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El año pasado, Jimmy Galligan estaba en clase de historia cuando una alerta de su teléfono sonó porque había recibido un mensaje. Cuando lo revisó vio que era un video de tres segundos de una compañera blanca que miraba a la cámara y profería un insulto racial contra las personas negras.

Galligan comenta que ya había escuchado ese insulto en los salones y pasillos durante sus años como estudiante en el distrito escolar del condado de Loudoun. Les había mencionado el tema a maestros y administradores pero, para su enojo y frustración, sus quejas no habían llegado a ninguna parte.

Así que conservó el video, que le envió un amigo, y tomó una decisión que tendría repercusiones en toda Leesburg, Virginia, una ciudad llamada así por un antepasado del general confederado Robert E. Lee y cuyo sistema escolar había luchado contra una orden de desegregación durante más de una década después del histórico fallo de la Corte Suprema.

“Quería que entendiera la gravedad de esa palabra”, dijo Galligan, de 18 años, cuya madre es negra y su padre es blanco, sobre Mimi Groves, la compañera de clase que pronunció el insulto. Guardó el video y decidió que lo haría público cuando fuera el momento adecuado.

Jimmy Galligan, que publicó un video en línea de una compañera de clase que decía un insulto racial, dijo que otros estudiantes se habían burlado de él con esa misma palabra.
Jimmy Galligan, que publicó un video en línea de una compañera de clase que decía un insulto racial, dijo que otros estudiantes se habían burlado de él con esa misma palabra.

En un principio, Groves había enviado el video, en el que miraba a la cámara y decía: “Puedo conducir”, seguido del insulto, a un amigo en Snapchat en 2016, cuando era estudiante de primer año y acababa de obtener su permiso de manejo. Poco después, el video circuló entre algunos estudiantes de la secundaria Heritage, a la que ella y Galligan asistían, pero no causó mucho revuelo.

Galligan no había visto el video antes de recibirlo el año pasado, cuando él y Groves estaban en el último año. Para ese entonces, ella era capitana del equipo de porristas y soñaba con asistir a la Universidad de Tennessee, campus Knoxville, cuyo equipo de porristas era el actual campeón nacional. Cuando entró al equipo en mayo, sus padres lo celebraron con un pastel y globos naranjas, el color oficial de la universidad.

Al mes siguiente, mientras las protestas se extendían por toda la nación tras el asesinato de George Floyd a manos de un grupo de policías, en una publicación de Instagram, Groves instó a la gente a “protestar, donar, firmar una petición, manifestarse, hacer algo” en apoyo del movimiento Black Lives Matter.

“Tienes la audacia de publicar esto, después de decir la palabra con ‘n'”, respondió alguien a quien Groves dijo no conocer.

Su alarma ante el comentario del desconocido se convirtió en pánico cuando sus amigos comenzaron a llamarla, dirigiéndola a la fuente de un furor creciente en las redes sociales. Galligan, que había esperado a que Groves eligiera una universidad, publicó el video esa tarde. En cuestión de horas, el video se había compartido en Snapchat, TikTok y Twitter, donde se hicieron llamados furiosos para que la Universidad de Tennessee revocase su oferta de admisión.

Para esa tarde de junio, una semana después del asesinato de Floyd, los adolescentes de todo el país habían empezado a utilizar las redes sociales para denunciar la conducta racista de sus compañeros. Algunos estudiantes crearon páginas anónimas en Instagram dedicadas a responsabilizar a sus compañeros, incluso en el condado de Loudoun.

Las consecuencias no tardaron en llegar. Dos días después, Groves fue retirada del equipo de porristas de la universidad. Luego se retiró de la escuela bajo presión de los funcionarios de admisión, que le dijeron que habían recibido cientos de correos electrónicos y llamadas telefónicas de indignación de exalumnos, estudiantes y el público en general.

Después de que fue difundido el video que Mimi Groves grabó cuando tenía 15 años, la gente dijo en las redes sociales que la Universidad de Tennessee debería revocar su admisión.
Después de que fue difundido el video que Mimi Groves grabó cuando tenía 15 años, la gente dijo en las redes sociales que la Universidad de Tennessee debería revocar su admisión.

