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CHICAGO – Cada día de su vida, Monserrat Morán, de 28 años, recuerda que es diferente al resto del mundo.

“Fue duro, realmente duro porque los niños se reían de mí, me hacían bullying debido a mi condición”, contó Monse -como la llama su madre- mientras contempla su pie ortopédico.

Monse nació sin antebrazos ni manos y una de sus piernas es aproximadamente un pie más corta que la otra.

“No sé el nombre de mi condición”, explicó la joven. “Los doctores le dijeron a mi madre que nací así debido a una medicina que ella tomó mientras estaba embarazada de mí”.

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Su madre, Jovita Gutiérrez, explicó que los doctores en Puebla, México, el lugar donde nació Monse, no la alertaron sobre los defectos de nacimiento de su hija y una vez que nació, no pudo obtener el cuidado médico que necesitaba debido a falta de recursos económicos.

El padre de Monse abandonó a la familia cuando ella nació.

“Cuando la vi sentí tristeza pero al mismo tiempo le pedí a Dios que me diera la fuerza necesaria para continuar hacia adelante con mi hija porque sabía que la querría a pesar de su condición”, mencionó Gutiérrez mientras miraba a Monse y le sonreía.

“Ahora, la gente mira a mi hija y dice ‘wow, cómo es posible que ella sea capaz de hacer todo eso y nosotros no podemos hacerlo incluso teniendo ambos brazos y piernas”, añadió Gutiérrez con voz orgullosa.

Aunque Monse no pudo asistir a la escuela durante su temprana infancia porque su familia no tenía los recursos económicos para llevarla a una escuela para niños con necesidades especiales, sus hermanas le enseñaron a leer y escribir mientras su madre lavaba y planchaba ajeno para poder mantenerlas.

“Mis hermanas le decían a mi madre todo el tiempo que me tratara como al resto de las personas porque el no tener manos o brazos no significaba que fuera diferente”, recordó Monse.

Y por ello, desde una temprana edad, Monse aprendió a caminar y a usar sus extremidades para cocinar, limpiar, dibujar, usar su teléfono celular y computadora a pesar de su discapacidad.

“Me decían que yo podía hacer todo lo que quisiera”, mencionó. “El tener una apariencia diferente no significa que no puedo hacerlo. Puedo hacerlo, sólo que de diferente manera al resto de la gente”.

A los 14 años, en 2001, Monse fue traída por su madre a Chicago con la esperanza de encontrarle un mejor cuidado médico, alejarla del bullying y encontrarle una mejor educación.

Una vez establecida en La Villita, acudió a la escuela primaria Kanoon donde los maestros descubrieron su talento artístico y la refirieron a Curie High School para desarrollar más sus habilidades artísticas.

“Cuando dibujo me siento más relajada y todos los problemas desaparecen”, añadió. “Mi mayor sueño es continuar con mi educación. Quiero ir a la universidad y estudiar diseño gráfico y computación porque me gusta todo lo que tiene que ver con computadoras”.

Pero debido a las dificultades financieras y su imposibilidad de caminar largas distancias sin una silla de ruedas, la cual no ha podido comprar por la misma razón, Monse dibuja hasta ocho horas diarias.

Con la ayuda de su madre, se acomoda en un pequeño escritorio de madera con un papel y una caja con un lápiz de madera, un sacapuntas y una goma de borrar.

Dibuja flores y árboles y usa lápices desgastados para reflejar el mundo que vive: dibujar, pintar y tejer.

“Lo más duro es que realmente quiero trabajar. Solicité muchos puestos de trabajo pero nunca me regresan la llamada”, contó Monse con frustración. “A veces me siento deprimida y triste porque siento que soy inútil. Lloro porque siento que no puedo hacer nada aunque sé que puedo hacerlo”.

Monse quiere obtener un empleo para ayudar económicamente a su familia, su arte y, eventualmente, ahorrar dinero para comprar una silla de ruedas para poder mejorar su movilidad.

A pesar de que está amparada bajo la Acción Diferida (DACA), para jóvenes Dreamers traídos a los Estados Unidos a temprana edad, lo que le permite tener un permiso de trabajo, no ha podido encontrar un empleo desde 2012.

“Pensé que con DACA iba a poder encontrar un trabajo pero fue básicamente lo mismo y es muy caro”, mencionó Monse.

Incluso tras haber aplicado para puestos de trabajo como recepcionista, vendedora telefónica y varios puestos en tiendas, no ha recibido llamadas para contratarla.

“Quizá no me llaman porque me ven y piensan ‘Oh, no puede hacerlo’, quizá no pueda hacerlo como lo hace la gente normal, pero puedo hacerlo de otra manera”, añadió Monse.

“Es discriminación”, considera.

A pesar de sus discapacidades, Monse dice que está segura de quién es y de las habilidades que posee.

“A pesar de mi condición, mi mayor sueño es tener un trabajo y ayudar a mi madre”, expresó.

Recaudación de fondos

El 1 de julio, más de 20 artistas locales, entre ellos Monse, presentarán una exhibición de arte en La Catrina Café, 1011 W 18th St, Chicago, inspirado por una página de

Gofundme

que Monse estableció para poder recaudar fondos para comprarse una silla de ruedas y material

de arte.

Además de exhibir y vender su arte, Monse se beneficiará de rifas y subastas durante el evento.

“Me veo como todos los más. Las miradas extrañas ya no me molestan porque sé que puedo hacer todo como cualquier otra persona”, expresó con una sonrisa.

“Le digo que siga así, que tendrá éxito porque todo es posible y no puede avergonzarse de quién es”, añadió su madre.

Puede visitar

https://www.gofundme.com/27s49j8

para saber más sobre Monse y su historia.