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Por ILLIA NOVIKOV

KIEV, Ucrania (AP) — Cuando Alina Dotsenko regresó a su museo después de que las fuerzas ucranianas recuperaran la ciudad sureña de Jersón de manos de las tropas rusas a finales de 2022, descubrió que miles de obras de arte habían desaparecido.

“Entré y vi salas de almacenamiento vacías, estanterías vacías. Se me aflojaron las piernas y me senté junto a la pared, como una niña”, contó la directora del Museo de Arte de Jersón.

Antes de la invasión a gran escala lanzada por Rusia a principios de 2022, el museo albergaba más de 14.000 obras en una colección “que abarcaba desde América hasta Japón”. Según Dotsenko y un video filmado por residentes, cuando los rusos se retiraron cargaron gran parte de las obras en camiones y se la llevaron a Crimea, la península anexionada por Rusia.

El paradero de casi 10.000 piezas sigue siendo un misterio.

Ucrania vuelve a alzar la voz contra el saqueo mientras Rusia intenta regresar a la escena cultural mundial. La Bienal de Venecia del próximo mes tiene previsto permitir la participación de representantes rusos por primera vez desde 2022. Kiev apuntó que el evento “no debe convertirse en un escenario para blanquear los crímenes de guerra que Rusia comete a diario contra el pueblo ucraniano y nuestro patrimonio cultural”.

Un caso inusual de saqueo documentado

El caso de Jersón destaca porque Ucrania sabe exactamente qué se perdió.

Años antes de la guerra, Dotsenko comenzó a fotografiar cada pieza de los fondos del museo para crear un archivo digital. Cuando las fuerzas del Kremlin ocuparon Jersón, escondió los discos duros donde se guardaba. Tras el regreso de las tropas ucranianas, los recuperó.

Ahora, ese archivo constituye el registro más detallado de bienes culturales saqueados durante la guerra, lo que permite a la fiscalía trabajar con Interpol para rastrear las obras desaparecidas y perseguir a los responsables.

Sin embargo, en gran parte del país no existe una documentación así. Y las pérdidas culturales solo pueden reclamarse ante los tribunales si se pueden demostrar, pieza por pieza.

El Ministerio de Cultura ruso no respondió a una solicitud de comentarios de The Associated Press sobre la presunta retirada de objetos de museos ucranianos. En el pasado, funcionarios designados por Moscú en territorios ocupados calificaron la retirada de medida de protección.

Kirill Stremousov, el exadministrador adjunto impuesto por Rusia en Jersón, que murió poco antes de que las fuerzas ucranianas liberaran la ciudad, señaló en su día que las estatuas retiradas “definitivamente regresarán” una vez que cesasen los combates.

Pasar catálogos por los puestos de control

Halyna Chumak, exdirectora del Museo Regional de Arte de Donetsk, huyó de Donetsk, controlada por Rusia, en 2014 llevándose lo que pudo: catálogos que documentaban una pequeña parte de las aproximadamente 15.000 obras de arte de la institución.

Pasó un año llevando los catálogos a través de puestos de control hacia territorio controlado por Ucrania, dejando la mayoría atrás para no llamar la atención de las fuerzas prorrusas que la registraban en cada cruce.

Esos catálogos, que contienen poco más de 1.000 piezas, son la única evidencia que sobrevivió. Más de una década después, el empresario ucraniano Oleksandr Velychko los está digitalizando.

Su equipo tardó más de tres meses de minucioso trabajo en procesar unas 400 obras. Una vez completada, la base de datos se entregará a las autoridades ucranianas, lo que proporcionará una base legal parcial para reclamar la propiedad de las piezas desaparecidas.

Fiscales recurren a inteligencia de fuentes abiertas

Las autoridades señalan que la mayoría de los casos en Ucrania se parecen más al de Donetsk que al de Jersón.

Anna Sosonska, subdirectora de una unidad de delitos de guerra de la Fiscalía General de Ucrania, indicó que su departamento está tramitando 23 procesos penales relacionados con delitos culturales, que abarcan 174 episodios de saqueo, daños y destrucción.

El caso del museo de Jersón está entre sus prioridades, explicó, en gran medida gracias al archivo digital de Dotsenko.

Según explicó Sosonska, las fuerzas rusas suelen llevarse los registros de inventario y otra documentación de los museos, lo que dificulta establecer qué se ha sustraído.

En ocasiones, la fiscalía recurre a la inteligencia de fuentes abiertas para rastrear obras de arte mediante fotos, registros de subastas y otras pistas en internet, un proceso laborioso que no permite reconstruir colecciones enteras.

Lleva tiempo, pero Sosonska subrayó que los delitos culturales están contemplados por el derecho internacional y no prescriben.

Se desconoce la magnitud del saqueo

Funcionarios ucranianos sostienen que la magnitud del saqueo supera con creces lo que puede documentarse.

De acuerdo con el Ministerio de Cultura ucraniano, hasta marzo, Rusia había destruido o dañado 1.707 sitios de patrimonio cultural y 2.503 instalaciones de infraestructura cultural, incluidos espacios para eventos y galerías, entre los que destaca el Teatro Dramático de Mariúpol.

Más de 2,1 millones de objetos de museo permanecen en territorios ocupados por Rusia, agregó el ministerio. En las zonas recuperadas por Kiev desde 2022, se ha confirmado el saqueo de más de 35.000 piezas de museo.

Grandes partes del país han estado bajo ocupación rusa desde 2014, y mucha documentación original se ha perdido, destruido o retirado.

El Kremlin ha tomado medidas para formalizar su control sobre las colecciones incautadas. En 2023, modificó la legislación para incorporar 77 museos ucranianos en las regiones ocupadas de Donetsk, Luhansk, Jersón y Zaporiyia a su catálogo nacional, un paso que, según críticos, en la práctica prohíbe la devolución de las obras saqueadas.

Nombrada ministra ucraniana de Cultura en octubre de 2025, Tetiana Berezhna dijo que la digitalización será una prioridad clave de su departamento para preservar las colecciones.

“Si las hubiéramos digitalizado antes, sabríamos cuántos objetos fueron robados y cómo son”, reconoció.

Un caso de rendición de cuentas

Un caso reciente en Europa ha llamado la atención sobre la posibilidad de exigir responsabilidades.

En marzo, un tribunal polaco dictaminó que el ciudadano ruso Oleksandr Butiahin puede ser extraditado a Ucrania por acusaciones de excavaciones ilegales en Crimea, retirando piezas de un yacimiento que Kiev considera parte de su patrimonio cultural.

Butiahin fue detenido en Polonia el año pasado a petición de Ucrania. Sobre la decisión del tribunal cabe recurso.

Sosonska describió el caso como la primera vez que un ciudadano ruso podría enfrentarse a la justicia por delitos contra el patrimonio cultural de Ucrania vinculados a territorio ocupado.

Para quienes como Dotsenko trabajan en los museos, sigue siendo una cuestión profundamente personal.

Habló con The Associated Press en una exposición en Kiev con reproducciones de las pinturas sustraídas del museo de Jersón.

“Mientras estas obras sigan cautivas, todos esperamos que la situación se resuelva a favor del Museo de Arte de Jersón”, afirmó Dotsenko. “No dediqué 50 años de mi vida a este museo para nada”.

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El periodista de The Associated Press Dmytro Zhyhinas contribuyó a este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.