Por ALMA SOLÍS
PANAMÁ (AP) — La 56ta Asamblea General de la OEA comenzó el lunes en Panamá en medio de diversos temas que se destacan en el continente, entre ellos la situación en Nicaragua, Bolivia y Cuba, las presiones de Washington por ampliar su influencia en la región y el reciente giro político en Colombia.
La Asamblea se celebra en el marco del Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, apelando al espíritu de unidad e integración regional impulsado por Simón Bolívar hace 200 años.
En su discurso inaugural, el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Albert Ramdin, presentó un balance de la gestión del organismo y delineó las prioridades que impulsará en su mandato. Una de ellas es el impulso a la democracia.
“Debemos continuar trabajando en espacios democráticos donde está ausente o es insuficiente, particularmente en Cuba, Nicaragua y Venezuela”, manifestó. También dijo que hay que prestarle atención a las elecciones de Perú y Colombia, y que el organismo está dispuesto a apoyar a Bolivia en su crisis de protestas.
El secretario dedico parte de su discurso a Haiti y a lo que la OEA está haciendo para contrarrestar los problemas de delincuencia y pobreza que padece. “Haiti necesita solidaridad hemisferica”, pidió.
Además, defendió el multilateralismo, al que considera una herramienta indispensable para enfrentar los desafíos del hemisferio, y presentó la reforma institucional de la OEA para que sea más eficiente.
“La acción multilateral no es sólo una opción, es un requisito para nuestra supervivencia”, declaró el diplomático surinamés, que estará al frente del organismo hasta el 2030. Indicó también que la organización ha emprendido un intenso proceso de reformas, con el objetivo de tener mayor fortaleza.
Al mismo tiempo, advirtió que la OEA enfrenta presiones financieras debido al aumento de los costos operativos, y sostuvo que depender de las reservas para cubrir el presupuesto —el cual es de 93 millones para 2027— no es una solución sostenible.
“Debido a que los costos obligatorios continúan aumentando, la organización sigue sometida a presión, y nuestra sostenibilidad fiscal viene siendo un reto“, señaló.
El debate presupuestario de la OEA se desarrolló en un contexto en que el organismo busca redefinir sus prioridades y racionalizar sus recursos. La discusión adquirió especial relevancia por el peso financiero de Estados Unidos dentro de la organización, y por las señales que ha dado el gobierno del presidente Donald Trump de revisar el apoyo de Washington a los organismos multilaterales. En ese escenario, los Estados miembros tendrán que analizar cómo garantizar la sostenibilidad financiera de la OEA, y a la vez ampliar sus responsabilidades en áreas como la democracia, la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo.
Previo a la sesión inaugural, Ramdin reconoció que se necesita demostrar el valor de la OEA. Puso de relieve que no se les han aumentado las cuotas a los países, e hizo notar que muchos de ellos reciben más beneficios que el valor de lo que aportan.
En los meses previos a la Asamblea, el gobierno de Trump ha implementado medidas con las que pretende frenar la influencia y el predominio económico de China en América Latina. Dentro de esa estrategia para reforzar la presencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental, Trump recibió el fin de semana a varios gobernantes latinoamericanos en su complejo de golf cercano a Miami para la cumbre “Escudo de las Américas”.
Cuba también está entre los temas que la organización debe atender. Las relaciones entre Washington y La Habana se encuentran en un momento de fuerte tensión, marcado por el endurecimiento de las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense al cubano. Al mismo tiempo, ambos países han mantenido contactos de alto nivel sobre asuntos de interés mutuo, aunque sin iniciar un proceso formal de negociación ni de normalización de sus relaciones diplomáticas. Mientras Estados Unidos conserva su política de presión, la presidencia cubana reiteró su disposición al diálogo, siempre y cuando se lleve a cabo con base en el respeto mutuo y sin condicionamientos sobre su sistema político.
El canciller panameño Javier Martines Acha dijo que Panamá ha propuesto ser anfitrión para un diálogo entre ambos gobiernos, invitación que La Habana ya aceptó, pero Washington todavía no.
Por otro lado, Bolivia sigue bajo la atención regional debido a la crisis de protestas que padece desde hace semanas, y Nicaragua continúa siendo motivo de preocupación por la situación de la democracia y los derechos humanos. En cuanto a Colombia, si se confirma el triunfo electoral de Abelardo de la Espriella, el país pasará de un gobierno de izquierda encabezado por Gustavo Petro a uno de derecha.
Por su parte, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, instó a los países de América a reafirmar su voluntad colectiva para impulsar la cooperación, la democracia, el respeto a la ley y el combate a las amenazas que se ciernen sobre el continente.
En la víspera de la Asamblea, la secretaria general adjunta de la OEA, Laura Gil, explicó que los Estados miembros analizarían 16 proyectos de resolución y declaración, de los cuales 14 llegaban con consenso previo. Entre ellos figuran la Declaración de Panamá sobre multilateralismo firme en defensa de la democracia, la seguridad hemisférica y la estabilidad en los Estados americanos; una declaración sobre la situación en Nicaragua, y otra sobre la cuestión de las Islas Malvinas.
Además de estos temas, la Asamblea debatirá resoluciones sobre salud mental, políticas públicas para personas con discapacidad, y las prioridades temáticas de la organización, con especial atención a la situación de Haití y Nicaragua.
La Asamblea reunió a representantes de 33 Estados miembros, 37 observadores permanentes, 322 delegados oficiales, 746 representantes de la sociedad civil y 121 participantes del sector privado, además de organismos internacionales. Las resoluciones aprobadas durante la reunión marcarán la hoja de ruta política y de cooperación de la OEA para el próximo período.