“Están enojados y quieren que haya alguna consecuencia”, dijo un funcionario de admisiones a Groves y su familia, según una grabación de la emotiva llamada que revisó The New York Times.

Groves fue una de muchos estudiantes de primer año en el país, cuyas ofertas de admisión fueron revocadas por al menos una docena de universidades después de que aparecieron videos en redes sociales en los que se les veía usando lenguaje racista.

En cierto sentido, la humillación pública de Groves evidencia el poder de las redes sociales para hacer responsables de sus actos a las personas de todas las edades, con consecuencias que en ocasiones incluyen el acoso y la “cancelación” tanto en línea como en el mundo real. Sin embargo, la historia detrás de las reacciones también revela un cuadro más complejo de comportamiento que durante generaciones no se había controlado en las escuelas de uno de los condados más ricos del país, donde los estudiantes negros dijeron haber sido objeto de escarnio durante mucho tiempo. Algunos comentaron que, en las clases, los estudiantes blancos les decían: “Vete a recoger algodón”.

“Siempre fue muy incómodo ser negro en el salón de clases”, dijo Muna Barry, una estudiante negra que se graduó con Groves y Galligan. Una vez, durante el Mes de la Historia Negra, recuerda que los profesores de gimnasia de su escuela primaria organizaron un juego de “Ferrocarril Subterráneo”, en el que se decía a los estudiantes que corrieran a través de una carrera de obstáculos en la oscuridad. Tenían que volver a empezar si hacían ruido.

El uso del insulto por parte de una estudiante de la secundaria Heritage no era sorprendente, dijeron muchos. La sorpresa, en cambio, era que Groves fue castigada por un comportamiento que había sido tolerado durante mucho tiempo.

Una atmósfera de aprendizaje ‘hostil’

Leesburg, la sede del condado de Loudoun, se encuentra justo al otro lado del río Potomac desde Maryland, más o menos a una hora en auto desde Washington. Fue el lugar de una de las primeras batallas de la guerra de Secesión y alguna vez se celebraron subastas de esclavos en los terrenos del juzgado, donde una estatua de un soldado confederado estuvo en pie durante más de un siglo hasta que fue retirada en julio.

Los suburbios del condado de Loudoun son de los más ricos en la nación y las escuelas suelen figurar entre las mejores del estado. El otoño pasado, según el Departamento de Educación de Virginia, el alumnado de Heritage era 50 por ciento blanco, 20 por ciento hispano, 14 por ciento asiáticoestadounidense y 8 por ciento negro, con 6 por ciento de estudiantes de origen mestizo.

En las entrevistas, alumnos y exalumnos de color describieron un entorno plagado de insensibilidad racial, que incluía el uso casual de insultos.

Un informe del año pasado encargado por el distrito escolar documentó un patrón en el que los líderes de la escuela ignoraban el uso generalizado de insultos raciales por parte de estudiantes y profesores, lo cual fomentaba un “creciente sentimiento de desesperanza” entre los estudiantes de color, algunos de los cuales se enfrentaban a medidas disciplinarias desproporcionadas en comparación con los alumnos blancos.

“Resulta alarmante el grado en el que los estudiantes informan sobre el uso de la palabra con ‘n’ como la preocupación predominante”, decía el informe. Los empleados del sistema escolar también tenían un “bajo nivel de conciencia y alfabetización racial”, mientras que la falta de repercusiones en el lenguaje hiriente hacía que los estudiantes formaran parte de una “atmósfera hostil para el aprendizaje”, señalaba el texto.

Leesburg, Virginia, donde Galligan y Groves fueron a la secundaria, fue el escenario de una temprana batalla de la Guerra Civil. Alguna vez, las subastas de esclavos se celebraron en los terrenos del juzgado.
Leesburg, Virginia, donde Galligan y Groves fueron a la secundaria, fue el escenario de una temprana batalla de la Guerra Civil. Alguna vez, las subastas de esclavos se celebraron en los terrenos del juzgado.

