Por Alexandre Caverni y Anthony Boadle
SAO PAULO/BRASILIA (Reuters) – El gui ‘n era simple: organizar el Mundial de f ?tbol, ganarlo por sexta vez y subirse a una ola de euforia para mantenerse otros cuatro a +/-os en el poder. Sin embargo, el gobernante Partido de los Trabajadores podr -a darse cuenta de que esto no es tan f ¡cil.
La historia reciente muestra una baja correlaci ‘n entre coronarse campe ‘n mundial de f ?tbol y triunfar en las elecciones, pese a las incontables especulaciones sobre lo contrario entre los brasile +/-os de todo signo pol -tico.
En el mejor de los casos, la presidenta brasile +/-a Dilma Rousseff podr -a conseguir un alza temporal en las encuestas tras una victoria de la favorita selecci ‘n local en julio, pero esto probablemente se desvanecer -a en pocas semanas, dejando m ¡s de dos meses para que el electorado tome en cuenta la realidad antes de las elecciones del 5 de octubre.
En el peor escenario, el desastre de una eliminaci ‘n temprana del torneo podr -a contribuir a la frustraci ‘n por como ha gestionado Brasil los preparativos del torneo y alentar el deseo de un cambio.
Sin poder alentar al equipo local, m ¡s brasile +/-os podr -an sentir la tentaci ‘n de sumarse a las protestas callejeras contra la Copa del Mundo, creando una situaci ‘n muy vol ¡til para Rousseff.
De hecho, lo que se supon -a que fuese un momento de orgullo nacional se ha convertido en un campo minado para una presidenta cuya popularidad se ha debilitado.
Una serie de protestas violentas realizadas el a +/-o pasado durante la Copa Confederaciones convocaron a cientos de miles de manifestantes a las calles y elevaron lo que pol -ticamente se pone en juego en la Copa del Mundo, que comienza el 12 de junio en Sao Paulo.
Uno de los principales retadores de Rousseff, Eduardo Campos, dijo recientemente a Reuters que el campeonato puede tener alg ?n efecto en las encuestas de opini ‘n luego de que termine, “pero pronto aparecer ¡n otras preocupaciones en el radar”.
Los cientistas pol -ticos parecen respaldar esa visi ‘n. Las victorias deportivas 10 d -as antes de una elecci ‘n pueden aportar 1 a 2 puntos porcentuales al candidato de Gobierno, pero los partidos jugados dos semanas antes tienen poca repercusi ‘n, seg ?n un estudio elaborado en 2010 por investigadores de la Escuela de Graduados de Econom -a de Stanford.
Eso ha sido lo que ha ocurrido en Brasil la mayor parte de las veces.
Desde 1994, las elecciones generales que se realizan en Brasil cada cuatro a +/-os han coincidido con el Mundial.
Ese a +/-o, Brasil gan ‘ el torneo justo antes de que se aplicara un plan de estabilizaci ‘n, que incluy ‘ la introducci ‘n de una nueva moneda, el real.
El hombre que concibi ‘ el plan, Fernando Henrique Cardoso, ha dicho despu (c)s que el optimismo tras la victoria pudo haber ayudado al (c)xito de la moneda, que a su vez llev ‘ a su triunfo m ¡s tarde ese a +/-o.
A partir de ah -, la correlaci ‘n se pierde.
En 1998, Cardoso fue reelegido pese a que Brasil perdi ‘ la final con Francia. Cuatro a +/-os despu (c)s, Brasil derrot ‘ a Alemania para convertirse en campe ‘n del mundo por quinta vez, pero a ?n as – el l -der opositor Luiz In ¡cio Lula da Silva derrot ‘ a Cardoso en las urnas.
Lula se reeligi ‘ con facilidad en 2006, cuando Brasil cay ‘ en cuartos de final ante Francia, y Rousseff, con el apoyo de Lula, consigui ‘ la victoria en 2010, unos meses despu (c)s de que Holanda elimin ‘ a Brasil en Sud ¡frica.
RIESGO EN CAMPO PROPIO
La gran diferencia en esta ocasi ‘n es que la Copa del Mundo se juega en casa y hay algo m ¡s en juego que el desempe +/-o del futbolista estrella de Brasil: Neymar.
Adem ¡s, muchas cosas pueden pasar fuera de la cancha.
Las deficiencias del transporte pueden evitar que equipos e hinchas lleguen a tiempo a los partidos. Estadios construidos con prisa pueden presentar fallas, las comunicaciones pueden saturarse y en los encuentros incluso podr -an haber apagones.
Peor a ?n, los juegos pueden verse afectados por protestas callejeras de brasile +/-os que consideran que el Gobierno debi ‘ construir hospitales, escuelas y sistemas de transporte en lugar de costosos estadios, que algunas ciudades ni siquiera necesitaban.
Con cientos de millones de personas viendo el Mundial por televisi ‘n, cualquier percance podr -a avergonzar a los brasile +/-os que esperan que la Copa del Mundo corone el surgimiento del pa -s como un actor importante en el escenario mundial. Y podr -an achac ¡rselo a la presidenta.
“Pase lo que pase, sea un corte de energ -a en un partido, atascos de tr ¡fico, aeropuertos obstruidos o un accidente que involucre la fr ¡gil infraestructura, a ella se le culpar ¡ directamente”, dijo Thiago de Arag GBPo, socio de la consultora Arko Advice en Brasilia.
“La presidenta Rousseff debe estar deseando que Brasil no hubiese sido anfitri ‘n de la Copa del Mundo en un a +/-o de elecciones”, dijo.
Muchos predicen que Brasil ganar ¡ el Mundial en su casa y que Rousseff ser ¡ reelecta. Pero sus n ?meros han estado cayendo en las encuestas, que tambi (c)n muestran que ahora una mayor -a de los brasile +/-os son contrarios a la organizaci ‘n del evento.
Una eliminaci ‘n temprana de Brasil es el principal riesgo para Rousseff, dijo el senador Romero Juc ¡ del partido PMDB, quien observa una correlaci ‘n inversa entre el desempe +/-o de la selecci ‘n y las protestas: mientras mejor lo haga Brasil m ¡s peque +/-as ser ¡n las manifestaciones.
“Ella tiene mejores posibilidades si Neymar juega bien y Brasil gana”, sostuvo.
(Editado en espa +/-ol por Javier L ‘pez de L (c)rida)




