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CHICAGO – Mientras en Estados Unidos todo está listo para el festejo anual del Día de Acción de Gracias, en el oeste de la ciudad un pastor agradeció la solidaridad de la comunidad de Chicago con un Puerto Rico devastado tras el paso de los huracanes Irma y María.

En tanto, el agobiado gobierno de Puerto Rico advierte que enfrenta una carencia de efectivo para el final del año y solicitará miles de millones de dólares adicionales en ayuda federal para lidiar con los costos causados por los huracanes, la sociedad civil continúa enviando desde Chicago artículos de primera necesidad, alimentos y agua.

En días recientes, buena parte de la isla seguía sin luz. Los residentes más ricos, no obstante, tienen agua embotellada y generadores de electricidad que les permiten disfrutar de aire acondicionado, o han iniciado unas largas vacaciones fuera de la isla, mientras que los sectores más pobres combaten los mosquitos bajo un calor abrasador y luchan por conseguir agua, reportó la agencia AP.

“No tengo dinero. Soy un poco sordo. Por eso es muy difícil salir y buscar otra casita. Así que estoy aquí, esperando a que mi hermana me encuentre”, expresó Efraín Díaz Figueroa, de 70 años y quien duerme en un colchón húmedo en lo que queda de la casa de su hermana, tratando de alejar los mosquitos. Un cartel cerca suyo dice, “no nos roben”.

Es a esa comunidad, a “la más vulnerable”, a la que la ayuda de Chicago le está llegando, explicó John Zayas, pastor de The Grace and Peace Community Church, en el noroeste de la ciudad.

Voluntarios en The Grace and Peace Community Church organizan las donaciones que reciben diariamente.
Voluntarios en The Grace and Peace Community Church organizan las donaciones que reciben diariamente.

Puerto Rico tiene uno de los índices de desigualdad más altos del mundo, según José Carballo, presidente de la Asociación de Economistas de la isla. Más del 40% de su población vive por debajo del nivel de pobreza y decenas de miles de personas no tienen trabajo. Para ellos, la vida es cada día peor.

“(El huracán) María exacerbó las desigualdades que vemos en Puerto Rico, sobre todo entre quienes viven en la zona metropolitana y la gente del interior”, expresó Carballo. Este territorio estadounidense de 3.4 millones de habitantes ya enfrentaba una recesión que lleva más de una década antes de los huracanes y trataba de reestructurar parte de su deuda pública de $73,000 millones. El ingreso promedio anual es de $19,500, mientras que en el resto de Estados Unidos es de más de $58,000.

La línea entre la pobreza y la clase media ya se estaba haciendo más difusa. Más de una docena de familias perdían sus viviendas cada día al no poder pagarlas. El desempleo era del 10%, tres veces el de la parte continental.

“Y entonces llega María”, dijo Carballo. “Ahora esas personas viven como indigentes. No tienen un techo, no tienen agua, se preocupan de las cosas más básicas, como la comida”.

La tormenta de categoría 4 fue una de las más devastadoras que ha vivido la isla y mató a más de 50 personas. Arrancó árboles enormes, destruyó el tendido eléctrico de toda la isla, demolió un sinnúmero de casas y causó grandes destrozos en miles más.

“Algunos incluso han perdido la esperanza por la falta de ayuda”, mencionó Zayas, quien acaba de regresar de la isla a la que fue a dejar “ayuda y esperanza”.

Instalaciones en construcción de The Grace and Peace Community Church han sido utilizadas para almacenar las donaciones.
Instalaciones en construcción de The Grace and Peace Community Church han sido utilizadas para almacenar las donaciones.

La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos dijo que las condiciones en Puerto Rico son “alarmantes”.

Ante la situación de carencia y necesidad, en Chicago, la iglesia y comunidad se unieron para recaudar recursos y enviarlos.

Mientras tanto, decenas de miles de personas siguen saliendo de Puerto Rico. Algunos expertos han dicho que el territorio de 3.4 millones de habitantes perdería más de 10% de su población para 2019. Casi un millón de personas se han ido ya a causa de la crisis.

Y en Chicago, este grupo de voluntarios se ha dado a la tarea de ofrecer asistencia a los evacuados que llegan a esta ciudad. Se estima que unos 1,600 han dejado la isla para venir a Chicago hasta el momento.

Desde sus instalaciones en construcción, 1860 N. Leclaire Ave., Grace and Peace Community Church coordina con otras 20 iglesias, instituciones puertorriqueñas y escuelas el envío de ayuda a la isla.

Zayas dice que la congregación se convirtió en el principal distribuidor de donaciones de forma inesperada, luego de que una mujer de Elmwood Park les pidiera ayuda para almacenar las donaciones en el Centro Revive de la iglesia.

“Enviamos 155,000 libras de comida recientemente. Acabo de regresar de ese envío, y hoy estamos enviando un cargamento de agua a Aguada”, comentó el pastor desde la sede de la iglesia en construcción y que funciona como bodega, la cual desde el huracán Harvey en Texas, almacena agua embotellada y alimentos.

El edificio no tiene calefacción, faltan algunas ventanas y no tiene iluminación completa, pero a pesar de eso, el pastor y los voluntarios trabajan ahí para clasificar las donaciones que llegan diariamente y organizar los envíos.

“Es una multitud de personas comunes las que vienen a ayudar. Donan diez paquetes de agua individualmente o como una familia regalan hasta cargas de agua. Así es como todo esto se ha juntado. Son personas ayudando a personas; no son grandes corporaciones, ni negocios ni políticos”, comentó el pastor, cuya familia, originaria de San Lorenzo y Cataño, en Puerto Rico, también resultó afectada.

Toda la operación está dirigida por miembros de la comunidad, explica Zayas, quien dice no tener experiencia en la gestión de un almacén, por lo que se ha apoyado en los miembros que han tenido experiencia laboral en centros de distribución.

Las donaciones para auxiliar a Puerto Rico llegan diariamente, dice el pastor John Zayas, a veces hasta en camiones.
Las donaciones para auxiliar a Puerto Rico llegan diariamente, dice el pastor John Zayas, a veces hasta en camiones.

Los envíos son realizados por voluntarios que están dispuestos a declarar hasta 300 libras de bienes en sus vuelos a Puerto Rico y luego entregan personalmente esos bienes a las organizaciones que solicitaron la ayuda “para garantizar que el proceso sea lo más transparente posible”, comentó.

“Después de mi último viaje a Puerto Rico y de trabajar con las agencias con las que trabajé, descubrí que están realmente conectadas con las comunidades”, contó el pastor. “Así que regresando, esas fueron las iglesias e instituciones con las que decidimos trabajar porque sabemos que son agencias establecidas para obtener y repartir los bienes”.

Aunque algún progreso se está logrando, el pastor dice que no es suficiente considerando el daño del cual isla todavía tiene que recuperarse. “Fue difícil ver así la isla. Era un paraíso y ahora parece un país del tercer mundo”, indicó el pastor.

Allá la población “siente que no se les quiere en este momento. Se sienten como si fueran ciudadanos de segunda clase, como si fueran los olvidados”, dice el pastor. “Algunos están desanimados. Es difícil continuar la vida en el estado que está la isla, sus vidas están en una pausa”.