Por MARÍA VERZA
CIUDAD DE MÉXICO (AP) — El sueño mexicano en este Mundial se resume en tres palabras: “¿Y si sí?”
La pregunta omite el final —- ¿y si México gana? — pero recoge la esperanza de dos generaciones de mexicanos que nunca han visto triunfar a una selección que hace 40 años que no pasa de cuartos en una Copa del Mundo, algo que podría repetirse el domingo si se impone a Inglaterra.
La frase es también el cántico repetido por millones de jóvenes que ahora tienen algo en lo que creer, algo que les une y les hace vibrar: un equipo renovado que no ha dejado de darles sorpresas desde el inicio del campeonato y que sigue invicto y sin goles en contra.
“Ya rompimos la maldición”, dice Elián González, una estudiante de enfermería de 22 años. “Esta selección nos ha dado mucha esperanza”, asegura la joven de un suburbio de la capital a la que su madre contagió la pasión futbolera.
“Hay mucha juventud, eso es lo que nos ha dado realce y lo que nos puede hacer llegar… ¡pues a la final!”, agrega.
Las expectativas reales no son tan altas pero ¿y si sí?
El gol es jugar en casa
Los aficionados mexicanos no han dejado de celebrar desde la victoria en el partido inaugural contra Sudáfrica y este domingo están dispuestos a darlo todo durante el partido contra Inglaterra, cuando México puede igualar su mejor resultado histórico: el de los mundiales de 1986 y 1970, ambos celebrados en casa.
Las estadísticas de victorias en el Estado Azteca juegan a su favor igual que los más de 2.200 metros de altitud de la ciudad.
Pero la afición también preocupa a los ingleses, que mantienen su hotel de concentración como secreto de Estado para evitar que hinchas mexicanos repitan la insoportable serenata ofrecida a Ecuador la noche previa al partido. Algunos de sus aficionados han reconocido en redes temer más a México que a Brasil.
Mientras los memes se multiplican enfrentando a personajes míticos de cada país —Cantiflas contra James Bond; Freddy Mercury contra Juan Gabriel—-, y las bandas Oasis y Maná empezaron con sus quinielas, millones de apasionados llevan tres semanas desbordando ingenio, mostrando su cultura y tradiciones en cualquier forma posible, animando a su equipo incluso en los partidos donde México no jugaba o haciendo sonreir a los extranjeros cuando su equipo perdía.
Cualquiera pensaría que los videos virales son fruto de inteligencia artificial, afirma David Cávita, 26 años, pero no.
“Aquí todo lo pueden hacer volar”, dijo en referencia a la moda de lanzar aficiados al aire que luego la multitud recibe en sus brazos.
“La vibra que se siente… nunca la había sentido así, nunca en mi vida, por nada”, dice su amigo, Esteban Baustista, 21, estudiante de ingeniería. “Podemos llegar a hacer el mejor Mundial en casa”.
México y el Mundial, un “enamoramiento desbordante”
El poder de cohesión y de emocionar del fútbol es algo sabido pero algunos creen que en México va más allá.
“Lo que estamos viendo es como un enamoramiento apasionado, desbordante” sobre todo de jóvenes que quieren sentirse parte de algo, dejar atrás sus frustraciones y que están acompañando a una selección marcada por la juventud, explica Carlos Cruz, 54, fundador de una ONG que trabaja con adolescentes y ahora funcionario de la capital.
México tiene al jugador más jóven del campeonato, Gilberto Mora, de 17 años, y a un futbolista que viene de contextos adversos, Julián Quiñones. Ambos son símbolos para muchos, dice Cruz.
“Mora es el que nos dio esa esperanza de que el mexicano llega hasta donde quiere”, afirma Areli Navarrete, una joven de su misma edad que solo empezó a interesarse por el fútbol ahora.
Omar Gutiérrez, un analista de mercado de 46 años que jugó en fuerzas básicas de varios equipos mexicanos, agrega dos elementos más al cóctel mundialista mexicano: ”Tenemos un equipo que ha jugado con pasión… y estamos ávidos, deseosos, necesitados de algo que festejar ”.
Tomar las calles
Pese a las cuatro muertes ocurridas en medio de una multitud de más de un millón de personas que salieron a celebrar la victoria mexicana frente a Ecuador el pasado martes, nadie duda que el domingo el centro de la capital se llenará aún más.
Los hijos de Francisco Guerra, un trabajador de la Suprema Corte, los trillizos Patricio, Jerónimo y Juan Pablo, de 15 años, esperan el día con una pasión encendida. “¿Y si sí?” repiten confiando en entrar en cuartos de final.
Han visto en vivo tres juegos en los que se han puestos las camisetas de sus otras selecciones favoritas como Alemania o Inglaterra aunque esta última —dice Patricio bromeando— puede acabar quemada el domingo. La familia tiene fuertes vínculos con una familia inglesa con la que comparten un chat que ahora está silenciado.
Los partidos previos de México los vieron en casa con amigos pero sueñan con ir el del domingo al Ángel —el lugar emblemático de las celebraciones en la capital—. Su padre se resiste aunque el gobierno de la ciudad garantizó que extremará las pedidas de seguridad.
Joshua Zayas, de 19 años, sí irá. Asegura que sólo hace falta un poco de precaución. “Ahí compramos espuma, brincamos, bailamos y nos desestresamos ahorita que acabamos de terminar el semestre en la universidad”.
“Es muy bonito ver cómo nos podemos unir”, dice.
¿Y si no gana México? “Nos va a dar tremenda depresión y quién sabe cómo reaccionamos”, responde. “Pero esperemos que sí pasen”.
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