica y política más interesante en este país”.
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