Tras la publicación del informe, el distrito publicó en agosto un plan para combatir el racismo sistémico. La medida fue seguida de una disculpa formal en septiembre por la historia de segregación del distrito.

Los funcionarios de la Secundaria Heritage no respondieron a las solicitudes de entrevistas.

Galligan recordó que los estudiantes hacían bromas de él con un insulto racial y que un compañero blanco se rió de él después de que su profesor de inglés del último año pusiera una grabación de audio de la novela de 1902 El corazón de las tinieblas que contenía el insulto.

Galligan contó que durante ese año escolar el mismo alumno hizo comentarios amenazadores sobre los musulmanes en un video de Instagram. Galligan le mostró la grabación al director de la escuela, quien se negó a tomar medidas, citando la libertad de expresión y el hecho de que el comportamiento ofensivo se efectuó fuera de la escuela. “Me sentí tremendamente desesperado”, recordó Galligan.

Una reacción implacable

Groves dijo que el video comenzó como un mensaje privado de Snapchat a un amigo. “En ese momento, no entendía la gravedad de la palabra ni la historia y el contexto detrás de ella porque era muy joven”, afirmó en una entrevista reciente, añadiendo que el insulto estaba en “todas las canciones que escuchábamos, y no estoy usando eso como excusa”.

Groves, quien acaba de cumplir 19 años, vive con sus padres y dos hermanos en River Creek, una urbanización privada predominantemente blanca que fue construida alrededor de un campo de golf. Hace poco, se sentó en la terraza con su madre, Marsha Groves, quien describió cómo toda la familia tuvo que enfrentar las consecuencias de la humillación pública.

“Honestamente me disgusta que esas palabras salieran de mi boca”, dijo Mimi Groves sobre su video. “¿Cómo puedes convencer a alguien que nunca te ha conocido y lo único que ha visto de ti es ese clip de tres segundos?”.

Groves dijo que las calumnias raciales y los discursos de odio no eran tolerados por sus padres, que habían advertido a sus hijos que nunca publicaran en internet nada que no dijeran en persona o que no quisieran que sus padres y profesores leyeran.

Cuando el video se volvió viral, la reacción fue rápida e implacable. También comenzó a circular en línea una fotografía de Groves, acompañada de un insulto racial, pero ella y sus padres dicen que alguien más lo escribió para afectar aún más su reputación. En las redes sociales, la gente etiquetó a la Universidad de Tennessee y a su equipo de porristas, para exigir que su admisión fuera rescindida. Algunos profirieron amenazas de violencia física si ella iba al campus de la universidad. Al día siguiente, los medios locales de Virginia y Tennessee publicaron artículos sobre el escándalo.

Groves, quien dedicó sus años de secundaria a ser parte del equipo de porristas, fue retirada del equipo de Tennessee. Decidió renunciar a la universidad debido a la presión.
Groves, quien dedicó sus años de secundaria a ser parte del equipo de porristas, fue retirada del equipo de Tennessee. Decidió renunciar a la universidad debido a la presión.

Para la Universidad de Tennessee, la indignación por Groves siguió a una serie de publicidad negativa sobre incidentes racistas en su campus principal en Knoxville. El año pasado, las fotos de Snapchat de estudiantes que llevaban la cara pintada de negro y se burlaban del movimiento Black Lives Matter se hicieron virales, poco después de que una estudiante fuera suspendida por su hermandad por referirse a personas negras con un insulto racial en un vídeo en línea. En 2018, se pintaron cruces esvásticas y otros mensajes de odio en el campus, meses después de que supremacistas blancos organizaron un evento durante el Mes de la Historia Negra.

Las universidades públicas tienen una capacidad limitada para expulsar a los estudiantes por lenguaje ofensivo. Tienen más margen de maniobra con los alumnos que ingresan, que aún no están matriculados, aunque muchas escuelas estatales tratan de evitar revocar oficialmente las ofertas de admisión por asuntos referentes a declaraciones.

El día después de que el video se hizo viral, Groves intentó defenderse en llamadas tensas con la universidad. Pero el departamento de atletismo no tardó en retirarla del equipo de porristas. Luego recibió una llamada en la que los funcionarios de admisión intentaron convencerla de anular su inscripción a la universidad, con el argumento de que temían que se sintiera incómoda en el campus.

