
BERLÍN (AP) — Varios empleados de Lufthansa resultaron heridos el jueves después de que el tren de aterrizaje delantero de uno de sus aviones se colapsó repentinamente mientras la aeronave se encontraba estacionada en una puerta de embarque del aeropuerto de Fráncfort, provocando que la nariz del avión quedara sobre el suelo, informó la aerolínea alemana.
Sólo había miembros de la tripulación y personal de tierra a bordo del Boeing 787-9 Dreamliner al momento del incidente, el cual ocurrió antes del abordaje de los pasajeros para un vuelo programado a Los Ángeles que fue cancelado posteriormente.
“Varios empleados resultaron heridos y reciben atención médica en este momento”, informó Lufthansa, añadiendo que la compañía y las autoridades pertinentes iniciaron una investigación sobre las circunstancias del incidente.
El avión tiene un año de antigüedad, según el sitio web de rastreo de vuelos Flightradar24.
Boeing indicó el jueves en un comunicado que está “al tanto del incidente” y “brinda apoyo a nuestro cliente”.
En un video del incidente se puede ver como las ruedas delanteras del avión se deslizan hacia adelante y la nariz del avión se viene abajo, mientras un miembro del equipo de tierra se aleja rápidamente de la aeronave.
Las puertas del compartimento del tren de aterrizaje delantero se desprendieron al impacto.
Un incidente en el aeropuerto Heathrow de Londres también involucró el tren de aterrizaje delantero de un Boeing 787 en 2021. Según un informe de la Rama de Investigación de Accidentes Aéreos del Reino Unido, un 787-8 recibía mantenimiento en una puerta de embarque cuando el tren de aterrizaje delantero se retrajo durante una serie de pruebas, provocando que la nariz de la aeronave cayera sobre el pavimento. Los investigadores determinaron que se había insertado incorrectamente un pasador de bloqueo cuyo objetivo es el de impedir la retracción, permitiendo que el tren se plegara pese a las salvaguardas diseñadas para mantenerlo extendido.
El 787 Dreamliner, un avión de fuselaje ancho y doble pasillo con dos motores que se utiliza principalmente en rutas internacionales de larga distancia, entró por primera vez en servicio en 2011. La versión involucrada en el incidente del jueves puede transportar hasta 296 pasajeros, dependiendo de su configuración.
El 787 se ha visto afectado en los últimos años por defectos de producción y problemas de control de calidad, y los envíos de la aeronave se han detenido temporalmente en múltiples ocasiones.
Los problemas con el 787 comenzaron en 2020, cuando se encontraron pequeñas separaciones entre paneles del fuselaje fabricados con material compuesto de carbono. Esto desató una serie de inspecciones que detectaron problemas con un mamparo de presurización en la parte delantera del avión.
Boeing suspendió las entregas del 787 en mayo de 2021 mientras reguladores federales de Estados Unidos revisaban la documentación de los trabajos realizados en las nuevas aeronaves.
Boeing informó en junio de 2023 que se habían retrasado nuevamente las entregas mientras se llevaban a cabo inspecciones en los herrajes de parte de la cola de la aeronave —el estabilizador horizontal— luego identificar una “condición no conforme”. La empresa señaló en ese momento que el problema afectaría las entregas a corto plazo, pero que no se consideraba un riesgo de seguridad para los aviones que ya estaban en servicio.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.




