
En el otoño de 2020, el primer año de la pandemia, los médicos que trataban a los pacientes hospitalizados por COVID-19 dijeron que estaban empezando a dominar el régimen. Aprendieron cuándo poner a los pacientes en respiradores, administrarles esteroides y desplegar una gama cada vez más amplia de medicamentos nuevos.
Sin embargo, los últimos datos de Pennsylvania y Estados Unidos muestran que, hasta diciembre de 2021, una de cada siete personas hospitalizadas con COVID seguía muriendo, una tasa no mucho mejor que al principio.
Los expertos dicen que comparar las tasas de mortalidad en el hospital de entonces y de ahora no es necesariamente apropiado, en parte porque los datos no indican las otras condiciones de salud de los pacientes o si, una vez que las vacunas estaban disponibles, habían recibido las vacunas. Sin embargo, las cifras nos recuerdan que, incluso ahora, hay un flujo constante de personas que acuden al hospital con COVID y muchas están tan enfermas que no sobrevivirán.
Las mejoras en la terapia ambulatoria han hecho que algunos médicos cambien su forma de pensar respecto a quiénes deben ingresar en el hospital, dijo Lewis J. Kaplan, profesor de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pennsylvania (Penn).
“Hoy en día, si uno ingresa al hospital por COVID”, dijo, “generalmente está muy enfermo”.
Los datos estatales, procedentes del Consejo de Contención de Costos de Cuidados de Salud de Pennsylvania (PHC4), también revelan una tendencia que ha cambiado poco desde el principio: los pacientes mayores con COVID tienen más probabilidades de tener que ir al hospital y, una vez allí, tienen más probabilidades de morir. Entre marzo y junio de 2020, las cifras del organismo muestran que el 28.2 por ciento de las personas mayores de 85 años que acabaron en el hospital murieron allí. A finales de 2021, esa tasa de mortalidad había descendido a un todavía sobrio 20 por ciento.
Los datos de Estados Unidos, tomados de 59 hospitales por National Center for Health Statistics (NCHS) de CDC, no están desglosados por edad, pero, por lo general, las personas que están siendo hospitalizadas con COVID tienen problemas de salud subyacentes, no han sido vacunadas o ambas cosas, dijo Kaplan, quien fue presidente de Society of Critical Care Medicine (SCCM) durante el caótico primer año de la pandemia.
Tanto las cifras de Pennsylvania como las de Estados Unidos se detienen a finales de 2021, cuando la oleada de ómicron estaba ganando fuerza. Los casos y las hospitalizaciones disminuyeron bruscamente en la primavera de este año, pero últimamente han vuelto a aumentar; la tasa de mortalidad, aunque baja para los estándares de la pandemia, persiste en casi 500 muertes diarias.
Si se mantienen las tendencias actuales, 39,000 personas podrían morir de COVID entre el 11 de julio y el 1 de noviembre, de acuerdo con el último modelo de Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), un centro de investigación de la Universidad de Washington.
Y muchas de esas muertes se producirán en el hospital, incluso con los últimos tratamientos, dijo la investigadora de IHME Sarah Wulf Hanson.
Al igual que Kaplan, advirtió de que no había que darle demasiada importancia a las tendencias de las tasas de mortalidad hospitalaria, ya que tanto los datos de Pennsylvania como los de Estados Unidos incluyen a pacientes con casos “incidentales” de COVID, es decir, que otra afección médica fue el motivo principal del ingreso.
Los estudios sugieren que las tasas de mortalidad también pueden aumentar como resultado del hacinamiento en los hospitales durante las oleadas pandémicas, ya que los hospitales se esfuerzan por ampliar sus recursos, dijo.
Sin embargo, el continuo número de muertes es una clara señal de que aún se necesitan mejores tratamientos, coincidieron Hanson y Kaplan. Incluso los que sobreviven pueden sufrir discapacidades a largo plazo.
Junto con las mejoras en la atención, Kaplan pidió que se sigan tomando precauciones fuera del hospital.
No es un secreto que la mayoría de la gente dejó de usar mascarillas hace mucho tiempo, pero los protectores faciales y otras precauciones siguen siendo importantes en ciertas situaciones, dijo. Las personas sanas de 30 años pueden tener poco que temer del COVID en la actualidad, especialmente si están vacunadas, pero aún pueden contagiar a otras personas con mayor riesgo.
“Ese simple mensaje: cuídense unos a otros. Es una relación social que creo que tenemos que recuperar”, dijo. “En los lugares de alto riesgo, hay que cuidar a las personas vulnerables”.




