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Por ANDREA RODRÍGUEZ

LA HABANA (AP) — No hay cubanos bailando en los parques de La Habana ni turistas mirándolos. No hay luces en las calles ni parejas acurrucadas en el Malecón o familias con sus estruendosos altoparlantes en la avenida del Puerto. Al caer la tarde ya no pasan ni los automóviles.

El cerco petrolero impuesto por el presidente estadounidense Donald Trump en enero, y que agudizó la crisis económica que atraviesa Cuba desde hace cinco años, ha tenido un impacto directo en uno de los aspectos más distintivos de la capital isleña: su vida nocturna.

“Antes de que viniera todo este desastre podías sentarte en un parque, caminar por las calles. Yo misma caminaba por (avenida) 23 y amanecía en el Coppelia (una popular heladería). Te ibas a una discoteca, había más seguridad”, comentó a The Associated Press Dolores de la Caridad Méndez, una parqueadora de 65 años, mientras cuidaba un solo automóvil en la calle Prado.

“Esto está peor, peor, ni cuando el ‘periodo especial’ se ve lo que ahora”, dijo al evocar el recuerdo de la recesión que atravesó la isla en la década de 1990 tras la caída de la Unión Soviética, su principal aliado comunista.

Un recorrido nocturno por La Habana revela bares y cafeterías con las cortinas bajas, ausencia de transporte y el paso ocasional de transeúntes. Los cines están cerrados y los centros de espectáculos trabajan con horarios reducidos.

Tras el “período especial” la vida en la isla mejoró radicalmente y en la década pasada un acercamiento con Estados Unidos, la apertura de negocios privados y el aumento de las remesas y el turismo daban una sensación generalizada de progreso.

En 2018 llegaron a la isla 4,7 millones de turistas. La reserva hotelera estaba tan saturada que se reportaron viajeros sin hospedaje durmiendo en un parque de la pequeña ciudad de Viñales, en Pinar del Río.

Era común ver en las avenidas cargadas de automóviles restaurantes de lujo, cafeterías con mesas en la calle y centros nocturnos —a veces garajes subterráneos convertidos en salones de jazz— al tope.

La tormenta perfecta

A contramano de sus predecesores demócratas, en su primera presidencia Trump aplicó unas 200 medidas económicas contra Cuba para presionar un cambio en su modelo político.

Sus efectos ya comenzaban a notarse cuando irrumpió la pandemia de COVID-19 y paralizó las actividades —sobre todo el turismo—. A ello se sumó una fallida unificación monetaria interna, el último ingrediente de una crisis caracterizada por el desabastecimiento de alimentos y medicinas, los apagones y la emigración masiva.

El Producto Bruto Interno (PBI) se contrajo 15% en los últimos seis años y Cuba perdió 1,4 millones de habitantes entre 2021 y 2024, en su mayoría jóvenes, pero también músicos, actores, bailarines y profesionales ligados a la industria del ocio.

En enero Trump amenazó con aranceles a los países que le vendieran petróleo a Cuba tras la captura en Caracas de Nicolás Maduro, un socio clave del gobierno isleño. Y en marzo advirtió que podría “tomarla” y exigió la renuncia de la administración de Miguel Díaz-Canel.

Cuba estuvo tres meses sin recibir cargamentos de combustible hasta que a fines de marzo llegó un buque petrolero ruso con 730.000 barriles de crudo, casi una gota en el mar para un país que requiere 100.00 barriles diarios de los cuales sólo produce el 40%.

Noches con tristeza

Desde el inicio del cerco petrolero los apagones se hicieron más largos, la venta de gasolina se racionó a 20 litros por vehículo por turno –que puede tardar meses en llegar— y se recortaron las jornadas laborales. El transporte público urbano no circula después de la seis de la tarde y los autobuses interurbanos y los trenes redujeron sus frecuencias.

También algunas aerolíneas cancelaron sus rutas por no poder repostar combustible, entre ellas Air France, Air Canada y en la última semana Iberia.

En las antes bulliciosas aceras del Vedado, en el centro de la ciudad, ahora no se escucha el rugido de motores, apenas el canto apagado de los pájaros que se van a dormir.

El gobierno reportó la llegada de 184.800 turistas en enero, casi un 6% menos que en el mismo mes de 2025, y apenas 77.600 en febrero.

“Aquí estuviera esto lleno de gente en el Parque Central”, se lamentó Yusleydi Blanco, una técnica en contabilidad de 41 años. “Cuando veo mis calles vacías es como que yo estoy vacía por dentro también”.

Para los emprendedores y dueños de pequeños negocios la vida se volvió aún más difícil esta temporada, incluso para aquellos que instalaron restaurantes con la idea inicial de atender a turistas y luego adecuaron su oferta para el empobrecido mercado nacional.

“Tienes el día que te levantas y vas a colonizar el mundo, ‘hoy voy a vender más que nunca’. Llegas, no te entra un solo cliente y regresas a tu casa súper estresada”, contó Yeni Pérez Ramos, propietaria de la cafetería Entre Nos de La Habana Vieja. “Al día siguiente dices ‘vamos a dar otro chance’. Estamos en un tiempo de resistencia”.

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