La universidad se rehusó a comentar el caso de Groves, excepto por un comunicado que publicó en Twitter en junio, en el que los funcionarios dijeron que se tomaban muy en serio las quejas sobre la conducta racista.

Los padres de Groves, que afirmaron que su hija estaba siendo atacada por una “muchedumbre” en las redes sociales por un error que cometió de adolescente, exhortaron a los funcionarios universitarios a que evaluaran su carácter mediante charlas con sus profesores de preparatoria y sus entrenadores del equipo de porristas. En vez de eso, los funcionarios de admisión le dieron un ultimátum: anula tu inscripción o la universidad rescindirá su oferta de admisión.

“Solo queríamos que todo acabara, así que anulamos su inscripción”, dijo su madre, y agregó que toda la experiencia había “evaporado” 12 años de arduo trabajo de su hija. “Se precipitaron a juzgarla y, por desgracia, eso la afectará por el resto de su vida”.

Lecciones aprendidas

En los meses transcurridos desde que Galligan publicó el video, él comenzó su primer año en la Universidad Vanguard de California, y Groves se registró a clases en línea en una universidad comunitaria cercana. Aunque se llevaron bien durante los primeros años de la secundaria, no han hablado sobre el video ni sus repercusiones.

En su casa, la habitación de Groves está engalanada con una colección de trofeos y medallas de torneos de porristas, así como un par de pompones rojos: recordatorios del rumbo que pudo haber tomado su vida. Su desesperanza se ha convertido en resignación. “He aprendido la rapidez con la que las redes sociales pueden tomar algo que conocen muy poco, tergiversar la verdad y posiblemente arruinar la vida de una persona”, afirmó.

Desde el movimiento de reflexión sobre la historia racial del país durante el verano, muchos adolescentes blancos, cuando publican videos de bailes en redes sociales, ya no cantan los insultos que se escuchan en las canciones de rap. En cambio, se cubren los labios con el dedo. “Pequeños detalles como ese realmente hacen una diferencia”, dijo Galligan.

Galligan piensa mucho en la raza y en las implicaciones de los insultos raciales. Dijo que muchas veces su padre era la única persona blanca en las reuniones familiares maternas, en las que “la palabra con ‘n’ es un término que a veces usan” sus parientes negros. Hace unos años, su padre la dijo en voz alta, lo que llevó a Galligan y a su hermana a llevárselo aparte discretamente y explicarle que era inaceptable, incluso cuando bromeaba.

Poco después de cumplir 18 años en julio, Galligan le preguntó a su padre, un ex agente de la ley, qué pensaba del privilegio de los blancos. “Lo primero que me dijo es que no existe”, recordó Galligan. Luego le preguntó a su padre si alguna vez había tenido miedo al caminar de noche o al meter la mano en la guantera después de que la policía lo detuviera.

Dijo que su padre no lo había sentido.

“Ese es tu privilegio de ser blanco”, le dijo Galligan a su padre.

Una de las amigas de Groves, que es negra, dijo que la joven se había disculpado personalmente por el vídeo mucho antes de que se hiciera viral. Una vez que lo hizo en junio, la amiga defendió a Groves en línea, lo que provocó críticas de extraños y compañeros de estudio. “Se supone que debemos educar a la gente”, escribió en un post de Snapchat, “no arruinar sus vidas solo porque quieres sentir una sensación de poder”.

Por su papel, Galligan dijo que no se arrepentía. “Si nunca hubiera publicado ese video, nada hubiera sucedido”, dijo. Y como internet nunca olvida, la grabación siempre estará disponible.

“Voy a recordarme a mí mismo: tú empezaste algo”, dijo con satisfacción. “Le diste una lección a alguien”.

—Dan Levin cubre a la juventud estadounidense para la sección Nacional. Fue corresponsal en Canadá de 2016 a 2018. De 2008 a 2015, Levin vivió en Pekín, desde donde reportó sobre derechos humanos, política y cultura en China y Asia. @globaldan